Entrevista con Raúl Gallegos de la Piniella, por Fernando Vílchez Rodríguez.

Raúl, es interesante ver el transcurrir de un río como metáfora de toda una nación. Siendo Perú un país tan amplio, tan complejo geográfica como socialmente, el Marañón surge como imagen perfecta de la nación. ¿Cómo se decidió por esta historia, y por este río en particular? ¿Qué representa para usted el río Marañón?

Por razones de trabajo hacia 1975 tuve la impresionante experiencia de viajar por primera vez a la zona de lo que se denominaba el Alto Marañón, lugar donde se encuentran establecidos los awajún, el pueblo originario de esa región, en el distrito de Condorcanqui, departamento de Amazonas, quienes forman parte de la familia jívara, repartidos además en territorios de Ecuador y Colombia.

Llegamos en un momento previo al desarrollo de la explotación petrolera que comprometió a parte de su población como mano de obra en la instalación del oleoducto Nororiental, algo que significó la transformación de su modo de vida al pasar a ser mucho de ellos asalariados eventuales, así como del conflicto bélico con Ecuador. En ese momento todavía mantenían los awajún sus tradiciones ancestrales, lo que nos permitió tener la oportunidad de participar en ceremonias rituales y festivas únicas. En mi caso, debido a que por esos años utilizaba el pelo largo, algo a lo que ellos habían tenido que renunciar porque al salir a los pueblos cercanos habitados por mestizos, eran motivo de burlas, motivó a que fuera invitado por los mayores, a que me peinaran y vistieran de manera tradicional en una ceremonia de aceptación a su pueblo, lo que duró varias horas y en las que me sentí drogado sin haber consumido ninguna sustancia. La alimentación ya era escasa, los animales cada vez se alejaban más debido al ruido de las armas de fuego, por lo que nos encontrábamos sometidos durante gran parte de nuestra estadía a un régimen alimenticio basado exclusivamente en yucas y plátanos, el dinero caresía de valor.

Regresé luego en diversas oportunidades, igualmente por motivos de trabajo y pude comprobar la transformación que fue sufriendo un pueblo sometido a regímenes ajenos a su propio devenir sostenible. Así mismo comprobé que el Alto Marañón no correspondía allí donde los awajún lo veían llegar, sino muchos kilómetros más arriba, en las cordilleras de Huayhuash y de Raura. Desde allí brotan las aguas que dan origen al río Marañón, donde más abajo se dan cita sus dos afluentes principales, el río Nupe y el Lauricocha, provenientes cada uno de esas cordilleras separadas. Desde allí se precipita el río de manera muy pronunciada, penetrando a una especie de cañón muy estrecho, que va desde los 300 a los 3,000 metros de altura, imposibles de habitar en sus riberas, pasando por lugares que lo cruzan unos pocos puentes, uno entre Ancash y Huánuco y otro entre Ancash y La Libertad, en la zona que describió Ciro Alegría en su maravillosa novela “La serpiente de oro”. Mi compromiso con la experiencia iniciática fue creciendo y fortaleciendo.

La historia la cuenta un ave. ¿Por qué esta decisión? ¿Cómo construyeron la voz en off?

En el transcurso del cauce del río se suceden asentamientos de gente ubicados en diferentes pisos altitudinales y culturales, muy diversos entre sí y en la mayoría de los casos sin contacto entre ellos debido a lo escarpado de su precipitación. Quizás solo el río, en lo profundo del abismo, es el elemento común a estos pueblos, pero también algunos animales que se mueven alrededor de su recorrido, tal es el caso de la gaviota, ave que encontramos en cada lugar por el que recorrimos y a la que recurrimos para hacer más accesible la intención del mensaje que queríamos transmitir. Cuando uno asume en un documental la aproximación a una información tan amplia y diversa como las complejidades sociales, económicas, culturales, ecológicas de una región, no solo hay que ser veraces y certeros sino se tiene que hacer el gran esfuerzo de sintetizar esos datos sin dejar de ser entretenidos, para lograr captar la atención de nuestra posible audiencia y que accedan cómodos y confiados a hacer suyos estos contenidos.

¿Cómo encontraron los personajes? ¿Cuántas idas y vueltas hicieron por la región para hallarlos? ¿Qué fue primero: encontrarlos, o hacer un boceto de personajes?

He viajado siempre por el país trabajando en cine, video, fotos. Esta situación me ha dado la oportunidad de entrar en la casa de la gente, no tengo la experiencia del turista que mira de lejos, lo nuestro ha sido la convivencia. En el caso del Marañón, para el documental específicamente, hicimos un viaje de reconocimiento de lugares, paisajes y de gente. Hacían como cuatro años previos a la convocatoria de DOCTV que sin saber para qué, estaba ya estudiando las características del río junto a una geógrafa que me ayudó con la escasa información que se podía encontrar en ese momento, pero que luego, cuando se presentó la oportunidad de realizar el documental, se encontraba trabajando en una institución del estado y no tuvo la posibilidad de acompañarnos.

Por lo general, al encontrarme en un medio poco intervenido por la gente occidental o mestiza, me he sentido como atravesando un callejón estrecho rodeado de frágiles objetos de cristal, hasta no contar con la confianza de la gente del lugar no he podido dejar de mantener el precario equilibrio de mi paso por el lugar. Me parece que es luego de la observación, el respeto y la tolerancia que podemos intercambiar nuestras sensibilidades. Los personajes fueron perfilándose a través de esta correspondencia, se fueron definiendo en función a la propuesta de universalizarlos.

Desde las escenas iniciales, como la llegada a casa de la abuela, se siente que no se trata de un documental convencional sino que se usa mucho la puesta en escena, recreando una ficción. ¿Por qué se decidió por esta opción?

En cada situación, de las cuatro que presentamos, surgieron las historias como muy naturalmente y con diferente motivación. Entendí en el momento que el documental tenía que reflejar la situación y la cotidianidad de la propia gente, que la oportunidad que tenía era la de acompañar, durante una pequeña etapa, como casi una confidencia, a la gente de cada lugar y que fueran ellos los que representaban su diario acontecer. Intentar buscar definiciones, estadísticas o descripciones teóricas, hubiera sido entorpecer la definición natural de los personajes que intervienen en el documental.

Para recrear estas escenas, ¿tuvieron que escribir un guión al pie de la letra? ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de recreación?

De alguna manera, más peculiar que convencional, luego de unos días de permanecer entre ellos, escribí una situación eventual que se les podía presentar sin alterar su forma de vida, esto a la manera de un guión, y que luego conversábamos y lo adecuábamos a cómo ellos podrían reaccionar ante el acontecimiento de ese tipo. Algunas de estas situaciones están basadas en la experiencia relatada por la persona que nos habíamos fijado y que se encontraba atravesando un determinado problema existencial y vimos la oportunidad de levemente forzar a que asumiera una actitud frente a ello. En otra de las situaciones, una práctica común de acoso agresivo que encontramos en cierto nivel social trastornado y queríamos hacerlo evidente y denunciar el atropello. Los otros casos fueron más bien circunstanciales.

¿Cómo fue el ensayo y el trabajo con los personajes? De alguna manera, se convierten en actores representándose a sí mismos. ¿Fue fácil dirigirlos? ¿Qué dificultades hubo?

En casi todos los casos nuestros personajes no habían visto televisión ni mucho menos cine, no les resultaba un reto objetivo sino seguía siendo una practica subjetiva, cotidiana, sentían curiosidad por nuestra pretensión de que les pidiéramos que hagan y dijeran cosas que hacen todos los días y las repitiesen frente a nosotros.

Algo que nos llamó la atención fue comprobar que en la vida rural, donde aparentemente todo sucede con mucha calma, muchos de ellos nos decían que no tenían tiempo para estar con nosotros por mucho rato, que tenían cosas que hacer, cuidar el ganado, recoger materiales para mantener el fuego, ir a hacer algún intercambio con algún vecino, actividades que no se pueden compensar con el pago de dinero, son actividades de urgencia inmediata, constante, impostergables. Esta condición nos llevó a tener poco margen para repetir la toma, tenía que salir a la primera o a lo más, a la segunda y rápidamente pasar a otra cosa, en nuestro caso preparar la siguiente escena, mientras que ellos corrían a resolver lo que tenían pendiente.

¿Qué tan complicado fue la parte de producción? Pienso en los innumerables parajes que tú y tu equipo han tenido que realizar, desde la laguna de los Andes hasta las comunidades awajún en la selva. ¿Cuánto demoró el rodaje? ¿Qué fue lo más complicado en ese sentido?

Una de las más exigentes situaciones que tuvimos que afrontar fue la casi nula consideración de los organizadores de la convocatoria para con las condiciones climatológicas del país, sentíamos como que si el concurso estuviera diseñado para realizaciones urbanas donde es posible mantener bajo control las fuerzas de la naturaleza. Hubo demora para que salieran las partidas económicas y para ponerse de acuerdo con las condiciones que otorgaría el canal de televisión estatal y ya estábamos entrando al mes de octubre. En los Andes las lluvias llegan en noviembre o diciembre, trasladarse en esta época de crecida del río es dificultoso y mucho más caro, teniendo en cuenta además que el plazo puesto para la realización y entrega del documental era de 210 días. Nos vimos forzados a registrar el video con el dinero de la pre producción y con préstamos onerosos. Trasladarse por río en la selva en esa temporada es más complicado que lo normal y no es posible encontrar muchas alternativas. En algún momento, navegando por el río en una lancha con motor fuera de borda, teniendo a nuestras espaldas las nubes negras que bajan de la cordillera descargando la torrencial lluvia, un tronco partió el eje del motor y quedamos a la deriva, con un solo remo y nuestras alpargatas como ayuda para llegar a la orilla donde encontráramos gente viviendo en alguna cabaña, para por lo menos dormir bajo techo.

Desde la primera historia, se ve una preocupación por mostrar la cultura que vive en el país: desde la tradición oral de madre a hijos, hasta la misma importancia de la medicina natural. ¿Hace un registro de estas culturas o es, también, una llamada de alerta? (por ejemplo, el caso awajún, tan discutido en estos años).

Con el paso del tiempo la sensación que me ha quedado es la reafirmación de haber buscado en la realización del documental un lenguaje que esté plenamente dedicado al alcance, comprensión y aproximación de la mayor cantidad de personas, especialmente de las que viven bajo condiciones limitadas. Una de las experiencias que he atravesado en mi vida es la de haber visto y convivido en este país, prácticamente en todas las etapas de la historia de la humanidad, desde la edad de piedra, de nómades, recolectores, pescadores, cazadores, hasta la más moderna y actual sociedad, donde está en riesgo la naturaleza, la que crea y recrea, la que agoniza en este momento por la continua agresión a la que está siendo sometida. Hacer cine es para mi compartir con la naturaleza y con la humanidad sus profundas y significativas condiciones, como con nuestro propio cuerpo, hemos recibido belleza e inmensa riqueza, si lo corrompemos nos destruimos con ello.

Con respecto a los pueblos amazónicos, hay una tradición de maltrato histórico hacia la selva. Están los años del caucho y recientemente temas como el Baguazo. ¿Cuáles cree que son los pasos siguientes para los pueblos indígenas en su búsqueda de reconocimiento nacional?

La destrucción es grande y apurada, en muchos casos irreversible a pesar de los esfuerzos que hace alguna valiosa gente, técnicos, ingenieros, biólogos, ecologistas para plantear alternativas y tratar de detener o regenerar los daños producido al bosque. Para comenzar es notoria y determinante la ausencia del estado, a la selva siempre se le ha considerado la despensa o la tierra de nadie, o el lugar de extracción indiscriminada ya que se cree que se va a regenerar naturalmente, o como lo planteó ese energúmeno, se impide que se le explote por considerar a quienes se oponen a su utilización indiscriminada como “perros del hortelano”.

Los pobladores ancestrales, la gente que ha vivido equilibradamente en la amazonía desde tiempos remotos han perdido sus territorios, los cuales no se ubicaban en un determinado lote, es un concepto que va más allá, para esto es necesario comprender al sentido de territorialidad como el espacio en que un pueblo puede desarrollar sus derechos y determinar su modo de vida. Al manejar una agricultura muy precaria, ellos se sirven de los frutos y animales que normalmente se encuentran según sus necesidades sobre una gran extensión de terreno al cual regresan periódicamente, en cuanto ya se ha regenerado la zona, entran al bosque sabiendo qué van a encontrar en él. Al llegar el campesino andino desde sus sobreexplotadas tierras y al convertirse en colono, toma posesión de los lugares en los que no encuentra a nadie asentado y que aparentemente están vacíos, además de utilizar armas de fuego provocando que se espanten los animales hacia lugares más alejados e inaccesibles. El originario, al arribar al lugar, sabiendo que se ha cumplido el ciclo de regeneración, encuentra que ya está cercada el área y a gente que vive allí trabajando la tierra, considerándola como propia, lo que lo obligará a convertirse a su vez en campesino, sin el conocimiento, ni las herramientas necesarias, es decir, es forzado a cambiar de estatus, degenerando su sistema de vida.

En cierto modo existe un eje en la película: mientras más cerca de la civilización estamos, más peligros nos encontramos. Esto pasa con la adolescente de la ciudad rural donde se mezcla la juventud, la cerveza y el engaño masculino. En cambio, aunque son espacios más frágiles, tanto en el aislamiento awajún como el de los Andes hay una mirada más inocente. ¿Fue una decisión planeada? ¿Comparte esta opinión?

Es una lectura que haces muy bien planteada, pero no lineal. Es cierto que encima de los cuatro mil metros sobre el nivel del mar, en el que iniciamos nuestro recorrido, sobre la laguna Lauricocha, el poblado más cercano se encuentra a varios kilómetros de distancia. En lugares así, alejados, se hacen evidentes la nula degeneración del ser humano, funcionan valores como la reciprocidad y la solidaridad.

En la segunda historia del documental, sobre el puente Balsas, en el Centro poblado del mismo nombre, ya se encuentra un tipo de población mestiza y en el que se encuentran signos de corrupción y violencia, especialmente entre la gente que por allí transita en su recorrido de Cajamarca hacia Chachapoyas. Luego el río vuelve a penetrar en zonas alejadas de la carretera, hacia la zona del río Cenepa, una de las cuencas afluentes del Marañón, en plena zona awajún, donde se mantiene un modo de vida sencillo y directo. Posteriormente, antes de llegar a la confluencia con el río Ucayali para dar nacimiento al río Amazonas, encontramos mayor diversidad de población, comerciantes, obreros petroleros, navegantes, sectas religiosas, empleados del estado y es allí donde se hace evidente la transformación humana en un ser deformado por las diversas condiciones de la miseria.

Justamente, sobre el tema de la inocencia, el documental parece dirigido también a un público más adolescente (por el tono de voz, el relato mismo, etc). ¿Así fue diseñado?

Me parece que sí, como lo dije antes creo que la sugerencia que a mi me interesa que llegue a nuestra potencial audiencia busca encontrarla en la etapa del despertar de conciencia, no necesariamente adolescente en edad, sino la que está en formación, para reforzar su identidad cultural y promover el cuidado del medio ambiente. Considero que si el sector de la población que se encuentra sensiblemente desprejuiciado de cargas morales convencionales, que es el fundamental para mí, puede entender e involucrarse con valores de integridad humana propuestos en el documental, cualquier otro público sensible igualmente podrá acceder a estos contenidos.

¿Qué significó para usted este proyecto, estos viajes, esta mirada global sobre su nación? ¿Le dio nuevas miradas sobre el Perú? ¿Le confirmó otras que ya sabía?

En el Perú vivimos permanentemente con situaciones críticas debido a la variedad de recursos que posee nuestro territorio, acompañada de la voracidad de los consorcios explotadores y la comprobada tolerancia de los organismos de gobierno, interesados a su vez en satisfacer su propio beneficio. No podemos dejar de comprometernos con los casos de explotación contra los seres humanos y contra la naturaleza, promovidos por un sistema basado en la corrupción y la indiferencia.

Entre otras situaciones, además del vertido de residuos contaminantes a las fuentes acuíferas, está vigente la intención de construir varias represas hidroeléctricas en el cauce del río Marañón, algo que provocará la desaparición de poblaciones que se encuentran en su ribera y el colapso del hábitat ictiológico y por lo tanto de la cadena trófica. Igualmente el bosque amazónico sufriría graves consecuencias debido a la alteración de su ecosistema.

Deja un comentario