Entrevista a Javier Corcuera y Fernando León, director y guionista de La espalda del mundo, por Gregorio Belinchón. Publicada en el suplemento Tentaciones del diario El País (España), el 6 de octubre 2000
Un niño que pica piedras en Carabayllo, a las afueras de Lima; un refugiado kurdo que espera en Estocolmo la llegada de sus hijos mientras su esposa enferma está hacinada en una cárcel turca; y un chicano que viaja con su hija a visitar a su nieto, a la espera de su ejecución en el corredor de la muerte de una prisión tejana, mientras su compañero de celda muestra ante las cámaras la dignidad del ser humano. Guinder Rodríguez, Mehdi Zana y Miguel Flores no se conocen, pero sus historias se entrelazan en la mente del espectador en La espalda del mundo, un duro documental que huyendo de la lágrima fácil acaba por desgarrar al público más baqueteado.
“El niño”, “La palabra” y “La vida”, nombres de los tres episodios del primer largometraje de Javier Corcuera (Lima, Perú, 1967), nacieron de un primer esbozo: la conmemoración del 50 aniversario de los Derechos del Hombre. Corcuera y los otros dos guionistas, dos pesos pesados, como Fernando León y Elías Querejeta, pronto descubrieron que estos tres ejemplos, el de unos niños sin educación, ni sanidad ni casa digna, el de la falta de libertad de los habitantes del Kurdistán y el de los prisioneros sin derecho a la vida, ofrecían un vistazo general de la condición humana. León y Corcuera son claros: “En realidad los tres derechos son uno, y algunos de nuestros protagonistas hablan de esa relación.”
EL NIÑO
Javier Corcuera recuerda lo complejo del trabajo de documentación. “Han sido casi tres años, rodajes en Tejas, desde México a Tejas acompañando en el viaje en coche que realiza Tomás Rangel para ver a su nieto, en Estocolmo, en el Kurdistán y en los arrabales de Lima (Perú).” Con éste comienza La espalda del mundo. Guinder tiene 11 años y es picapedrero, como su padre y la mayor parte de sus amigos. Por supuesto no es un caso único: en esta parte vemos como dos niños leen en alto varios periódicos en un autobús para ganarse la vida. Corcuera señala que eso es habitual: “En el transporte público los niños son payasos, músicos, lectores. Lo que sea con tal de ganar dinero.” Aún así, los críos no pierden su naturalidad delante de la cámara, y en algunos momentos apuntan señales de una infancia perdida, como un partido de fútbol en mitad de la cantera.
LA PALABRA
León recuerda como huyeron desde el principio del tópico. “Parecía muy natural buscar a un represaliado por la falta de libertad de expresión en las cárceles. Ganó la opción de hablar sobre un exiliado, con lo que huíamos del corredor y mostrábamos otro tipo de encierro, aparentemente más suave, pero que destroza por su nostalgia.” Y surgió Mehdi Zana, antiguo alcalde de Diyarbarkir, en el Kurdistán turco, que ha pasó 16 años encarcelado y que espera en Estocolmo alguna noticia de su esposa, Leyla, la primera mujer kurda que llegó al Congreso de los Diputados de Turquía. ´
Tras arrasar en las elecciones, Leyla juró su cargo con una diadema con los colores del Kurdistán y usando el kurdo para recalcar la hermandad entre su pueblo y el turco. Resultado: ya lleva seis años en prisión. Corcuera encontró esa historia al visitar la zona hace dos años y conoció la fama de Leyla, a la que no pudieron entrevistar. Su drama le arrastró.
Además comenta León, “son dos mundos, Estocolmo y el Kurdistán, muy diferentes hasta en su imagen. Un equipo rodó de forma muy complicada en el Kurdistán, con miedo a las represalias con los testigos que colaboraban”. Como dice León, “Tú te vas, pero ellos quedan allí”.
LA VIDA
“Este capítulo quería ahondar en el dolor no a través del condenado, sino de su familia y el de las asociaciones de familiares de ejecutados”. León recuerda la factoría de matar que ha creado el Estado de Texas: “En un testimonio que no aparece en el filme, el capitán responsable del corredor de la muerte nos dijo que estaba preocupado por la cantidad de ejecuciones que tenían ese mes. Sin embargo, sonriendo, concluyó: Pero lo conseguiremos, somos los número uno”. Era aterrador, Corcuera y León han utilizado numerosísimos testimonios en este capítulo. De todos ellos, tres destacan por su rotundidad: el del padre de una chica fallecida en el atentado de Oklahoma y que explica por qué está en contra de la pena de muerte a pesar de su desgracia, el del capellán de la prisión, que sin embargo no cuestiona desde su fe tamaña barbaridad, y el de Thomas Miller, compañero de celda de Miguel Flores, que habla desde una cierta esperanza de su situación. León rememora: “Sólo tuvimos con él 45 minutos de entrevista y es increíble”. “La situación no va a cambiar”, según Corcuera. “Estuvimos con gente, periodistas, policías, que eran tan malvados desde su convicción que tuvimos que retirarlos del montaje porque eran casi grotescos.”
LA ESPERANZA
Para Fernando León, “el resultado habla sobre la esperanza”. Ninguno de los protagonistas ha claudicado en su lucha. Siguen en contacto con sus personajes, y de ellos mismos proviene la sombra de la desesperación: el próximo 9 de noviembre, si el gobernador George W. Bush no lo impide, Miguel Flores será ejecutado.
