Entrevista a Javier Corcuera y Fernando León, director y guionista de La espalda del mundo, por Gema Pajares. Publicada en La Razón, el 9 de octubre del 2000

Viven en Lima, Estocolmo y Texas. Guinder Rodríguez, Mehdi Zana y Miguel Flores no se han visto nunca, pero se topan en la pantalla. Están condenados a la vida, pero la palabra derrota no existe para ellos. «La espalda del mundo», primer largo de Javier Corcuera, lleva el sello de Fernando León, su guionista, en la que hablan un niño, un exiliado y un condenado a muerte. La cinta viene avalada por el Premio de la Crítica Internacional en San Sebastián.

Fernando León dice que siempre tuvo fe en la película, desde el primer visionado: «Me di cuenta de que habíamos hecho algo que merecía la pena. Está muy bien dirigida y montada». La base de la película era una idea embrionaria de Elías Querejeta, productor y también guionista de la cinta, para conmemorar el 50 aniversario de la Declaración de Derechos Humanos: «Viajamos a París, hablamos con asociaciones y fuimos dejando el lado oficial de la celebración. Teníamos cinco historias y decidimos centrarnos en tres siguiendo una progresión lógica: los derechos de la infancia, el derecho a la libertad de expresión y a la vida». Se rodó en Carabayllo, Estocolmo, el Kurdistán y Texas «con luces muy diferentes, con gentes muy distintas». Cuenta León de Aranoa que hubo momentos complicados, sobre todo, en la historia sobre la pena de muerte, «porque trabajamos mucho con los familiares y hurgamos en una herida abierta de par en par. Era francamente difícil entrar sin hacer daño. Cuando todo acaba, te marchas a casa, pero ellos siguen ahí».

Conocieron a los familiares de Flores, condenado a muerte en Texas, quienes desempolvaron fotos que casi nadie recordaba. «El día que llegamos para la entrevista estaba nervioso porque ejecutaban a un compañero. Pedía disculpas. Y grabamos la media hora más increíble que recuerdo».

Piedra por siempre    

El niño peruano de 8 años, Guinder Rodríguez, está condenado a picar piedra en Carabayllo como su padre y su abuelo. Ha madurado de golpe, «pero conserva esa inocencia y abre los ojos cuando juega un partido de fútbol con sus amigos, que también pican y venden piedra». Habla con cariño de Zana. Fue alcalde en Diyarbakir, antiguo Kurdistán turco. Ha sufrido años de cárcel, y también su esposa, la primera mujer kurda que llegó al Congreso en Turquía: «Sorprende la fuerza que tienen todos. Ellos sí son los importantes. Nosotros, para nada», afirma León. El documental no cae en sensiblerías, «no hacía falta, porque las historias ya eran lo suficientemente duras y no admitían adornos. Sólo dejamos hablar, sin músicas. Queremos que consiga tocar a la gente, de ahí que no sea un documental al uso, porque lo construimos con las herramientas de la ficción, pero tomando materiales de la realidad». Insiste en que a pesar de que las situaciones son límite, «estos hombres y estas mujeres son luchadores. No están vencidos, ni siquiera el que tiene fecha de ejecución (9 de noviembre). Sólo piden que se les mire con dignidad, jamás con conmiseración». Alguna vez se desanimaron: «Te das cuenta de que no puedes hacer nada. En Texas, la cárcel asfixiaba. Éramos bichos raros. Lo que más sorprendía es la normalidad con la que vivían la muerte el alcaide y el capellán».

Pero el director de cine no se ha parado. Le da vueltas a un primer guión sobre el desempleo, «una película de personajes, pero tengo que leerlo despacio porque lo acabo de terminar hace nada».

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