Reportaje sobre Solas, por Javier Ocaña. Revista Cinemanía (España). Nº 43. Abril de 1999.

Nada que ver con los dramas ambientados en los palacios de la Inglaterra victoriana. Ni con Helena Bonham Carter embutida en sus corsés y sus trajes de época. La protagonista de Solas es Ana Fernández y va vestida con una bata azul de limpiadora o, como mucho, con unos vaqueros viejos. Esta mujer de treintaitantos vive en una habitación sin vistas a la campiña ni al mar; una habitación que emana resentimiento, soledad, tristeza, abatimiento y pesadumbre. Y esta mujer también posee una existencia sin vistas a la campiña ni al mar; una existencia que emana humedad por sus cuatro esquinas.

Ana Fernández es María, la protagonista de Solas, la primera película de Benito Zambrano y la última demostración de que no hacen falta enormes presupuestos ni actores de éxito para hacer una gran película. Lo que es necesario son historias de verdad y buenos actores, un poco de paciencia, algo más de valentía y un mucho de talento. El porcentaje de paciencia lo ha puesto Zambrano correteando de un lado a otro durante seis años con su guión bajo el brazo. El de talento lo vuelve a aportar Zambrano junto a un magnífico equipo de técnicos y actores. Y el de valentía es cosa de Antonio Pérez, el productor que, finalmente, se atrevió a financiar la película.

Sevilla, 1999. Una mujer de pueblo, de campo, está al lado de su marido en un hospital. Permanece junto a él, como siempre en su vida. En la capital andaluza se encuentra con su hija, María, que un buen día decidió poner tierra de por medio y abandonar el pueblo para huir de un triste pasado en busca de un incierto futuro. Madre e hija están obligadas a convivir durante unos días en casa de la segunda, mientras el padre recupera la salud. La salud y las fuerzas para poder gritar e insultar, para poder utilizar el brazo contra su mujer y contra cualquiera que le rodee. Como ha hecho toda la vida sin que nadie se haya atrevido a dar un giro a esa maldita fuerza de la costumbre. Durante este tiempo madre e hija entablan otra relación con un anciano vecino que vive en compañía de su perro. Éste es el punto de partida de Solas, que se desarrolla en Carmona y Sevilla, pero que bien podría haberse hecho en Soria, Barcelona, Berlín, Pontevedra o Wisconsin. Una lamentable historia universal. Un filme que Zambrano quiere dedicar a su madre, a todas las madres.

Perder dinero, ganar arte

«La película se está haciendo gracias al esfuerzo de todo el equipo. No es un proyecto pensado para ganar dinero, sino para demostrar que en Andalucía también hay gente con mucho talento que puede hacer buen cine». Eran palabras de Antonio Pérez, el productor, en noviembre del año pasado, justo a mitad de rodaje. Todavía no sabía que estaba financiando la película española mejor valorada de los primeros meses de 1999; que iba a hacerse con el premio del público de la sección Panorama del prestigioso Festival de Berlín y con un cargamento de críticas positivas de los especialistas más prestigiosos del país; que, en el estreno, el público iba a ovacionarla durante más de cinco minutos (con ligeras pausas en las palmas para enjugar las lágrimas con los sufridos kleenex); que todo esto le iba a servir de autopromoción para poder estrenar antes de lo esperado y en mejores salas. Si todo esto les va a ayudar para ganar dinero aún está por ver. Pero lo cierto es que en sus primeros 10 días de exhibición la cinta ha recaudado 28 millones de pesetas, con sólo 32 copias en exhibición (por ejemplo, Muertos de risa tiene 188 copias en circulación). Ello la convierte en la 12° película en el ranking de recaudación sera nal y 7° en cuanto a espectadores por sala.

Antonio Pérez, arriesgado responsable de Maestranza Films, comenzó su carrera como productor con Belmonte, fracaso de crítica y público del que se vengó con su dee siguientes trabajos: la coproducción hispano francesa Limpieza en seco (que obtuvo un premio en el Festival de Venecia) y la ganadora del Festival de San Sebastián 1998, El viento se llevó lo que, de Alejandro Agresti. Por su parte, Benito Zambrano decidió pedir una excedencia de Canal Sur Televisión para marcharse a Cuba un par de años. En la Escuela de Cine de La Habana parió la versión definitiva del guión de Solas (y otro más que tiene guardado en el zurrón: una comedia musical llamada Habana Blues) y comenzó a buscar financiación.

Para los papeles principales se pensó en actores conocidos (María Barranco rechazó el de la hija porque se encontraba comprometida con la serie Ellas son así, algo que probablemente le esté rondando en la cabeza después de lo que ha pasado). Pero finalmente tres actores sin nombre se hicieron con los papeles. La que más experiencia tiene es María Galiana (la madre), catedrática de Historia del Arte que siempre compaginó las clases con sus interpretaciones, casi, siempre de secundaria, en películas de García Sánchez, Cuerda, Aranda, Armiñán… El papel del vecino fue para Carlos Álvarez-Novoa, un actor de teatro de toda la vida que transmite conocimientos como profesor de Dramaturgia en el Centro Andaluz de Teatro (CAT), pero que desconocía el cine. Y el de la hija, tras una criba de 16 aspirantes, fue para la semidebutante en cine Ana Fernández, famosa en los ochenta por ser la chica del tiempo de Canal Sur.

Al que vea Solas (o al que la haya visto ya) le será imposible separar a este trío de personajes de los rostros de sus actores. A esa María machacada por las injusticias, el whisky segoviano de medio pelo y la mala suerte. Por la vida. Ni a ese vecino de acento asturiano y exquisita madurez. Ni a esa madre coraje en la que siempre hay hueco para una sonrisa. Nadie lo hubiese hecho mejor. Dice Benito Zambrano que le gusta el cine británico que se ha estado haciendo en la presente década: Loach, Leigh, Frears… Se le nota. Pero también queda claro que ha visto mucho más cine y lo ha asimilado con clase. Como la secuencia en la que se resuelve la vida de uno de los personajes, al amanecer, con ecos del cierre de El padrino.

Lluvia de ofertas

«Mi guión no interesaba a nadie. Todos me daban calabazas», recuerda Zambrano. Ahora los agobios se ha tornado en esperanzas. Pérez ya tenía un acuerdo con el director para una segunda obra. En una comida, y en presencia de dos periodistas de CINEMANÍA, Pedro Almodóvar proclamó sus intenciones de contactar con Zambrano para posibles proyectos futuros. Y la misma noche del estreno, Ana Fernández, aún sin representante, comenzó a recibir ofertas de destacados miembros del gremio de la representación actoral.

Una historia, una magnífica historia les ha cambiado la vida. Zambrano, nacido en el pueblo sevillano de Lebrija hace 33 años, va de avión en avión, de rueda de prensa en rueda de prensa, promocionando por toda España la película. No le han hecho falta grandes presupuestos para conseguirlo. Sólo un rodaje de cuatro semanas con poco más de 100 millones de presupuesto. Un tiempo que Ana Fernández califica de «duro y tenso, como tienen que ser los rodajes. Eso de que es necesario que no haya problemas ni peleas para hacer una película no es verdad. De la tensión y el trabajo salen grandes cosas». Ella, que ha tenido que luchar durante 17 años para conseguir el éxito, lo sabe bien.

«Solas no es una película autobiográfica pero sí vivencial», ha dicho Benito. Nacer y crecer en un pueblo marca para siempre. Ver cada día a esas abnegadas mujeres que sólo piensan en su familia y en tener el plato caliente de sus maridos a la hora prevista encima de la mesa camilla. Observar a esas personas de mirada perdida, ojeras incesantes y aliento a alcohol rancio en los asientos de los autobuses. Benito lo ha mamado y nos lo ha mostrado en Solas, la historia de una habitación sin vistas al mar y de unas vidas en las que se vislumbra un soplo de reconciliación con la humanidad.

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