Entrevista a Enrique Urbizu, por Paula Ponga. Revista Fotogramas (España). Nº 1906. Agosto de 2002.
Enrique Urbizu necesitaba dar «un puñetazo en la mesa». El resultado es un duelo al sol y a contrarreloj entre un hombre honesto (Antonio Resines) y otro corrompido (José Coronado) que nos muestra, sin paños calientes, los desagües de la delincuencia en el Sur de España. El director de Todo por la pasta regresa con este film a su género favorito: el thriller.
Modesto Pardo (Antonio Resines), director de una sucursal bancaria en la Costa del Sol, además de ser víctima de un atraco, descubre por azar en unos documentos guardados en una de las cajas de seguridad -la 507-, que el incendio en que su hija (Dafne Fernández) murió años atrás fue provocado. Con su mujer (Miriam Montilla) en coma y los atracadores en fuga, decide vengarse. Entra en el mundo de corrupción de Rafael ()ose Coronado), ex jefe de policía en horas bajas: sus relaciones con la mafia, su vida y la de su novia alcohólica (Goya Toledo) dependen de esos comprometedores documentos.
Delincuencia y dinero
Adaptar la novela de Bernardo Atxaga Esos cielos, un viejo proyecto en suspenso (no es fácil encontrar financiación para una historia que hable de ETA, aunque sea de gente que deja ETA, explica el director), llevó a Urbizu a pasar una temporada en la Costa del Sol trabajando en aquel guión. Allí, en contacto con una realidad de especulación inmobiliaria, recalificaciones de terrenos, negocios subterráneos suculentos para las mafias internacionales, ajustes de cuentas sangrientos, pe-riódicos y bancos cómplices, surgió la trama de La Caja 507, que firma junto a Michel Gaztambide (Vacas). Y se lo reservó. «Quería recuperar las ganas de dirigir, no quemarme en el encargo y contar algo contundente y apegado a la realidad. Lo que pasa aparece todos los días en los periódicos.»
Cuidar al personaje
Aunque contiene acción, Urbizu ha querido primar «los dilemas éticos a los que se enfrentan los personajes: Un tipo normal (Resines, con quien hizo Todo por la pasta), que se levanta cada día a las 7 de la mañana y que encuentra por azar razones para la venganza, con boli y papel como armas, y otro (Coronado, con look endurecido por su cabeza rapada), un killer, un hombre que se ha pasado al otro lado de la ley. Cada uno se sitúa a un lado del espejo de una realidad deforme y corrompida. El choque de esos dos trenes permite hacer un recorrido doble, de subida y de bajada. Uno busca al otro, y el otro al uno, hasta que se encuentran, y por el camino se desentraña una trama que acaba muy arriba, en la sede de un banco suizo. Al final de todo siempre hay un banco. Las víctimas inocentes están en la arena de Tánger. Esos dos personajes, este paisaje y mucho recorte de prensa de todos estos años son La Caja 507 que, como todos los thrillers, tiene algo de social, de político y de denuncia.»
Familia y venganza
La minuciosa labor documental permitió a Urbizu cargar de razones al personaje de Resines, «el hombre bueno que decide que ya basta. Es una película sobre la venganza, la ira, la rabia, en la que tienen peso los lazos familiares. Es una historia con calor, sudor, cansancio, polvo, mugre. Y la épica está en las emociones. Es mi film más emocional. Y vitamínico para mí: he vuelto a redescubrir por qué hacía cine. Con Cachito me caí del limbo de los encargos, decidí que era muy difícil, y esta película me ha devuelto a los temas que me gustan, a contar cosas cercanas, que le pasan a la gente de verdad. Eso me revitaliza,» finaliza Urbizu.
