Entrevista con Sergio Adrián Iglesias, por Fernando Vílchez Rodríguez.
Sergio, su documental ofrece un acercamiento sensible de lo que significa el universo de la venta de futbolistas argentinos al mundo. ¿Hasta qué punto hay un balance entre el acercamiento personal necesario para la pedagogía de un niño, y hasta qué punto es una mirada industrial, con exigencias mercantiles? ¿Qué conclusiones ha alcanzado luego de todo el proceso del documental?
La actividad del fútbol infantil en Argentina es muy amplia y heterogénea a lo largo y ancho de los más de 2.700.000 km2 de territorio. El fútbol en Argentina es una pasión popular y a la vez un desborde de excesos de los cuales pocos se salvan. Yo voy a hablarte de una generalidad y no de su totalidad. El fútbol infantil (hasta los 12 años) es competitivo, organizado en ligas y campeonatos regionales. Esta competencia exige a los técnicos, a GANAR domingo tras domingo para salir campeones al igual que en el profesionalismo.
Cada trofeo es un galardón para el club que categoriza la actividad y acerca más niños a la institución (más socios, más ingresos mensuales), también se convierte en un mérito para ampliar el currículum del técnico que cotizará mejor y será deseado por otras instituciones; y va a ser sólo un recuerdo para los chicos. Ese trofeo a los chicos no le aporta nada positivo más que una felicidad pasajera y una posible frustración a corto o mediano plazo. Entonces es muy difícil interpretar que los técnicos y dirigentes de los clubes tengan un acercamiento pedagógico para con el niño.
Fabricar un jugador profesional es una ardua, dura y hostil tarea. Recordemos que la materia prima de esta industria son niños y en sus distintas fábricas rigen procedimientos y metodologías diferentes. Los clubes más calificados y reconocidos de primera división ( las grandes fábricas ) tiene un mecanismo muy selectivo de trabajo y exigencia en sus categorías inferiores que están muy pero muy distantes a las aplicadas en los clubes de barrio ( pequeñas pymes en esta industria futbolera ). Estos clubes de barrio creen estar haciendo un bien con los niños y no se dan cuenta que lo están llevando para el lado de la frustración. Todos quieren tener un chico campeón y triunfador en el pueblo, club y ciudad, pero todos desconocen cómo se forma un campeón y generan una presión desmedida en el niño deportista.
Un árbitro, antes de un partido de fútbol infantil, recuerda a los padres que la fiesta es de los chicos, con aciertos y virtudes. ¿Cuánta es la presión que los padres meten en los jóvenes que quieren ser jugadores profesionales?
En la secuencia a la que haces referencia, hay que recordar que es previo a un partido de niños de 8/9 años. Nadie puede saber con certeza, viendo jugar a un niño de 8 años, si se va a destacar deportivamente o va a ser un profesional del deporte. Quienes se adjudiquen ese talento, mienten. Entonces, la presión que ejercen los padres en esos niños es desbordante desde lo emocional. No tiene una lógica. Hay papás que hoy sólo quieren que su hijo gane “como sea” el domingo. Lo quiere ver GANADOR. Y eso responde a una problemática social a nivel mundial en la que todos somos responsables y víctimas a la vez, porque parecería que en esta sociedad se es un Ganador (un winner) o un perdedor (un loser). Otros papás sólo quieren que su hijo haga goles, muchos goles… y “uno dedicámelo a mi”. Y están los padres que registran semana a semana la evolución de su pequeño hijo futbolista, como una historia clínica, para presentar en cuanto pueda a “su pollo” a cual representante o caza talento posible.
Todas estas acciones por parte de los padres terminan siendo una fuente de estrés para el niño alejándolo de lo lúdico y maravilloso que tiene el deporte infantil; y con esa presión aparece la frustración empujando al chico al abandono de la actividad deportiva. Esa presión suele jugar en contra.
¿Hasta qué punto la profesión de «futbolista» es importante en Argentina?
Es igual de importante en Argentina como en cualquier país del mundo donde el Fútbol instaló su gran negocio. Ser profesional del fútbol en Argentina es pertenecer a una élíte como lo es cualquier futbolista del Real Madrid o Barcelona en España, del Juventus en Italia, del Manchester de Inglaterra y así podemos seguir enumerando líneas y líneas.
Hay un pensamiento o tendencia a creer que en Argentina, el fútbol es la salvación de muchos chicos y familias pertenecientes a un estrato social de bajos recursos, ingresos, etc.
Pero hoy no están así. El 70 % de los niños quieren ser Messi, tanto niños de clase media, baja o alta; y sus padres están dispuestos a hacer lo que sea para que su hijo “llegue”. El de menos recursos le exigirá mucho a su hijo domingo a domingo, que haga goles y que gane, porque considera que ese es el único camino. El padre que más conocimiento y respaldo económico tenga podrá mover las influencias necesarias para que vean a su hijo, lo prueben y hasta a veces, logra que lo contraten de alguna institución.
El Futbolista Profesional, a diferencia de otras profesiones, hoy trasciende lo deportivo y pasa a ser un referente y muchas veces una MARCA que se populariza y mediatiza por todos los canales de comunicación y videojuegos. Gana muchísimo dinero y hace ganar a otros muchísimo más dinero que el que podamos imaginar. Pasa a ser una pieza dentro de toda una gran industria.
Dentro de los derechos del niño, encontramos que un niño tiene el derecho a disfrutar de los juegos, además de liberarlo de «ocupación o empleo que pueda perjudicar su educación». Desde que hizo el documental, hasta el día de hoy, ¿dónde se encuentra el fútbol de menores? ¿Es juego? ¿Es un casting para un trabajo?
El problema radica principalmente en la existencia del Deporte Infantil Competitivo. En crear ligas y campeonatos en menores de 12 años. En premiar de CAMPEÓN a niños de 8, 9 ó 10 años. La competencia infantil desvirtúa el fin de la actividad deportiva en niños y convierte el juego en un enfrentamiento y al contrario en enemigo. El negocio y ambición de los Comerciantes transforma el espacio lúdico del juego infantil en una vidriera de exposición para los Cazatalentos. Como bien vos decís todo termina siendo un casting para un futuro trabajo incierto.
La regularización, prohibición y no fomento del deporte Infantil Competitivo tiene que partir desde la Secretaría Deportiva Gubernamental. No hablo de prohibir partidos y encuentros, sólo de prohibir la premiación de CAMPEÓN a menores de 12 años.
Desde ya que en toda esta charla parto desde la generalidad, insisto y quiero destacar que en Argentina existen instituciones, profesores y entrenadores que apuestan diariamente al Deporte Infantil “Formativo” y no competitivo. Sin importarles el resultado del encuentro pero sí en el desarrollo, progreso y evolución del niño como persona y futuro deportista.
A pesar de tratarse de una película infantil, los personajes centrales son aquellos adultos que viven y participan de esta industria: cazatalentos, técnicos, dirigentes y padres. ¿Por qué no aparecen tantos niños?
Fue una decisión fundamentalmente de ética y parte del tratamiento visual. Los documentalistas caemos en un error fundamental al mostrar nuestra obra como única y transgredir la línea de lo ético con la convicción y/o excusa que todo lo justifica para mostrar la verdad, la realidad. Y terminamos haciendo lo mismo que criticamos o señalamos.
En este caso yo no me permitía mostrar la imagen de un menor, primero por el hecho de ser menor y segundo porque no eran los protagonista en esta historia. La cámara hace foco en nosotros los padres, entrenadores, técnicos, dirigentes y cazatalentos, únicos responsables en transformar el juego infantil en un juego especulativo. El mayor desafío en este documental fue observar y contar este mundo infantil colocando al niño fuera de campo.
Con fenómenos como Leo Messi, y en una época donde siempre se busca en todos los ámbitos a la nueva estrella lo más joven posible, ¿cuánta presión existe también para los cazatalentos, usualmente obligados a encontrar al nuevo crack mundial?
Ellos no están buscando todo el tiempo al crack mundial, porque es casi imposible saberlo. De hecho a Messi no lo quisieron en River, como no quiso el Flamengo al brasileño Ronaldo cuando tenía 17 años debido a que el club tenía que pagarle los pasajes en bus desde su casa. La historia se repite en todo el mundo y en todos los deportes, a Manu Ginóbili a los 15 años lo cortaron de la selección provincial y hoy es el mejor jugador en la historia del básquet argentino estrella de la NBA.
Ahora bien, desconozco si los cazatalentos tienen algún tipo de presión. Calculo, que como cualquier trabajo, ellos quieren ser eficientes, progresar y así poder recibir una buena remuneración por su trabajo. La mayoría no trabaja para una institución full time, son free lance que saben (según las cualidades de un niño y necesidades de los clubes) donde ubicarlo. Es tarea de ellos localizar futuras promesas para los 11 puestos de la cancha, no sólo Messis y Maradonas. Los Messis y Maradonas aparecen de vez en cuando sin que ellos lo puedan imaginar y menos fabricar.
¿Por qué eligió este tema?
Uno de mis hijos jugaba en esos tiempos en el fútbol infantil del Club del Pueblo y domingo a domingo vivía todas estas historias, histerias y climas alrededor de los chicos. Él me sumergió en ese mundo.
El arranque del documental muestra una realidad atractiva, casi agradable. Luego van surgiendo las fisuras de este mundo, y termina con una mirada dolida y casi hiriente. ¿Cómo fue la construcción del guión? ¿Fue descubriéndose mientras rodaba?
Es que así, tal cual vos lo visualizaste y percibiste, fue la experiencia real que viví en primera persona acompañando a mi hijo para verlo jugar al fútbol.
En una primera experiencia todo es hermoso y maravilloso. La tribuna de papás, los chicos con la ropita de jugadores, el árbitro profesional, la hamburguesa y la gaseosa del domingo sumado al arduo trabajo que realizan los papás para vender entradas, atender el buffet, cocinar las hamburguesas, decorar la tribunas con banderas, pintar la cancha para juntar un dinero y tener caja para pagar árbitros y micros; hace que te movilice y quieras participar.
Con el correr de los domingos comienzan a aparecer de a poco los sinsabores. Padres que insultan a los árbitros, padres que le gritan a los chicos, padres que critican a los chicos, padres que amenazan y se pelean. Técnicos que no hacen jugar a ciertos chicos porque los consideran poco hábiles, padres que están de acuerdo con esas estrategias porque tenemos que ganar. Dirigentes que promueven alguna trampa o engaño para sacar alguna ventaja deportiva para ser campeones. Prácticas aprobadas por los técnicos y puestas en práctica por ellos mismos. En definitiva la estructura del relato estaba escrita antes de rodar.
¿Qué tan complicado fue conseguir los permisos de los clubes para realizar esta película? ¿Tuvo algún problema al respecto?
Ese excelente trabajo lo realizó quien fuera jefe de producción del doc el “Vasco” Guillermo Ursagasti, con mucha experiencia en producción de documentales deportivos y amigo. Yo me respaldé mucho en él. El único problema que surgió fue que River declinó la autorización de entrar con las cámaras el día anterior de la fecha pactada, después de haber realizado toda la investigación de campo con la responsable de Acción Social de la institución, el psicólogo deportivo y director deportivo de las inferiores.
¿Qué tanto acceso le dieron los padres para la película? Hay momentos muy íntimos, ¿fue difícil hallar ese grado de cercanía con ellos?
No. Los padres que testimoniaron para el doc fueron muy abiertos y se entregaron ampliamente al relato con sus experiencias y vivencias. Fui claro con ellos en decirles que no estaba realizando un documental sobre sus hijos. Porque eso genera falsas expectativas en la familia. Detesto los documentales o especiales que intentan mostrar futuras promesas deportivas. También fui lo más profundamente honesto en consultar “qué” podíamos utilizar del material grabado y “qué” no.
Al generar este pacto, creamos un vínculo casi de confidencialidad entre ellos y la cámara. Transmitieron lo que realmente sentían en ese momento y en ese espacio.
Uno de los personajes es la madre de un niño que vino a probarse a Europa. ¿Cómo fue su experiencia en el rodaje de España?
Extraordinaria. Yo estaba en el Festival de Valladolid acompañando la peli documental BIALET MASSË UN SIGLO DESPUÉS y me llama el “Vasco” ( jefe de producción ) que había confirmado con la mamá de Juani y que me esperaba esa semana en su apartamento del Villareal. Llegué para un jueves o viernes y me quedé hasta el domingo inclusive en Villareal. Así pude, no sólo compartir dos o tres tardes con la mamá de Juani, sino que además ver entrenamientos y un partido del pequeño niño de 12 años.
Dos mundos contrapuestos y mostrados en la película. El desarraigo, la soledad, la distancia, la esperanza, todo sintetizado en esa mujer que me recibió magníficamente y se abrió ampliamente para con la cámara.
Estando en Villareal, viví el momento que cortaban a un compañero de Juani, otro argentino de 13 años, que ya llevaba un año en Villareal y lo alejaban del club porque en ese partido fue echado por el árbitro y al salir de la cancha patió muy fuerte una reja de la cancha. Imaginate ese llamado al padre desde España, “su hijo se vuelve mañana. El sueño terminó”.
¿Cómo fue el trabajo de cámara en un tema tan complejo, que incluye testimonios, partidos de fútbol, casi cámaras a escondidas a entrevistas entre managers y futbolistas?
Trabajamos casi siempre a dos cámaras y en algunas excepciones con tres cámaras. Andrei Duran fue el director de fotografía y quien hacía la cámara 1 ( principal ), la segunda cámara la llevaba yo y en los partidos colocábamos una tercer cámara. Casi todo el doc cámara en mano. La propuesta con los técnicos, mánagers, asesores y cazatalentos era verlos trabajar. Con ellos realizamos un seguimiento de varios días mostrando su trabajo en plena acción. Estaba convencido que el documental se podía contar con sólo verlos trabajar en sus actividades diarias. Llevando el tratamiento para el lado de documental de observación y no tanto de testimonio. Las historias y conflictos están ahí, en el día a día de sus actividades. Sólo era necesario capturarlas y editarlas.
¿Cuánto material rodó?
Imposible decirte con exactitud. Muchísimas, pero muchísimas horas y a dos cámaras. No podía realizarlo de otra manera. Podés saber o percibir que algo va a estallar durante la tarde de hoy en un espacio X, lo que no sabés es dónde precisamente y cuándo con exactitud. Para ello tenés que tener la cámara encendida.
¿Cuánto le costó el trabajo de edición?
Lo más complicado en este tipo de rodaje o documental de observación es la visualización del material. De todos modos, al finalizar la jornada tengo la costumbre de visualizar al menos una cámara y voy preseleccionando momentos que sé que me van a servir a la hora de editar. El montaje y edición lo realicé con Gustavo Codella y Eugenia De Rossi.
La película también nos habla de los fracasos. El joven que ve que no será una estrella y debe irse del club para dar paso a nuevos jóvenes. Los sacrificios de los padres para apoyar las carreras de sus hijos. ¿Qué conclusiones puede sacar sobre esta difícil situación?
Toda fábrica produce material de descarte que desecha y muchas veces contamina. La Fábrica de Fútbol también lo tiene, el material de descarte son Jóvenes de apenas 17,18 ó 19 años que en esta fábrica le dicen, no servís. Te volvés a casa. Aquí está la falla y fragilidad de esta industria. Cuidamos, protegemos y mimamos al niño que pareciera tener el talento que necesitamos. Hacemos lo imposible para que no le falte nada, ni a él ni a sus padres si es necesario. Le damos colegio, pensión y comida. Le exigimos que entrene y que se cuide como a un profesional. El niño se entrena doble turno y se cuida como un profesional, pero nadie le garantiza que va a ser un jugador profesional, porque en cualquier momento un cazatalento nos trae un pibe que juega mejor en su puesto, ese día tendrá que devolver el locker y en el bolso encontrará un pasaje en ómnibus que lo llevará de regreso a su casa.
Hemos fabricado un PERDEDOR. Este joven vuelve a su pueblo con el autoestima derribado con sólo 17 ó 18 años. Para el papá es una frustración y para todos fracasó.
No recibe ninguna contención sólo la que los padres puedan brindarle. Insertamos un joven frustrado en esta sociedad para que salga adelante. Pocos logran revertir esa situación, la mayoría viven la angustia y el fantasma del fracaso por siempre.
