Entrevista a Esteban Ramírez, director de Gestación, por Yuri Lorena Jiménez. Publicada en Nación (Costa Rica). 6 de diciembre de 2009.
Quince años atrás, Esteban Ramírez presentó un corto ante unos 20 compañeros del curso de Comunicación en la Universidad de Costa Rica. Esos minutos marcarían, a la postre, un punto de inflexión en la trayectoria del joven cineasta. Recuerda vívidamente el mágico asombro que sintió al observar la reacción de los espectadores ante aquel, su primer intento de contar una historia en el celuloide. Observó maravillado su pequeña gran conquista: las miradas fijas en la pantalla, las risas, los gestos ensimismados, la atención total del grupo… y recibió con orgullo un espontáneo aplauso al final de su amateur producción Para dos no hay vía.
Como si aquella vivencia hubiera sido una suerte de premonición, el 16 de octubre pasado, la escena se repitió. Solo que ahora en una sala de cine repleta, con una película cuyo éxito la convertiría en una hazaña personal y con el mismo resultado final: Esteban, con los ojos aguados, orgulloso de su Gestación; el público, aplaudiendo a rabiar.
Y eso que, ni en su escenario más optimista, el realizador llegó a visualizar lo que vendría después: si bien Gestación entró con el pie derecho el día de la premiere, llena de invitados especiales, el veredicto más importante lo daba el sacrosanto público.
El estreno simultáneo en los principales cines de San José tuvo un éxito apabullante: lideró las carteleras durante más de un mes –el poderío de Hollywood pasó a segundo plano–, al punto de que, para lograr una entrada en la tanda de la noche, había que estar ahí al mediodía, cuando abrían las boleterías.
Eterna cuesta arriba
Con este, su segundo largometraje, Ramírez subió un peldaño en la reivindicación de la incipiente producción cinematográfica nacional, en la que él mismo viene dejando huella desde hace varios años.
Sus cortos Rehabilitación concluida (1999), Once Rosas (2000) y su primera película, Caribe (2004), habían cosechado sus propios laureles, pues todas recibieron prestigiosos reconocimientos en premiaciones nacionales e internacionales.
Hoy, se dice que hay un antes y un después de Gestación. Pero al distanciarse de la euforia del momento, hay que recordar que Caribe fue una apuesta espectacular, si se analiza en el contexto tico: con las uñas, sin apoyo estatal, Esteban se arriesgó a filmar con un presupuesto de $200.000 y, pese a su juventud y a su novel currículo, conquistó a actores de la talla del cubano Jorge Perugorría, titán del cine latinoamericano, y también matriculó a otras prestigiosas figuras como la española Cuca Escribano y los mexicanos Maya Zapata y Gabriel Retes.
Parecía demasiado bueno para ser cierto, pero lo fue: Caribe se convirtió en el filme tico con más premios internacionales; en la primera película costarricense en ser admitida en consideración por la Academia para el Oscar al Mejor Filme Extranjero; en la primera película local en venderse en DVD.
Con tales atestados, impresiona saber que los logros de Esteban (incluida Gestación) se basen en su principal “activo”, la intuición, pues en sus veintes, cuando decidió que dedicaría su vida a hacer películas, se topó no solo con el escepticismo de familiares y amigos, sino con que en el país no existían opciones académicas para estudiar cine.
El horizonte cuesta arriba no lo desalentó y, amparado en la certeza de su talento, metió cabeza y empezó su historial de encajarse en camisas de once varas. Aquella inyección de seguridad que sintió al ver la reacción que provocó su primer corto entre sus compas de la U, le rindió para rato.
Sus padres, Víctor Ramírez (productor audiovisual) y Norma Jiménez (profesora de danza) lo apoyaron en su cuasi utópico sueño desde el principio (más él que ella), pero siendo un hogar de clase media, los fondos alcanzaron acaso para el arranque.
Lo que sigue ha sido la tónica de los últimos 20 años en la vida de Esteban: tocar puertas a patrocinadores, intentar que la prensa se fije en su trabajo, driblar el idiosincrático serrucho tico… mil y un obstáculos que solo un loco o un quijote pueden enfrentar sin morir en el intento.
De su íntima entrevista se desprende que él se acostumbró a asumir sin drama los tropiezos y los portazos en la cara, y mantuvo la cabeza fría y serena ante las expectativas casi inalcanzables de cumplir su sueño: simplemente, el de hacer películas.
Gestación no fue la excepción de su eterno cuesta arriba para que creyeran en él, a pesar de que Esteban ya tenía el padrinazgo de sus exitosas producciones pioneras. Con un poco más de colmillo, el realizador se inclinó esta vez por una producción austera, con noveles –pero entusiastas– actores locales y un presupuesto que liberaba los colones a cuentagotas. Compensó la estrechez económica con más entusiasmo… y más tozudez. Porque embarcarse en la producción de una película en plena paranoia mundial por la crisis económica, a principios de año, recibir el rechazo de los ya casi confirmados patrocinadores, y seguir adelante contra viento y marea, es de locos… o de tercos incurables.
El gris panorama y la desmotivación no hicieron mella en él. Ni tampoco lo potenciaron. Simplemente, siguió con su proyecto, asido a su intuición, a su sueño de conectar a Tiquicia con Tiquicia.
Gestación cuenta la historia de una pareja de adolescentes capitalinos, de diferentes clases sociales, que se enamoran y se enfrentan a un embarazo no deseado. Pero más allá del argumento, Esteban se situó en su amado San José y logró generar en el público de todas las edades una gran empatía por lo lugar común de los personajes, del lenguaje, de los conflictos, de los sueños y de los escenarios, todos pertenecientes a un Chepe totalmente auténtico.
Curado de tropiezos
El éxito de audiencia y económico que le ha deparado su última película ya disparó sus próximos proyectos. Son dos, y está viendo con cuál arranca primero. Dice que no se siente presionado por su reciente éxito: él sabe que sabe, y con eso le basta.
De tropiezos, está curado, así que no lo asustan. De verbo llano y sencillo, a veces da la impresión de no estar consciente de “la gestación que gestó”: él sigue en su eterno corre corre , amarrando poco a poco los cabos que faltan para la internacionalización de la película y, paralelamente, para el arranque de la que sigue.
Se permite pocos momentos emotivos, pero los tiene. “Yo no digo que voy a la segura, pero hago todo con tal pasión que siento que voy a la segura. Aún así, como humanos, me pasa siempre que cuando veo a aquel gentío en una premiere de una película mía, donde el éxito o el fracaso dependen absolutamente de mí, hay un momento en que, sentado en la butaca con el resto de la gente, listo para ver mi propia película y sondear qué motiva en los demás, cierro los ojos, me agarro la cabeza con las manos y me digo: ‘¿Qué estoy haciendo aquí?, ¿cómo me metí en esto?, ¡un fracaso me expone ante todo el país!, ¿por qué no fui oficinista o biólogo marino?”. El ataque de pánico pasa rápido: la banda sonora que introduce la película lo devuelve a su mundo de riesgos sin vértigo.
Tras el éxito, las loas, las felicitaciones, el boom y todo lo que ha generado Gestación, Ramírez digiere su buen momento con orgullo del bueno y perfil bajo. Soltero a sus 36, quiere casarse y tener hijos, pero sabe que su circunstancia actual no es fácil para estar en pareja. Sin embargo, no descarta enamorarse de una mujer que entienda su complicado rol de vida. Mucho más ahora, que Gestación se mostrará en distintos puntos del orbe, con su orgulloso director al frente. Esteban no se complica. El amor llega cuando llega, dice. De seguro, esa frase proviene de su propia experiencia en otro ámbito: “El éxito llega cuando llega”. Así sea.
