Entrevista a Rebeca Arcia, por Enric Albero

¿Cuál es el origen de este proyecto? ¿Qué le llevó a interesarse por las comunidades miskitas?

Este proyecto se originó hace unos años cuando conocí por primera vez una iglesia morava en la ciudad. Yo estaba haciendo un reportaje para televisión sobre jóvenes y religión y al visitar esa iglesia, me llamó mucho la atención la comunidad de miskitos. Los miskitos son el pueblo originario más grande de Nicaragua. Ellos representan el 10% de la población total; haber hecho un documental sobre ellos es un tributo a este pueblo que ha logrado conservar su cultura a través de todos estos años.

La película se articula alrededor de tres figuras (el estudiante, la educadora y el aspirante a reverendo) y de su migración desde las zonas rurales a Managua. ¿Por qué seleccionó a estas tres personas (y sus familiares, en algunos casos)? ¿Qué quería reflejar al elegirlas?

Cada personaje representa distintas realidades y distintas generaciones. Los estudiantes representan a todos esos jóvenes con ansias de salir adelante; la educadora representa a la mujer que transmite la cultura de generación en generación (muchas veces es labor de las madres enseñar el idioma, cultura, gastronomía) y el reverendo que es el líder que vela por la comunidad, él es la autoridad que respetan, la persona a quien recurren en distintas situaciones.
Me pareció que para mostrar un poco mejor este pueblo originario debía integrar estos personajes. En toda la historia, es Maikol -el estudiante- el hilo conductor porque para mí él representa también lo duro de la migración: dejar a tu familia, insertarte en una realidad totalmente desconocida y adaptarte a los cambios.

En el documental se aprecia con claridad la dificultad tanto para alcanzar un nivel educativo mínimo en el seno de las comunidades miskitas como para, posteriormente, acceder a la universidad. ¿Cuáles son las causas que generan esta problemática?

Las causas que generan la falta de acceso a la educación están relacionadas con la poca inversión que han hecho los distintos gobiernos. Asimismo, las zonas donde habitan los miskitos han sido afectadas por fenómenos naturales como los huracanes, que han destruido comunidades enteras. Luego, los que llegan a la Universidad igualmente tienen dificultades en el aprendizaje porque se encuentran en desventaja con respecto a los estudiantes de otras zonas del país. En el siglo pasado se implementó el programa de castellanización en la que obligaban a todas las comunidades indígenas a que la educación fuera en español. Es hasta hace poco que los libros escolares se han traducido a la lengua de las comunidades, pero aun así no todos los libros llegan a todas las zonas.

Hay momentos en los que se detecta cierta tensión racial entre los miskitos emigrados (se observa en el caso de los universitarios) y los habitantes de la capital. ¿A qué se debe? ¿Existen problemas de integración tras la llegada de los misquitos a un entorno urbano tan diferente del rural?

La tensión racial puede existir porque la gente del Pacífico poco conoce sobre los miskitos. En las escuelas nos enseñan que ellos son un pueblo indígena y suele suceder que cuando se dice la palabra «indígena» la gente lo asocia con personas en taparrabos, con flechas y arcos… A la gente del Pacífico nos producen curiosidad, especialmente cuando hablan en su propio idioma, queremos saber más sobre ellos. En lo personal no creo que exista discriminación racial como tal. De hecho nosotros no diferenciamos en lo físico a un miskito de un creole o un mayagna. Sólo si los escuchamos hablar, entonces nos damos cuenta de su origen.
Desde mi punto de vista no existen problemas de integración en la ciudad. De hecho la comunidad miskita en Managua se ha duplicado en los últimos cinco años. Existe mucha migración de la Costa Caribe a la capital y eso no lo vemos con malos ojos. Sabemos que en esa zona del país hay muchas limitaciones y no hay discriminación racial.

La religión es otro factor a tener en cuenta. A pesar de la cristianización generalizada, los miskitos mantienen sus creencias ancestrales, muy vinculadas al entorno natural en el que viven. ¿Cómo se relacionan ambas religiones? ¿Pueden servir para una mayor y mejor integración o suponen una barrera?

La religión que practican los miskitos es la religión morava. Esto se debe a que la Costa Atlántica (donde habitan la mayoría de pueblos indígenas) fue conquistada por ingleses y éstos trajeron la religión. Gran parte de la conservación del idioma se debe a que esta religión establece que la liturgia es en lenguaje del pueblo. La religión morava se autodenomina cristiana, pero no es católica.
En Managua existen tres iglesias moravas, a dos de ellas asisten miskitos. Cada domingo la comunidad miskita en Managua converge en estas iglesias ya que es un espacio en el cual se encuentran con amistades y además les hace sentir como en casa. Cuando logras encontrar pares en una ciudad te sirve para sentirte mejor integrado en esa ciudad. No creo que esto suponga una barrera de integración.

Leyendo los títulos de crédito se desprende que ha habido una intensa colaboración familiar. ¿Cómo fue el proceso de producción y rodaje? ¿Cuán importante fue la participación de, por ejemplo, Humberto Arcia?

El proceso de producción y rodaje fue una gran experiencia en la que logramos armar un buen equipo. Durante la filmación éramos un equipo de siete personas (dirección, producción, dos cámaras, sonido, traductor simultáneo y detrás de cámara). La participación de cada uno fue muy valiosa ya que para mí lo más importante en una producción es lograr un buen equipo en el que todos estén entusiasmados por dar lo mejor de cada uno en el proyecto, en Miskitu logramos eso como equipo: todos estábamos motivados por hacer un buen trabajo.
Humberto Arcia es el director de fotografía y cámara del documental. Es un reconocido cineasta nicaragüense con muchísima trayectoria, él ingresó muy joven en el Instituto Nicaragüense de Cine, INCINE (ahora extinto). Para mí fue fundamental su participación en conjunto con la de Nicolás Abaunza (cámara) ya que logran transmitir en imágenes esa Nicaragua con sus lindos paisajes y además mostrar la realidad de mi país. Ese trabajo minucioso de usar la lente adecuada y cuidar la parte técnica en cuanto a imagen fue vital para el documental.

¿Qué supone para gente habituada a crecer en un medio rural, llegar a Managua? ¿Qué tipo de choques emocionales se producen?

Llegar a Managua representa un choque porque en la ciudad tenemos la particularidad de que las direcciones son un tanto diferentes al resto de lugares del país. Para una dirección se usa de referencia un lugar (restaurante, empresa, tienda, etc.) y si no existe entonces normalmente es «De donde fue…». Además los capitalinos usamos de referencia el lago (que queda al norte de la ciudad), arriba (que equivale al este) y abajo (que es el oeste). Las calles no tienen nombres porque la mayoría desapareció durante el terremoto de 1972 que destruyó por completo la ciudad. Entonces, por ejemplo, la dirección de la iglesia morava es: de los semáforos de EL NUEVO DIARIO, 3 cuadras al lago y dos cuadras arriba. Para alguien que viene por primera vez, es muy confuso. Y si estás habituado a caminar por el área rural para llegar a tu destino, en Managua muchas veces las distancias son muy largas. Hay choques emocionales que tienen que ver con el sentirse inseguros por el temor a lo desconocido. En el área rural de Nicaragua la vida es «más tranquila», toda la comunidad se conoce. La gente es más amable.

El documental, en su afán contextualizador, sirve, también, para reflejar el estado de estos pequeños núcleos de población indígenas. ¿Cuál es el estado de estos pueblos a nivel de infraestructuras (comunicaciones, tecnología) y qué se puede hacer para mejorar sus condiciones?

A nivel de infraestructura es poca la inversión. En las comunidades es nula. La gente construye sus propias casas de madera. La penetración tecnológica es poca. Hay lugares en los cuales del todo no existe señal de celular y en algunas comunidades a orillas del río tampoco existe energía eléctrica.
Se requiere de mayor inversión por parte del Estado; pero más allá de eso, también se requiere que entendamos mejor a nuestros pueblos indígenas. Ellos tienen una estructura a nivel de comunidad en la cual existe una jerarquía (consejo de ancianos, whita, etc.). Se debe entender desde adentro y desde ellos mismos sus necesidades inmediatas para mejorar sus condiciones.

Las producciones nicaragüenses son escasas. ¿Qué supone para usted haber podido llevar a cabo este proyecto? ¿Tiene previsto otro para un futuro cercano? ¿En qué consiste?

Para mí es un gran honor haber representado a Nicaragua en DocTV Latinoamérica. Es la primera vez que Nicaragua participa. También fue una gran responsabilidad poder dirigir este proyecto y mostrar una realidad que a mí misma me inquietaba. Disfruté muchísimo la experiencia y además aprendí bastante sobre la historia y la gente de mi país. En lo personal, Miskitu reforzó mi propia identidad y el orgullo de ser nicaragüense. Aunque a nivel internacional nos perciban como uno de los países más pobres de Latinoamérica, somos un país multiétnico con gente que lucha día a día por salir adelante.
Tras Miskitu tuve la oportunidad de dirigir un corto documental sobre la historias de niños y niñas que aprenden a pintar murales en comunidades miskitas. Ellos aprenden también a darle distintos matices a sus propias vidas. Los colores de Prinzapolka es el título y se encuentra disponible en vimeo (https://vimeo.com/114927440).

¿Qué criterio guió la elección de temas musicales (algunos obra de Eduardo Araica)?

La música de Miskitu es música original a excepción de dos pistas (durante el momento en que se escucha radio y la canción del cierre). El resto de la música está compuesta por Eduardo Araica. Desde un inicio le planteé a Araica que la música quería que fuera un ritmo internacional y que a la vez, conectara con las imágenes. La música refuerza las sensaciones de las imágenes sin perder la línea de la historia contada. Araica fue una de las primeras personas que tuvo la oportunidad de ver el documental y a partir de allí, construyó todas las composiciones musicales de Miskitu.

Enric Albero

Deja un comentario