En "Cristo Rey" tenemos un nuevo escalón hacia esa película que todos esperamos para decir: "¡Esta sí es!".

Por Alfonso Quiñones para Diario Libre, 30 de diciembre de 2013.

La segunda película de Leticia Tonos es mejor que la primera. Aquí se siente mayor dominio del pulso narrativo cinematográfico, y la intención de contar una historia con un trasfondo social complejo.

No obstante, «Cristo Rey» peca, desde mi punto de vista, en que en ese contexto social, los Romeo y Julieta actuales son tan poco posibles en la realidad como poco creíbles en la ficción: una linda dominicanita, hermana del capo de Cristo Rey, loca de amor por un haitianito, que no tiene ni dónde caerse muerto. No importa cuánto solidarice la miseria (de la cual ella no es parte del todo). Dicho sea, en un barrio como ése comparten espacio distintas realidades, que incluye la de la gente que quiere salir de allí, y lucha por ello, la de los dirigentes comunitarios, el rol de la iglesia católica y otras religiones. Que no están ni siquiera asomadas en «Cristo Rey».

Si James Saintil está muy bien en su protagónico, Akari -agradecida en cámara como pocas- está blandita en su rol, al cual le faltó sudor de barrio.

Sobra en la historia el profesor García, de Frank Perozo, quien tiene que aprender a decir que no a las propuestas. Yasser Michelén, dueño de algunos de los buenos momentos del filme, sostiene el pulso a su personaje, pero el motor se le encangreja en una escena en que parece que todo se derrumbará, allí cuando le hace la propuesta de traición a su medio hermano.

Jalsen Santana está bien en su coronel, como lo está Moisés Trinidad en Pedro Lee. Ambos deben cuidarse de encasillamientos.

La escena inicial del filme, bien resuelta musicalmente hablando, parecería estar de más desde el punto de vista cinematográfico, aunque aporta un ritmo, una cadencia, que ya no se perderá más en la película. Y ahí quizás esté uno de sus mejores elementos. Tonos le da el tono al ritmo a partir de esa escena, con una edición excelente de Angélica Salvador, buena fotografía de Kika Ungaro, la dirección de arte coherente de Giselle Madera y una música adecuada. Los movimientos en escena fueron muy bien diseñados, como si de un ballet se tratara.

En «Cristo Rey» tenemos un nuevo escalón hacia esa película que todos esperamos para decir: «¡Esta sí es!».

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