Artículo sobre Memoria de un escrito perdido, por Alejandra Ciriza.

«Siempre me encontré con la política cuando más preocupada estaba por darle un sentido a mi vida, o cuanto más sola estaba»

Graciela Lo Prete

El documental realizado por Cristina Raschia relata, a la manera de un collage complejo y polifónico, los avatares atravesados por un manuscrito escrito por Graciela Lo Prete, Memorias de una presa política.

En busca de ese escrito, la propia Cristina, y otras mujeres: Graciela Dillet, María Dal Dosso, Cristina Pinal, Silvia Gabaraín y Alba Tello, que se incorpora sobre el final del documental, van armando una suerte de urdimbre de memoria acerca de la historia reciente de la Argentina, una compleja red de hilos que articula lo personal a lo político, las trayectorias de vida, las marcas corporales, la subjetividad y los procesos políticos y sociales.

El documental transita los nudos del tiempo entre pasado y presente, entre el pasado febril de la militancia, el tiempo rasgado por la crueldad de la cárcel y el tiempo presente desde el cual se vuelve hacia el pasado; liga lo personal a lo político dotando de densidad testimonial y subjetiva la historia política de la Argentina; se enuncia como palabras de mujeres, como decires, rememoraciones, experiencias, anudadas a partir de los vínculos entre mujeres, esos que hicieron posible la supervivencia en la cárcel, esos que continuaron y continúan entre quienes viven como un hilo de afecto y memoria.

Los testimonios, enhebrados a la manera de un ir y venir entre tiempos, anudados entre lo singular y lo colectivo, devuelven al presente el tiempo de la militancia en los años 70, cuando una generación de militantes políticas y sociales vivía en carne propia la posibilidad de transformación de la sociedad, y el período de prisión en un espacio sólo habitado por mujeres, la Cárcel de Villa Devoto, una suerte de gigantesco gineceo.

El brutal proceso represivo iniciado en Argentina hacia fines del 74, con la declaración del Estado de sitio, luego profundizado por el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, dio lugar a una profunda traumatización.

El terrorismo de Estado, la persecución y el exterminio de militantes, la detención-desaparición de 30.000 personas, el encarcelamiento de unas 10.000, la apropiación de unos 500 niños y niñas nacidos en cautiverio, o arrancados de sus familias, la expulsión de 2.000.000 de exiliados y exiliadas y el sometimiento por violencia y amenaza de otras miles de personas condenadas al insilio a la pérdida de horizontes y al aislamiento; a lo que se sumó la destrucción del aparato productivo, que arrojó a miles de personas a la desocupación y la miseria, generó una suerte de umbral de silencio, una especie de turbia y penosa envoltura que dificultó durante mucho tiempo la transmisión de lo acontecido.

Un velo opaco y homogeneizador envolvió aquellas experiencias pasadas. La honda herida personal y social dejó, por así decir, tierra arrasada. Quienes (por decirlo a la manera de Walsh) son los dueños de todas las cosas, buscaron transmitir su versión acerca del pasado para que ni en el presente ni el futuro floreciera esperanza alguna.

De lo sucedido quedó la evidencia del horror, el mandato de olvido y de silencio.

No habría palabras, y menos aún palabras de mujeres.

Y sin embargo las hay.

Este documental, como un juego de cajas chinas abre a la escucha de testimonios múltiples: el de Graciela Lo Prete, el de sus compañeras de prisión. Palabras que anudan la experiencia personal a la historia colectiva, que ponen en escena los cuerpos de las mujeres, que hacen visible un lazo a menudo desapercibido, que se tejió en la prisión, cuando nada parecía posible, que dio lugar a esa suerte de suelo materno que las abrigó y alimentó en el “rincón esquizofrénico”, que las protegió haciendo posible la supervivencia, estableciendo entre ellas una continuidad incluso corporal que permitió la resistencia y aun la risa en condiciones adversas.

Del encuentro azaroso con el manuscrito perdido nace la voluntad personal y política de hacer pública la palabra rememorante y densa de Graciela Lo Prete, de los lazos entre esas mujeres es posible aprender que, incluso cuando no sea posible borrar la turbulencia del pasado, la dureza de la experiencia carcelaria, ella atesoró también las posibilidades de la resistencia compartida, que se actualiza en el coro de la rememoración que emerge entre risas y lágrimas en el presente.

La memoria del pasado no sólo se transmite a través de relatos eruditos, de historia rigurosa, del duro y a la vez necesario escenario de los Juicios por Delitos de Lesa Humanidad, se transmite en la risa leve y la palabra conmovida del testimonio que muestra, en la diversidad de las experiencias encarnadas, que es posible, aún tras el terror y el suicidio de los nuestros, de las nuestras, continuar con decisión la vida.

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