Crítica de Sumas y restas, por Juan Carlos González A. Publicado en El Tiempo (Colombia). 7 de octubre de 2005.
Víctor Gaviria sabe de qué está hablando. Eso es evidente.
La historia que tiene enfrente no le es ajena, por el contrario, él ha sido testigo de ella, como testigos fuimos todos los que vivíamos en Medellín a mediados de los años ochenta y padecimos -directa o indirectamente- las consecuencias derivadas de la penetración del narcotráfico en todos los ámbitos de la sociedad.
Ese conocimiento de causa valida y le da sentido a Sumas y restas (2005). No hay impostura en sus imágenes, no hay la falsa sublima-ción de un tema que le duele a su autor, un hombre que siente la necesidad de mostrarnos, con todo detalle, los males crónicos que nos aquejan.
Víctor Gaviria se ha encargado de mantenernos alerta, de que no olvidemos el pasado y que no ignoremos el presente doloroso que nos rodea. Por eso su cine golpea y disgusta a algunos, que pretenden imaginar otra realidad, que no existe, en la que habitan una ciudad impoluta y pujante.
Pero los contrastes de Medellín son tan grandes que ignorar sus males es absurdo. Por eso es necesaria la actitud vigilante comprometida del cine de Víctor Gaviria. Para que no cometamos de nuevo lo mismos errores. para que no cerremos los ojos ante la niñez desprotegida, para que volvamos la vista hacia los barrios más vulnerables.
Si bien su sentido social sigue siendo el mismo, su cine ha evolucionado. Narrativamente se le siente más fluido, más dueño de unos recursos que desde siempre ha exhibido y que ahora se prolongan en un sentido de la dramaturgia y de la dirección de actores tan logrados que le permiten convertir, como por arte de magia, a gente del común en dignos protagonistas de una película.
Pero en realidad el hechizo es uno sólo: la enorme capacidad de trabajo que este director, un verdadero autor, posee. Es gracias a este esfuerzo y a su sensibilidad que ha podido reflejarnos de la forma en que lo ha hecho.
Su cine nos conmueve, nos toca y nos sacude. En su mirada nos encontramos: eso somos como sociedad, así nos duela. Y Gaviria es el cronista. El llamado a documentar estos años, esta generación extraviada.
