Artículo sobre cine mexicano en 2012, por Rafael Aviña. Publicado en el suplemento cultural El Ángel del diario Reforma. 23 de diciembre de 2012.
El 2012 estuvo lejos de convertirse en un buen año para el cine mexicano. A diferencia de los últimos tres, sólo llegaron al público cerca de 40 filmes, dos de ellos de animación: Zbaw. Mejores amigos y la versión fílmica de la historieta de Jis y Trino, El Santos contra la Tetona Mendoza, así como nueve documentales, algunos de corte comercial, como Libra por libra, Hecho en México y el fallido ¡De panzazo!, al igual que otros atractivos documentales que contaron con la complicidad de instituciones como Cineteca Nacional y la Filmoteca de la UNAM para ser exhibidos: Un día menos, Visa al paraíso, Flor en otomí, Los rollos perdidos, México 200 años después, que marcó el regreso de Mitl Valdez, y El lugar más pequeño, de la salvadoreña egresada del CCC Tatiana Huezo y, sin duda, uno de los mejores filmes vistos este año.
Es cierto que en materia de cine el gobierno de Felipe Calderón, a través de Conaculta y sus instituciones, apoyó y difundió múltiples proyectos, desde festivales hasta investigaciones y películas de jóvenes promesas, veteranos y varios debutantes. No obstante, falló, como lo han hecho gobiernos anteriores, en lo relativo a la protección de los espacios fílmicos nacionales, arrumbados a los peores horarios y en constante competencia desleal con el cine que llega de Estados Unidos.
A la urgencia de revisar y actualizar la Ley Cinematográfica habría que pensar en la creación y/o utilización de recintos alternativos para el cine mexicano y otras cinematografías no hollywoodenses, más allá de las sedes alternas existentes.
En ese sentido, tanto la flamante Cineteca Nacional, aún inacabada, y la Filmoteca de la UNAM, que en breve compartirá una sala de cine con el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), que estrena director (José Felipe Coria), y dentro de poco también un nuevo edificio en Ciudad Universitaria, no sólo tienen el compromiso de exhibir más cine nacional y fomentar proyectos de investigación, sino de formar nuevos públicos, apostando no sólo por los cinéfilos cautivos, sino por las nuevas generaciones que vienen, para quienes el cine mexicano se reduce a los ciclos de siempre en la televisión o el cine que se hace hoy.
Válidos los esfuerzos de muestras y festivales modestos o nuevos como Riviera Maya Film Festival, Short Shorts, Docs DF, Ambulante, Cine Gay en la UNAM, FICUNAM, Mórbido, Tlalpujahua, Tulancingo, Puebla, el Festival de la Memoria en Cuernavaca que opera con un presupuesto irrisorio, o el de festivales de mayor holgura y tradición como Guadalajara y Guanajuato. Sin embargo, dos festivales fílmicos mostraron sin proponérselo el pulso de nuestro cine: sus contradicciones, puntos álgidos y su repercusión con el público. A 10 años, Morelia sigue siendo el espacio de cine nacional (e internacional) más propositivo y menos anquilosado. Por su parte, el FICA Acapulco, busca una personalidad y estilo que aún no tiene, pero que suple con su calidez y entusiasmo.
Sin duda, obras como las proyectadas en concurso o fuera de éste en Morelia, como fue el caso de Post Tenebras Lux, recién estrenada, exponen con inteligencia y reflexión crítica, no sólo el desencanto de una nueva generación de jóvenes realizadores, sino la desilusión social de la mayoría de los espectadores (y votantes) a pesar de que la mayoría de éstos no tienen acceso a estas obras que se estrenan con varios años de retraso o en pésimas condiciones (Los últimos cristeros, El lenguaje de los machetes, El sueño de Lu, vistas hace un año en Morelia), a las que se suma por ejemplo Después de Lucía, de Michel Franco, que, junto con el filme de Carlos Reygadas, encarna el cine que mejor representa la crisis emocional, anímica y de valores por las que atraviesa el País al igual que la violencia brutal e imparable que cada día se adueña más de la nación.
En cambio, el cine comercial mexicano visto en Acapulco, un cine plagado de estrellas televisivas, pueril, morboso, mojigato, complaciente, repleto de fórmulas cómicas o melodramáticas heredadas de la televisión y de gran cuidado visual y estético, es justo ese cine escapista e inocuo, que por lo general llega a la cartelera comercial multipublicitado por los medios electrónicos. Ejemplo de ello, de lo visto en este 2012, La última muerte, El cielo en tu mirada, Suave Patria, Morgana, Viaje de generación, Luna escondida, Chiapas: el corazón del café.
A obras con un sello de prestigio, pero irregulares y en el fondo, anodinas, solemnes y en ocasiones tremendistas como serían Cartas a Elena, Travesía del desierto, Morelos, El quinto mandamiento, Días de gracia, La vida precoz y breve de Sabina Rivas, se sumaron en este 2012 algunos filmes interesantes, pero disparejos, que se quedaron a mitad del camino: A través del silencio, Flor de fango, Acá entre nos y Colosio: el asesinato, así como dos eficaces y entretenidas comedias alejadas de toda pretensión y muy bien actuadas: El fantástico mundo de Juan Orol, de Sebastián del Amo, y Adiós, mundo cruel, de Jack Zagha, más el afortunado homenaje cinéfilo que Juan de la Riva hizo en Érase una vez en Durango.
Para finalizar, en el último año se fueron, entre otros, Pedro Armendáriz Jr. (26 de diciembre), Fernando Casanova, Jorge Luke, Octavio Castro, Martha Rangel, Miguel Couturier, el promotor y crítico Joaquín Rodríguez y los cineastas Alfredo Joskowicz, Gustavo Montiel Pagés, el argentino Octavio Getino y la coreógrafa Gloria Mestre. Filmoteca editó en dvd La mancha de sangre, de Adolfo Best Maugard, y se editaron los libros Cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011, de Hugo Lara y Elisa Lozano; El documental de la Revolución Mexicana 1910-1914, de Juan Felipe Leal; Mirador en una cuerda floja (Hollywood y el lado oscuro del realismo), de Daniel González Dueñas; La generación de la crisis, de Alejandro Pelayo; María Victoria. El alma en el cuerpo, de Beatriz Espejo, y Antes de la película: Conversaciones alrededor de la escritura cinematográfica, de Ana Cruz.
