MANUEL PÉREZ (GUIONISTA Y DIRECTOR) «Alrededor del año 2000 yo comencé a preparar este proyecto, y al terminar la primera versión había material suficiente para una teleserie. Es decir, el guion estaba en la línea de ese tipo de series de cuatro capítulos con 50 minutos cada uno. A nivel de producción era imposible hacerla de esa manera. Era necesario buscar dos actores, Mauricio joven y Mauricio mayor, con una historia que empezaba en el 59. Todo eso era imposible de hacer en nuestras condiciones actuales. Puse los pies en la tierra, y empecé a renunciar a gran parte, más o menos la mitad, de la historia. Ahora el guion abarca solamente doce años en la vida de los personajes, y creo que al final este proceso fue conveniente, porque tuve que conocer más al personaje y concentrar su historia entre el año 1988 y el 2000. Pero las vivencias de Mauricio siguen siendo las mismas, aunque no se muestren en la película. ¿Esta es la historia de Manolo Pérez, de toda una generación, o de un personaje ficticio? Está vinculada sin dudas a mi generación. Es una historia narrada en primera personaje y con un protagonista absoluto, y eso es un riesgo muy alto, porque un solo personaje sostiene toda la trama. De todos modos, aparecen siete u ocho actores con papeles importantes, que acompañan al protagonista, alrededor del cual giran los demás personajes. Las fuentes de inspiración para contar lo que vive Mauricio, y lo que rodea a los demás personajes, fueron evidentemente las vivencias no solo mías, sino de mucha gente que conozco. Es un mundo distinto a las otras películas que he hecho. Más íntimo, introspectivo, con un empleo fuerte del monólogo interior y la voz en off. No sé si finalmente se llamará Páginas del diario de Mauricio, pero el estilo sí va a estar marcado por esa estructura de diario y de primera persona, de alguien que cuenta sus experiencias. ¿Qué te propusiste en última instancia con este retorno tuyo al cine de ficción, y cómo te has sentido luego de tanto tiempo alejado del set? Yo quisiera que la película expresara, transmitiera sentimientos, atmósferas sobre lo que ha sido, para un sector de la sociedad cubana, los que tenemos alrededor de los 60, todos estos últimos años. Por otra parte, yo siempre he estado dentro del cine, pero el hecho de volver a hacer un filme de ficción, después de veinte años sin hacer ninguno, ha sido reaprender en un sentido técnico y profesional. Hay cosas que uno sabe en términos teóricos, pero enfrentarme de nuevo a la dirección, ha sido una experiencia muy fuerte, y de manera particular los primeros días. Hubo ensayos previos que me ayudaron a “calentar el brazo”, pero cuando empiezas a gastar negativo, y a tomar decisiones irreversibles en el caso de las filmaciones, te das cuenta de cuán extenuante y estresante puede ser la experiencia. ¿Qué puede garantizar Manolo Pérez respecto a estas Páginas…? He confiado en los actores, y me he encontrado con intérpretes que le han aportado mucho a sus personajes, que han reacomodado las escenas de manera muy creativa, a partir de que se han sentido interesados en el guion, y han participado de una manera no puramente profesional, sino enriqueciendo y redescubriendo. Los seis actores principales han sido colaboradores. En lo visual, será una película de atmósfera dura, de poco color, buscando los grises. Pero por parte de Raúl Rodríguez y yo no ha habido una voluntad por marcar los cambios de época. A esta altura del juego, no tengo distancia ninguna de lo que estoy haciendo, confío en que será una buena película, pero de verdad, no lo puedo garantizar ni yo ni nadie». Joel del Río «Páginas privadas, recuerdos compartidos»: Juventud Rebelde (La Habana), 19 de junio, 2005, p. 12.   ROLANDO BRITO (ACTOR): «Lo que más me interesó de este proyecto fue el guion, y el personaje, que me llamó poderosamente la atención. Hay muchas cosas en común entre Mauricio y yo. La trayectoria de mi vida tiene mucho que ver con la de él. Partí de la base de que hay muchos puntos de contacto entre nosotros, y pudiera ser que estuviera sacando cosas de mis propias vivencias e intimidad, pero n me estoy interpretando a mí mismo, porque estoy “vistiendo” a Mauricio con otras cosas, aparte de lo que yo subconscientemente pueda aportarle. Lo más lindo que me ha pasado en esta película ha sido trabajar otra vez con actores que conozco, estimo y admiro como Molina, Pomares, Eguren (que fue mi maestro), y el encuentro con otros que conocía pero no del trabajo, como Larisa, descubrir a Blanca Rosa, a Solange, a Yipsia. Estoy maravillado con este elenco extraordinario, gente capaz de responder a cualquier reto, y haberme puesto a trabajar con este grupo es algo que le agradezco infinitamente a Manolo. Es imposible lograr un buen trabajo si tú no tienes delante alguien que te responsa, alguien cuya mirada te apoye y te estimule. Si esto sale bien, no será por mí, sino por la presencia de toda esta gente que escogió Manolo para que estuvieran a mi lado. El público será el que diga cuáles son los resultados finales, pero en lo personal pienso que va a ser una buena película, porque hay detrás un buen guion, respaldado por una excelente dirección. Yo me he entregado por completo al personaje, y eso me lo ha permitido la sagaz conducción de Manolo». Joel del Río «Páginas privadas, recuerdos compartidos»: Juventud Rebelde (La Habana), 19 de junio, 2005, p. 12. LARISA VEGA (ACTRIZ): «A esta película llegué por la vía más común de hacer casting. Manolo no tenía una idea muy clara de quién yo era y escogió, para probarme, la escena más difícil y mejor que tiene mi personaje, la discusión final entre ellos dos, cuando se rompe el primer matrimonio de Mauricio. A mí me asustaba un poco la relación con Manolo, imagínate, yo iba a estar delante del director de El hombre de Maisinicú, pero nos hicimos grandes amigos casi de inmediato. Lo que más me gusta de él es que escucha al actor, si tienes una sugerencia, y lo convences de que es válida, él la acepta. Nunca había tenido la oportunidad de hacer un personaje como este. Ella es una persona que transita por esta historia desde que tiene 40 años hasta los cincuenta y pico. Me veo envejecer en pantalla. Es alguien con ideas muy claras sobre la vida, una persona práctica, que está tratando de despabilar a su esposo, quien se queda atrás de alguna manera, y además es un hombre a quien le cuesta mucho adaptarse a los cambios. (…) Es la primera vez en mi vida que me toca un personaje así, con estas edades y madurez. Siempre me han llamado para hacer la damita joven y graciosa. Ahora estoy haciendo una mujer normal, común, una doctora, alguien firme, capaz de fajarse por su matrimonio, que puede lucir bien o no, pero la apariencia no es lo importante en ella. En verdad, tiene poco que ver conmigo, soy más bien soñadora y no tengo demasiado espíritu práctico, pero creo que todos los personajes que hace un actor o una actriz tienen algo que ver con su personalidad, y si no puedes hay que buscárselo, para tener en qué apoyarse. Tal vez pueda decirse que esta es una historia de amor, porque el protagonista tiene una primera relación, muy difícil, con mi personaje, y luego con la segunda esposa (que hace Blanca Rosa Blanco) tiene otro tipo de relación. Pero sí, yo creo que de alguna manera estamos haciendo una historia de amor y desamor». Joel del Río «Páginas privadas, recuerdos compartidos»: Juventud Rebelde (La Habana), 19 de junio, 2005, p. 12.   BLANCA ROSA BLANCO (ACTRIZ): «Es de esos proyectos increíbles que uno nunca espera. En principio el cine es algo tan lejano… un lujo. Había tenido otras pequeñas ofertas, pero jamás un personaje como Mirtha, con la solidez de pensamiento de toda una generación. Me parece que muchas mujeres se verán reflejadas en ella». José Luis Estrada Betancourt «Una película a pulso»: Juventud Rebelde (La Habana), viernes 23 de junio, 2006, p. 5.   ENRIQUE MOLINA (ACTOR): «Cuando leí el guion quedé fascinado. Esta era otra guerra: sentimental, espiritual, de conceptos, de principios. (…) Páginas… es una película necesaria, sincera, dura. Y no es para que la veamos y salgamos destruidos, sino para procesarla; no para llorar y lamentarnos sino para reflexionar». José Luis Estrada Betancourt «Una película a pulso»: Juventud Rebelde (La Habana), viernes 23 de junio, 2006, p. 5.   MANUEL PÉREZ (GUIONISTA Y DIRECTOR) «La segunda hora de Esteban Zayas no me dejó satisfecho. Quedó por debajo de mis expectativas y me costaba emprender este camino que es de mucho más envergadura. Cuando regresara tenía que pensarlo bien. Luego vino el período especial y tampoco existía otro proyecto. Si me iba a lanzar quería que fuera con algo bien importante, al menos para mí. En la década de 1990, que cambió no solo a Cuba, sino al mundo, empecé a pensar en un personaje con las características de Mauricio. Hice bocetos, escribí situaciones, pero nunca llegué a terminar el argumento, hasta el 2000, a raíz de las Olimpiadas, en que la derrota en el béisbol frente a Estados Unidos y la sonada victoria de las cubanas frente a las rusas en el voleibol, tuvo una gran repercusión social. Ese hecho me conectó nuevamente con él y me puse a trabajar intensamente. En un primer momento, el argumento recorría desde el triunfo de la Revolución hasta el 2000, pero eso era imposible rodarlo. Conclusión, que me fui quedando con la historia del 88 al 2000. ¿Es que tenía un interés especial en ese momento? Por supuesto que los acontecimientos de ese entonces fueron los que más me impactaron. El Mauricio del 59 al 70 es otro, pero el que viene detrás está viviendo momentos muy convulsos, y no tenía sentido contar hoy la historia anterior. Esta es una película intimista, de pocos personajes, que descansa, sobre todo, en los actores. ¿No teme que la película no se conecte con el gran público? Mira, cuando haces una película como esta que está muy ligada a tu experiencia generacional, tu relación con ella es otra. Aquí estás hablando de acontecimientos que te están afectando, y en esos casos no piensas tanto en el público, sino que deseas expresar algo. Después, en la medida en que la película tenga que ver con la vida de la gente, les gustará o no. Yo le tenía miedo a la longitud, a que era una película muy hablada, pero si consigues que lo que se dice sea interesante y que los actores convenzan como seres humanos, no hay mucho que temer. Esta no es una película con elementos de acción, ni espectáculo, aunque tiene una estructura sólida. En ese sentido, es una película a pulso. Y eso es riesgoso. De todas maneras la reacción de la gente la comprobaré ahora. Tengo la sensación de que se puede conectar con aquellos mayores de 35 años. ¿Qué va a pasar con el resto? No lo sé. Para mí es una incógnita qué le va a decir Mauricio, porque son hijos de otro tiempo, de otras circunstancias; sus valores, sus medidas de las cosas son diferentes a los míos. Vemos la realidad con espejuelos de graduaciones distintas. Claro, al crear a Lucía, a Tatiana, estoy tratando de meterme en la piel de esa generación. Me encantaría que Páginas… también se comunicara con los más jóvenes. (…) Tengo la impresión que conseguí con esta, cosas que no logré en La segunda hora de Esteban Zayas. Por demás, hice mi primera película a los 33 años, y esta a los 66. Espero que si se me ocurre otra historia no sea con 99, porque es muy probable que ya no exista, y si estoy no tendré la misma salud física y psíquica. En fin, me siento satisfecho, independientemente de todo lo que se pueda señalar. No estamos hablando de perfección ni mucho menos, pero estoy contento». José Luis Estrada Betancourt «Una película a pulso»: Juventud Rebelde (La Habana), viernes 23 de junio, 2006, p. 5.   Visualizaciones: 913

MANUEL PÉREZ (GUIONISTA Y DIRECTOR)

«Alrededor del año 2000 yo comencé a preparar este proyecto, y al terminar la primera versión había material suficiente para una teleserie. Es decir, el guion estaba en la línea de ese tipo de series de cuatro capítulos con 50 minutos cada uno. A nivel de producción era imposible hacerla de esa manera.

Era necesario buscar dos actores, Mauricio joven y Mauricio mayor, con una historia que empezaba en el 59. Todo eso era imposible de hacer en nuestras condiciones actuales. Puse los pies en la tierra, y empecé a renunciar a gran parte, más o menos la mitad, de la historia. Ahora el guion abarca solamente doce años en la vida de los personajes, y creo que al final este proceso fue conveniente, porque tuve que conocer más al personaje y concentrar su historia entre el año 1988 y el 2000. Pero las vivencias de Mauricio siguen siendo las mismas, aunque no se muestren en la película.

¿Esta es la historia de Manolo Pérez, de toda una generación, o de un personaje ficticio?

Está vinculada sin dudas a mi generación. Es una historia narrada en primera personaje y con un protagonista absoluto, y eso es un riesgo muy alto, porque un solo personaje sostiene toda la trama. De todos modos, aparecen siete u ocho actores con papeles importantes, que acompañan al protagonista, alrededor del cual giran los demás personajes.

Las fuentes de inspiración para contar lo que vive Mauricio, y lo que rodea a los demás personajes, fueron evidentemente las vivencias no solo mías, sino de mucha gente que conozco. Es un mundo distinto a las otras películas que he hecho. Más íntimo, introspectivo, con un empleo fuerte del monólogo interior y la voz en off. No sé si finalmente se llamará Páginas del diario de Mauricio, pero el estilo sí va a estar marcado por esa estructura de diario y de primera persona, de alguien que cuenta sus experiencias.

¿Qué te propusiste en última instancia con este retorno tuyo al cine de ficción, y cómo te has sentido luego de tanto tiempo alejado del set?

Yo quisiera que la película expresara, transmitiera sentimientos, atmósferas sobre lo que ha sido, para un sector de la sociedad cubana, los que tenemos alrededor de los 60, todos estos últimos años. Por otra parte, yo siempre he estado dentro del cine, pero el hecho de volver a hacer un filme de ficción, después de veinte años sin hacer ninguno, ha sido reaprender en un sentido técnico y profesional.

Hay cosas que uno sabe en términos teóricos, pero enfrentarme de nuevo a la dirección, ha sido una experiencia muy fuerte, y de manera particular los primeros días. Hubo ensayos previos que me ayudaron a “calentar el brazo”, pero cuando empiezas a gastar negativo, y a tomar decisiones irreversibles en el caso de las filmaciones, te das cuenta de cuán extenuante y estresante puede ser la experiencia.

¿Qué puede garantizar Manolo Pérez respecto a estas Páginas…?

He confiado en los actores, y me he encontrado con intérpretes que le han aportado mucho a sus personajes, que han reacomodado las escenas de manera muy creativa, a partir de que se han sentido interesados en el guion, y han participado de una manera no puramente profesional, sino enriqueciendo y redescubriendo. Los seis actores principales han sido colaboradores. En lo visual, será una película de atmósfera dura, de poco color, buscando los grises. Pero por parte de Raúl Rodríguez y yo no ha habido una voluntad por marcar los cambios de época. A esta altura del juego, no tengo distancia ninguna de lo que estoy haciendo, confío en que será una buena película, pero de verdad, no lo puedo garantizar ni yo ni nadie».

Joel del Río

«Páginas privadas, recuerdos compartidos»: Juventud Rebelde (La Habana),

19 de junio, 2005, p. 12.

 

ROLANDO BRITO (ACTOR):

«Lo que más me interesó de este proyecto fue el guion, y el personaje, que me llamó poderosamente la atención. Hay muchas cosas en común entre Mauricio y yo. La trayectoria de mi vida tiene mucho que ver con la de él. Partí de la base de que hay muchos puntos de contacto entre nosotros, y pudiera ser que estuviera sacando cosas de mis propias vivencias e intimidad, pero n me estoy interpretando a mí mismo, porque estoy “vistiendo” a Mauricio con otras cosas, aparte de lo que yo subconscientemente pueda aportarle.

Lo más lindo que me ha pasado en esta película ha sido trabajar otra vez con actores que conozco, estimo y admiro como Molina, Pomares, Eguren (que fue mi maestro), y el encuentro con otros que conocía pero no del trabajo, como Larisa, descubrir a Blanca Rosa, a Solange, a Yipsia. Estoy maravillado con este elenco extraordinario, gente capaz de responder a cualquier reto, y haberme puesto a trabajar con este grupo es algo que le agradezco infinitamente a Manolo. Es imposible lograr un buen trabajo si tú no tienes delante alguien que te responsa, alguien cuya mirada te apoye y te estimule. Si esto sale bien, no será por mí, sino por la presencia de toda esta gente que escogió Manolo para que estuvieran a mi lado.

El público será el que diga cuáles son los resultados finales, pero en lo personal pienso que va a ser una buena película, porque hay detrás un buen guion, respaldado por una excelente dirección. Yo me he entregado por completo al personaje, y eso me lo ha permitido la sagaz conducción de Manolo».

Joel del Río

«Páginas privadas, recuerdos compartidos»: Juventud Rebelde (La Habana),

19 de junio, 2005, p. 12.

LARISA VEGA (ACTRIZ):

«A esta película llegué por la vía más común de hacer casting. Manolo no tenía una idea muy clara de quién yo era y escogió, para probarme, la escena más difícil y mejor que tiene mi personaje, la discusión final entre ellos dos, cuando se rompe el primer matrimonio de Mauricio. A mí me asustaba un poco la relación con Manolo, imagínate, yo iba a estar delante del director de El hombre de Maisinicú, pero nos hicimos grandes amigos casi de inmediato. Lo que más me gusta de él es que escucha al actor, si tienes una sugerencia, y lo convences de que es válida, él la acepta.

Nunca había tenido la oportunidad de hacer un personaje como este. Ella es una persona que transita por esta historia desde que tiene 40 años hasta los cincuenta y pico. Me veo envejecer en pantalla. Es alguien con ideas muy claras sobre la vida, una persona práctica, que está tratando de despabilar a su esposo, quien se queda atrás de alguna manera, y además es un hombre a quien le cuesta mucho adaptarse a los cambios. (…) Es la primera vez en mi vida que me toca un personaje así, con estas edades y madurez. Siempre me han llamado para hacer la damita joven y graciosa. Ahora estoy haciendo una mujer normal, común, una doctora, alguien firme, capaz de fajarse por su matrimonio, que puede lucir bien o no, pero la apariencia no es lo importante en ella. En verdad, tiene poco que ver conmigo, soy más bien soñadora y no tengo demasiado espíritu práctico, pero creo que todos los personajes que hace un actor o una actriz tienen algo que ver con su personalidad, y si no puedes hay que buscárselo, para tener en qué apoyarse.

Tal vez pueda decirse que esta es una historia de amor, porque el protagonista tiene una primera relación, muy difícil, con mi personaje, y luego con la segunda esposa (que hace Blanca Rosa Blanco) tiene otro tipo de relación. Pero sí, yo creo que de alguna manera estamos haciendo una historia de amor y desamor».

Joel del Río

«Páginas privadas, recuerdos compartidos»: Juventud Rebelde (La Habana),

19 de junio, 2005, p. 12.

 

BLANCA ROSA BLANCO (ACTRIZ):

«Es de esos proyectos increíbles que uno nunca espera. En principio el cine es algo tan lejano… un lujo. Había tenido otras pequeñas ofertas, pero jamás un personaje como Mirtha, con la solidez de pensamiento de toda una generación. Me parece que muchas mujeres se verán reflejadas en ella».

José Luis Estrada Betancourt

«Una película a pulso»: Juventud Rebelde (La Habana), viernes 23 de junio, 2006, p. 5.

 

ENRIQUE MOLINA (ACTOR):

«Cuando leí el guion quedé fascinado. Esta era otra guerra: sentimental, espiritual, de conceptos, de principios. (…) Páginas… es una película necesaria, sincera, dura. Y no es para que la veamos y salgamos destruidos, sino para procesarla; no para llorar y lamentarnos sino para reflexionar».

José Luis Estrada Betancourt

«Una película a pulso»: Juventud Rebelde (La Habana), viernes 23 de junio, 2006, p. 5.

 

MANUEL PÉREZ (GUIONISTA Y DIRECTOR)

«La segunda hora de Esteban Zayas no me dejó satisfecho. Quedó por debajo de mis expectativas y me costaba emprender este camino que es de mucho más envergadura. Cuando regresara tenía que pensarlo bien. Luego vino el período especial y tampoco existía otro proyecto. Si me iba a lanzar quería que fuera con algo bien importante, al menos para mí.

En la década de 1990, que cambió no solo a Cuba, sino al mundo, empecé a pensar en un personaje con las características de Mauricio. Hice bocetos, escribí situaciones, pero nunca llegué a terminar el argumento, hasta el 2000, a raíz de las Olimpiadas, en que la derrota en el béisbol frente a Estados Unidos y la sonada victoria de las cubanas frente a las rusas en el voleibol, tuvo una gran repercusión social. Ese hecho me conectó nuevamente con él y me puse a trabajar intensamente. En un primer momento, el argumento recorría desde el triunfo de la Revolución hasta el 2000, pero eso era imposible rodarlo. Conclusión, que me fui quedando con la historia del 88 al 2000.

¿Es que tenía un interés especial en ese momento?

Por supuesto que los acontecimientos de ese entonces fueron los que más me impactaron. El Mauricio del 59 al 70 es otro, pero el que viene detrás está viviendo momentos muy convulsos, y no tenía sentido contar hoy la historia anterior.

Esta es una película intimista, de pocos personajes, que descansa, sobre todo, en los actores. ¿No teme que la película no se conecte con el gran público?

Mira, cuando haces una película como esta que está muy ligada a tu experiencia generacional, tu relación con ella es otra. Aquí estás hablando de acontecimientos que te están afectando, y en esos casos no piensas tanto en el público, sino que deseas expresar algo. Después, en la medida en que la película tenga que ver con la vida de la gente, les gustará o no. Yo le tenía miedo a la longitud, a que era una película muy hablada, pero si consigues que lo que se dice sea interesante y que los actores convenzan como seres humanos, no hay mucho que temer. Esta no es una película con elementos de acción, ni espectáculo, aunque tiene una estructura sólida. En ese sentido, es una película a pulso. Y eso es riesgoso. De todas maneras la reacción de la gente la comprobaré ahora. Tengo la sensación de que se puede conectar con aquellos mayores de 35 años.

¿Qué va a pasar con el resto? No lo sé. Para mí es una incógnita qué le va a decir Mauricio, porque son hijos de otro tiempo, de otras circunstancias; sus valores, sus medidas de las cosas son diferentes a los míos. Vemos la realidad con espejuelos de graduaciones distintas. Claro, al crear a Lucía, a Tatiana, estoy tratando de meterme en la piel de esa generación. Me encantaría que Páginas… también se comunicara con los más jóvenes. (…)

Tengo la impresión que conseguí con esta, cosas que no logré en La segunda hora de Esteban Zayas. Por demás, hice mi primera película a los 33 años, y esta a los 66. Espero que si se me ocurre otra historia no sea con 99, porque es muy probable que ya no exista, y si estoy no tendré la misma salud física y psíquica. En fin, me siento satisfecho, independientemente de todo lo que se pueda señalar. No estamos hablando de perfección ni mucho menos, pero estoy contento».

José Luis Estrada Betancourt

«Una película a pulso»: Juventud Rebelde (La Habana), viernes 23 de junio, 2006, p. 5.

 

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