Entrevista a Pamela Pequeño, por Caimán. Cuadernos de Cine.
El inicio del documental tiene mucha fuerza. ¿Por qué decidió comenzar con la percusión que simula un latido y el sol sobre la ciudad?
Me alegro que hayas reparado en esa escena. Es una idea que se me ocurrió mientras me duchaba. Siempre me cuestan los inicios, de hecho, ese plano de la ciudad fue lo último que grabamos y fue muy discutido con el equipo ya que el documental estaba casi montado cuando lo incluimos. Volviendo a la ducha, estaba ahí cuando visualicé y oí ese latido en medio de la gran urbe en que se ha convertido Santiago. Ese latido es una cita a las miles de personas mapuche que viven invisibilizadas en esta ciudad ya que la mayoría de los chilenos no sabe que la gran parte de ellos habitan acá y no en el campo. Quise transmitir así el palpitar de su cultura, su resistencia como pueblo y su fuerza para sobrevivir con dignidad acá y allá. Este fue el sentimiento que guió esa escena: ellos están aquí, más vivos y vigentes que nunca antes. Buscamos entonces una panorámica de Santiago y justamente el día que fuimos a grabar estaba con esa bruma de invierno que le aporta ese aspecto fantasmal a la imagen. El latido es el sonido pausado del kultrún, instrumento de percusión mapuche utilizado en su música ritual. Le pusimos muchos bajos para que la sonoridad se proyectara rápidamente al cuerpo y llegara al pecho.
¿Cómo conoció la escuela Mustafá Kemal Ataturk?
Primero tuve la idea que guió el documental, luego busqué una escuela donde se aplicara la enseñanza intercultural bilingüe. Partí por las comunas donde habían establecimientos con esa características, acercándome a organizaciones y a personas. Pero no fue sencillo, durante la investigación y scouting, no lograba ni siquiera entrar a conocer ningún colegio donde se aplicaba ese programa. Ya desesperaba cuando tomé contacto con una amiga que en ese tiempo trabajaba en la comuna de Lo Prado. A través de ella pude conocer la escuela Mustafá Kemal Ataturk ya que el Director de Educación mencionó inmediatamente a Elba cuando le conté lo que buscaba. Fue muy preciso y asertivo. Cuando llegamos por primera vez a la escuela, fue amor a primera vista con el lugar, el barrio, las personas. Más todavía cuando conocí y escuché a Elba: supe inmediatamente que había encontrado a la protagonista del documental.
¿Cuál era su relación con la cultura mapuche antes de comenzar el documental? ¿Estaba ya cercana a ella?
En 2001 hice mi primer documental “La Hija de O’Higgins” sobre mi búsqueda de una antepasada ignorada por la historia oficial de Chile. Según el mito familiar esa tatarabuela era hija ilegítima de Bernardo O’Higgins, prócer de nuestra independencia. Una anécdota que mis parientes contaban en numerosas reuniones y que desde niña me provocó incredulidad. En el proceso de investigación y rodaje descubrí además que ella era mapuche, hecho no menor en un país bastante racista como este. Desde ese momento me obsesioné con la cultura mapuche y comencé a explorar en ella durante varios años formulando ideas que no concreté hasta llegar a Dungun, la lengua.
La escuela parece un oasis de tranquilidad y aprendizaje dentro de una gran urbe como es Santiago. ¿Sintió que estaba filmando un lugar verdaderamente distinto y de alguna forma desvinculado de la capital chilena?
Sin duda es un lugar muy especial y así lo sentí apenas puse un pie ahí. El colegio es pequeño, familiar, situado en un lugar con una historia política de lucha –a la que no me refiero en el documental- . La escuela se ubica en la Villa Santa Anita que comenzó como una toma de terrenos en pleno gobierno de Salvador Allende. Allí Víctor Jara se inspiró en un niño de ese campamento para componer su maravilloso tema “Luchín”. Los blocks de departamentos de la Villa fueron donados por algún país socialista, son muy especiales en su diseño y colorido. La escuela Mustafá Kemal Ataturk que obviamente no se llamaba así en ese tiempo, nació en ese contexto y fue levantada en el mismo lugar que está hoy. Yo conocía o había leído sobre esa toma de terrenos mucho antes, me parecía familiar. Algo de toda esa historia aún se siente ahí. El lugar es sencillo y luminoso, colorido, hay buena onda. Como íbamos a grabar una vez a la semana, nos instalábamos en la sala de profesores, desayunábamos y almorzábamos junto a ellos durante esas jornadas. Nos acogieron muy bien en el colegio y en la comunidad. Éramos prácticamente de la “casa”. Paradojalmente, el lugar queda bastante cerca del centro de Santiago contrariamente a lo que pueda parecer en el documental.
¿A qué dificultades se enfrentan en su opinión las personas de origen mapuche en el Chile actual? ¿Cree que existe discriminación?
En mi opinión, sí. Todavía subsiste racismo y discriminación en Chile. La palabra “indio” aún se usa como un insulto. Afortunadamente, pienso que nuestra sociedad está cambiando y abriendo puertas a la diversidad cultural, étnica, de género pero aún queda mucho. Es importante que las personas se informen, conozcan de la riqueza y el aprendizaje implícito que tiene el abrirse a un “otro” diferente. Espero que Dungun, la lengua aporte en esa vía. En ese sentido el ejemplo que experimentamos en la escuela y durante las clases de Elba, viendo cómo las niñas y niños aprendían el valor de esa diferencia, nos dio esperanza.
Los profesores son ante todo héroes de resistencia. ¿Siente que su labor está suficientemente reconocida? ¿Quería que su película funcionara como homenaje a todos ellos?
Quise homenajear a la cultura mapuche, enaltecerla, que las personas, nosotros los chilenos la conozcamos y valoremos. La verdad es que funcionamos con estereotipos y prejuicios, en base a un gran desconocimiento. En el colegio nunca aprendí nada, siempre nos situaban en el lugar de los colonizadores en vez que desde nuestra propia mirada y cultura. Desde ahí arranca el gran valor del trabajo de la docencia. Más aún, durante 2011 fueron las grandes movilizaciones por la gratuidad y calidad de la educación en Chile, es en ese contexto que comenzamos el rodaje. Yendo a grabar durante un año, nos dimos cuenta del esfuerzo y el compromiso de todos esos docentes, sobretodo de Elba Huinca –protagonista- y Olga Márquez – coprotagonista que lo dan todo por enseñar a sus estudiantes con pocos recursos y en un medio social de muchas carencias. Si no hubiera sido por la visión de Olga de llevar la interculturalidad a ese colegio a través de Elba, nada de esa enseñanza y de los valores asociados a ella, hubiera sido posible. Tampoco existiría el documental.
¿Cómo fueron las circunstancias del rodaje? ¿Cuántas horas filmaba? ¿Desechó mucho material en la sala de montaje?
El registro tomó casi un año, íbamos una vez a la semana a grabar durante toda la jornada escolar y luego nos quedábamos haciendo tomas del barrio y de las casas de las niñas y niños del curso con que trabajamos. Muchas escenas las planeamos junto con las profesoras tomando de base sus rutinas y programas de enseñanza de acuerdo a las necesidades del relato. Hubo mucha flexibilidad, confianza y empatía lo que fue crucial. Elba proyecta gran naturalidad y tiene un dominio impactante con la cámara lo que aportó en cada una de sus escenas. En el montaje definitivo, casi no se utilizó el material de la vida “afuera” del colegio ya que decidí centrarme en el proceso de aprendizaje y enseñanza del mapudungun a través de Elba.
¿Por qué decidió utilizar las estaciones del año como base estructural del documental?
Fue algo que imaginé desde antes de saber que ganaríamos el fondo DOCTV. La cosmovisión de la cultura mapuche es circular y su concepción del tiempo y la vida, está íntimamente relacionada con la estacionalidad. De hecho el kultrún en su superficie, lleva dibujado ese círculo con símbolos que representan las cuatro estaciones. Me pareció una buena idea transmitir e invitar a los espectadores a experimentar, a través de ese arco dramático, esa filosofía vital del tiempo, de su transcurso e infinita reiteración. Durante el rodaje, esa idea se fue consolidando.
En Dungun, la lengua emprende un viaje material y también simbólico. ¿Podría hablar de esos dos conceptos de viaje? ¿Qué significaron para usted?
Es el viaje del año, por las estaciones, a través del ciclo escolar sumergiéndonos muy cerca de la cultura mapuche. Es un viaje muy territorial: habitando la misma ciudad pero distanciados e ignorantes unos de otros. La realización del documental hizo posible traspasar esas fronteras invisibles pero que están. Pudimos conocer e introducirnos en una posible otra vida en el mismo territorio donde todos vivimos. Para mi ambos viajes fueron fundamentales. Durante el rodaje decidí que haría películas hasta con mi último suspiro de ser posible y factible. Tanto fue el amor.
La naturaleza, a través de plantas, árboles, el río, tiene una gran importancia en el documental. ¿Por qué puso el acento en estos elementos?
A través del viaje de Elba a las tierras de sus familiares para sus vacaciones quise reflejar de alguna forma el “pasado” y también la fuerza. Me refiero al origen, lugar físico a la vez que simbólico, desde donde surgen las palabras: la lengua que ella debió reaprender cuando adulta pero que escuchó de su madre y abuela cuando niña. Elba nació en Santiago pero al regresar a ese territorio se conecta con ese pasado y extrae la fuerza para su labor docente y social en la ciudad. Por otro lado, para el pueblo mapuche la tierra es fundamental. Mapuche significa gente de la tierra. Y mapudungun significa el hablar de la tierra. Quería representar ese tejido denso de la cultura con el territorio no como una manera de folklorizar o naturalizar a los mapuche y a Elba, más bien para expresar lo crucial de esa relación para su vida y sobrevivencia como pueblo.
Ese mismo territorio que hoy está amenazado y ocupado por las empresas forestales que talan las especies nativas y plantan árboles foráneos para su explotación. Esto tiene a la región en un conflicto permanente y explosivo para el que no se ve aún una salida.
¿Podría valorar la importancia del idioma en una cultura?
Vital. Tomo prestadas las palabras de Elba: una cultura sin lengua es una cultura muerta.
¿Cómo ve el futuro de la lengua mapudungun y de la cultura mapuche en Chile?
Hoy el pueblo mapuche está completamente consciente de la importancia central de su lengua para la sobrevivencia de su cultura y se ocupa de ello. Veo a la cultura muy viva y dinámica, integrada a la sociedad contemporánea –diferente al estereotipo que aún prevalece- ocupándose de fortalecerse en toda sus dimensiones. En ese mismo sentido, se preocupa de divulgar su mirada sobre el mundo, también sus demandas sociales y políticas, las que desgraciadamente no son oídas y atendidas por el Estado chileno. Las generaciones de los mapuche que debían ocultar e invisibilizar su identidad debido a la discriminación, están siendo relevadas por nuevas que contrariamente, ostentan con orgullo sus saberes, tradiciones y logros. Las y los mapuche posmodernos, son una síntesis dinámica que alterna tradición con los saberes actuales. Portan el pasado, el presente y el futuro de su cultura. Se desplazan entre el campo y la urbe con igual comodidad. Mientras, las generaciones anteriores –como vemos en el documental- se reencuentran con ese pasado enterrado y se deslumbran con lo que un día decidieron olvidar.
