Crítica de Gestación, por Walter Conejo Valverde. Publicada en Revista Comunicación, 2011. Año 32 / vol. 20, Nº 2. Instituto Tecnológico de Costa Rica.
Con un presupuesto aproximado a los 150 mil dólares, que en Hollywood estarían destinados solo para comprar el masking tape, Esteban Ramírez ha demostrado nuevamente que en este país, se puede hacer cine de buena manufactura aunque se trabaje con las uñas. Gestación, su nueva película, cuenta la historia de amor de dos jóvenes, con embarazo incluido. Una historia de amor juvenil, urbana, retratada enteramente en la ciudad de San José y los suburbios. De esta forma, sin proponérselo, Ramírez, ha sabido apropiarse de la capital así como Woody Allen en su momento se apropió de la Gran Manzana.
Quizá, de ahora en adelante, ese podría ser su sello, su característica.
En plano general, es una película que seduce, engancha y hace reír (cosa difícil de lograr). La música, de Bernal Villegas y la edición de Felipe Lacerda y Pablo Rojas, son los puntos altos de esta producción. Como producto, Gestación logra mantener un nivel del cual todos los que estamos en esta industria, deberíamos estar orgullosos. Es cierto que está muy lejos de ser la película perfecta, pero, ¿cuál lo es?
Se hace camino al andar dice Serrat, y la producción nacional puede estar segura de que con esta película, el país se inserta aún más en el escenario latinoamericano de la producción cinematográfica.
Es hora de que dejemos de ser tan críticos y nos pongamos a hacer. Buscar el pelo en la sopa es muy fácil. Los que critican sobre el guión, ¿cuándo han hecho uno? “Me mareo con sus cuentos, no quiero escuchar sus planes, muéstreme lo que puede hacer”, dice Balerom en una de sus canciones y qué razón tiene. Pero la fortaleza de Gestación, a mi parecer, está en su cercanía.
Sus referentes son todos signos que fácilmente cualquiera puede codificar: el colegio donde estudio, mi parada de bus, el parque de mi barrio, las montañas del Valle Central. Tonterías de momento, seguramente dirán algunos, pero cuánto valor tendrían escenas de La Copucha de Alonso Venegas, Ana Poltronieri y Los Catania, o La Guevara de don Beto Cañas, don Cristián Rodríguez y don Constantino Láscaris. Hoy, son solo recuerdo, más bien olvido. ¿Quién pudo pensar que una foto de esos lugares tendría un valor sentimental o arquitectónico tan importante en este momento?
Somos un país sin memoria histórica y Esteban Ramírez, ha comenzado a construirla.
Auguran buenos tiempos para la cinematografía costarricense, Andrés Heidenreich con La Región Perdida, la historia del doctor Moreno Cañas y Hilda Hidalgo con Del amor y otros demonios, una historia de Gabriel García Márquez, son los nuevos proyectos que muy pronto veremos en las salas de cine de nuestro país, que sin duda alguna, serán dos proyectos que mostrarán cuánto ha crecido la industria nacional. “
Espero que este nuevo producto sea apreciado por todos los costarricenses”, dice Esteban Ramírez, y yo, espero que sus palabras sean escuchadas por todos los costarricenses y vayamos a ver su película.
