Artículo sobre el director Luis Alberto Lamata, por Jorge Ruffinelli. Publicado en 50 cineastas de Iberoamérica: generaciones en tránsito (2008), México: Cineteca Nacional-Imcine, pp. 294-296.
Se puede hablar de Luis Alberto Lamata desde dos ángulos de su trayectoria: uno, como el sensible estudioso que traslada su pasión por la historia en filmes de época, realizados con escasos recursos pero sin demérito alguno de la narración; y el otro, el director de cine y televisión de consumado oficio y buen ojo para saber lo que agrada al gran público. Como ejemplos de lo primero, ha realizado Jericó (1990), Desnudo con naranjas (1994) y Miranda regresa (2008), así como populares telenovelas, como Topacio y Cristal.
Los primeros trabajos de Lamata, nacido en Caracas en 1959, fueron como asesor de Carlos Azpúrua en el largometraje documental Amazonas, el negocio de este mundo (1986), y como coguionista y asistente de dirección en el filme Profesión vivir de Carlos Rebolledo. En 1984 realizó Félix o sabe usted cuánto gana un cajero, su primer cortometraje, hecho con varias latas de película en 35mm sobrantes de una filmación y que fueron el pago por su trabajo. Un día de éxito ¡por favor!, de 1987, lo hizo acreedor por segunda vez al Premio Jóvenes Cineastas en Venezuela.
En 1990 rodó Jericó, su primer largometraje, cuya notoriedad en los festivales del mundo marcó a la cinematografía venezolana de su época. Jericó acontece en un lugar de la selva amazónica a comienzos del siglo XVI, cuando un misionero dominico sobrevive a una cruel expedición al mando de un sanguinario conquistador español y se integra por cinco años a los indios caribeños. La película obtuvo el premio a la mejor ópera prima en Biarritz, el gran premio Coral en La Habana y el premio del jurado en Cartagena.
El segundo largometraje de Lamata, Desnudo con naranjas (1994) es otra película de época, inspirada libremente en el cuento “El diablo de la botella” de Robert Louis Stevenson, y en algunas leyendas de la costa venezolana. El relato, ambientado a mediados del siglo XIX durante una guerra civil en Venezuela, describe la curiosa relación entre un indio desertor del ejército y una mujer desvalida, de origen aristocrático, que emprenden juntos un recorrido lleno de aventuras.
Miranda regresa (2007), su tercera incursión en el cine de época, es una reconstrucción de la vida y obra del general Francisco de Miranda, prócer de la independencia de Venezuela, en una narración que da cuenta de los momentos importantes de este héroe, de sus viajes y de su trayectoria como libertador, militar y desenfrenado don Juan.
En contraste, El enemigo (2008) fue rodado en quince días, en video digital y con un equipo de trabajo muy reducido. Esta reflexión intimista sobre la violencia en la capital venezolana fue financiada exclusivamente con aportes personales y la colaboración solidaria de artistas y técnicos, y es una versión libre de la obra teatral Un corrío muy mentado, de Javier Moreno. El filme se desarrolla principalmente en espacios cerrados y a través de diálogos en los que los personajes debaten puntos de vista y confrontan sentimientos.
Así, la historia en esta cinta debe ser reconstruida por el espectador a partir de los indicios que le ofrecen. Hay planteamiento de problemas e intensa discusión, pero no soluciones ni justicia poética. La tragedia se desarrolla con el sutil trasfondo de una guerra social, como en muchas de las películas venezolanas ubicadas en los barrios populares desde la década de los noventa, pero el mérito de Lamata consiste en trascender la simple acción para ofrecer un ejemplo de cine de inquietud moral.
El enemigo viene a coronar una serie de filmes venezolanos sobre delincuentes, que incluso ya ha dado lugar a un subgénero fílmico local, bautizado por el propio Lamata como “cine de malandros”.
