Entrevista con Cristina Raschia, por Nuria Cubas.

La película habla sobre la memoria y no sólo de la Memoria de un escrito perdido. ¿Qué es para ti la memoria?

La película habla de intensas vivencias compartidas que nos permitieron sobrevivir al horror. Y el escrito de Graciela Lo Prete es precisamente una fotografía muy fidedigna y lúcida de esas vivencias en su perfil más subjetivo y humano. Su texto es una memoria en tiempo presente, porque fue escrito cuando los hechos sucedieron, luego re-elaborado y finalmente, 20 años después, resignificado por nosotras que fuimos las protagonistas, ya sin la presencia de la autora.

Me fascinó ese juego de pasados y presentes entrecruzados. Ese es el juego que pretendí describir con el título del doc. Creo que la memoria es necesaria para volver a mirar, ya con cierto distanciamiento, hechos que fueron gravitantes en la vida individual o colectiva, para intentar comprender quiénes somos y por qué somos como somos. Todas son aproximaciones.

¿Cómo surge la idea de hacer una película sobre este capítulo de tu vida?

Fue una idea siempre presente. Una necesidad de contar y a la vez de exorcizar, de objetivar para comprender mejor lo sucedido.

Es sorprendente que incluso episodios muy amargos puedan recordarse de una manera dulce. ¿Esperaba que su película fuese a tener un punto de vista tan positivo?

Con esa intención fue realizada. La ternura, la dulzura, la capacidad de contener y amar estuvo siempre presente en la relación con mis compañeras de prisión. Yo no lo hubiera imaginado antes de pasar por esa experiencia. Pero sucedió y supongo que al igual que yo, nadie de «afuera» puede llegar a imaginar eso. Por eso era importante darlo a conocer, instalar el relato en el cotidiano desconocido. Eso es lo que nosotras podíamos aportar. El resto de los relatos ya estaban cubiertos.

Teniendo en cuenta que la película narra un episodio que viviste en primera persona ¿Cómo fue la investigación previa?

Yo conocía muy bien mi propia historia, pero no tan profundamente la de las demás compañeras que iban a compartir la mesa conmigo. Algunas cosas si, otras no.

Me reuní con ellas para que me contaran todo lo que quisieran contarme. Luego les pedí que eligieran el sitio donde quisieran ser entrevistadas, el que tuviera la carga afectiva más fuerte para cada una, el espacio que más las movilizara. Y las acompañé a esos lugares en un viaje de pre-producción. Muchas no habían vuelto nunca allí. Fue muy emocionante y fue el territorio donde se fue leudando lentamente la entrevista que luego hicimos frente a cámara.

Yo quería que llegáramos a cámara completamente relajadas, libres de fantasmas para que fluyeran las respuestas como en una conversación sin testigos.

¿Cómo trabajó con las imágenes de archivo?

No fue sencillo conseguirlas. Se ocupó de eso mi jefa de producción y por sugerencia suya, buscamos en los archivos de los mejores reporteros gráficos, porque queríamos que cada imagen de archivo tuviera una carga artística propia. Las fotos son el «afuera» de ese relato intimista en torno a la mesa. Por eso debían tener mucha fuerza dramática, ser muy expresivas.

La película tiene testimonios, escenas ficcionadas y hasta escenas de making-of. ¿Cómo idearon el guión?

El hilo conductor del guión era replicar una escena que habíamos vivido ya muchas veces, sin cámaras, en todos estos años después de salir en libertad: juntarnos en torno a una mesa y recordar vivencias compartidas. Siempre me había llamado la atención que nos reíamos mucho en esos momentos, aún recordando las cosas más tristes. Eso es lo que quise reconstruir.

En este caso, el hilo conductor de la conversación debía ser el relato del derrotero misterioso del escrito perdido. Eso le aporta la emoción y la intriga que empujan la película hacia adelante y mantienen al espectador atento hasta el final.El guión preveía la charla en torno a la mesa, las entrevistas y el making of. Para mí era central instalar desde el principio (y mantenerlo todo el tiempo), que estábamos haciendo una película. Necesitaba esa complicidad con el espectador.

Las escenas ficcionadas no estaban en las primeras versiones del guión. Se impusieron durante el desarrollo del rodaje.

¿Fue fácil reunir al resto de compañeras?

Fue lo más sencillo. Un llamado telefónico, sin explicaciones, y listo. Aunque pasen muchos años sin vernos o sin comunicarnos, lo compartido ha sellado una relación de profunda confianza más allá de las palabras.

Háblenos del reencuentro con el espacio que fue su cárcel.

La primera vez que volví fue en mi propio viaje de pre-producción. No había estado allí desde que me trasladaron a Villa Devoto el 30 de diciembre de 1975. Fui con Claudia, mi jefa de producción. Y fue una conmoción. Pero en ese mismo momento supe que mi entrevista quería hacerla allí.

A la otra cárcel, Villa Devoto, no fuimos porque ninguna de las chicas quiso regresar allí. Solamente hay imágenes de los exteriores, que las hice personalmente con mi productor. Fue un momento, extraño, muy extraño.

El eje de la película es el texto de una de las compañeras de cautiverio. ¿Cuánto hay de ella en la película?

Mucho hay de Graciela Lo Prete en la película. Ella está presente en todas nosotras, pero está particularmente presente en mí. Fue mi amiga-hermana durante un año y desde entonces ha permanecido todo el tiempo a mi lado. La película es un homenaje a su inteligencia y su valor. Los textos que dice en off son de su libro y de sus cartas.

¿Por qué decidisteis publicar  las memorias de Graciela y qué supuso para vosotras?

Porque interpretamos que si el texto había llegado a nuestras manos, era porque tenía que ser publicado. Que era la voluntad de Graciela. Somos materialistas dialécticas, sin embargo estamos todas convencidas de que fue así.

Y esta película… ¿Qué supone para ti dentro de su carrera?

El DOCTV fue un apoyo muy importante para mi carrera. Me permitió realizar con recursos suficientes y en completa libertad una película no comercial, con un tema complejo. La respuesta del público fue maravillosa, los Festivales y la crítica la recibieron muy bien. No puedo pedir más.

¿Cuánto tiempo has trabajado en ella?

Sin saberlo, desde que salí en libertad en diciembre de 1976.  Las ideas habían madurado tanto en mi interior que pude armar el proyecto para presentar al DOCTV en menos de un mes. Ganamos en septiembre del 2009. La pre-producción empezó en noviembre, grabamos en febrero y estrenamos en septiembre de 2010.

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