Entrevista a César Charlone, director de La Redota. Una historia de Artigas, por Federico Bentancor. Publicada en La República (Uruguay). 29 de julio de 2011.
Varias historias dentro de una historia. El pintor de la patria que debe recrear el rostro del prócer desconocido para todos se basa en los apuntes de un espía español que intentó asesinarlo. El documento conduce a momentos cruciales para el nacimiento de una nación que, 200 años después, siguen vigentes. Ese juego de cajas chinas es el que narra “Artigas. La Redota”, filme que hoy se estrena en Uruguay.
César Charlone, codirector de “El baño del papa” y nominado al Oscar por su trabajo como director de fotografía en “Ciudad de Dios”, aceptó el desafío de la Televisión Española (TVE): rehacer un trozo de la historia de Artigas para incluirlo en la colección “Libertadores”.
¿Qué le atrajo de Artigas para decidirse a filmar una película sobre él?
¿A quién no le atraería hacer una película sobre Artigas (interpretado por Jorge Esmoris)? Principalmente con lo poco que lo conocemos, aunque vivamos con él todo el tiempo. Pero en el fondo, no sé si lo conocemos tanto. Lo que la película cuenta es que Blanes inventó su imagen. Inventarlo era un desafío para nosotros, con Pablo Vierci (el otro guionista), como lo fue para Blanes. Era una diversión más que un desafío. Descubrir nuestros orígenes. ¿Cuántas películas hay de la Revolución Francesa? Nosotros no tenemos esa referencia. Cuando ponemos a los futuros orientales viviendo en carretas y carpas de cuero, estamos mostrándonos como somos.
¿Le interesa la Historia como disciplina? ¿Por qué eligió retratar el Éxodo?
Siempre me interesó la historia, pero como me fui del Uruguay joven, a los 20 años en el 70, a estudiar cine en Brasil, tenía más interés por lo contemporáneo, desde la dictadura hacia acá. En la época de la escuela de cine tuve interés por el campamento del Ayuí, por el Éxodo; me parecía muy cinematográfico. Cuando me invitó TVE dije ‘qué bueno esto’. No hago el Éxodo porque es caro y complicado, pero sí el campamento.
Nuestra gran batalla fue que nos juntáramos en un lugar. Ahí empieza el sentimiento de nación. Antes eran un montón de criollos y gauchos desperdigados por un pedazo de territorio. No había una identidad: era España en América y la capital era Madrid. De repente, ante una amenaza, nos unimos. Cuando hicimos una función para historiadores, Carlos Maggi me dijo: ¿por qué no le ponen ‘El nacimiento de una nación’? En cierta forma, creo que en el Ayuí nacemos.
Defina el concepto del filme.
Tenemos tres protagonistas: un artista (Juan Manuel Blanes, encarnado por Yamandú Cruz), un político (Artigas) y un militar (un español graduado con honores, Guzmán Larra, interpretado por Rodolfo Sancho, hijo de Sancho Gracia, productor de la película). En esas tres historias hay una búsqueda. Eso resume la película. La búsqueda de una identidad, la de un tipo para matarlo y la de una imagen para pintarlo. Siendo la muerte una oposición de la pintura, que es la vida, sugerimos que Blanes hace nacer a ese Artigas que puede ser una invención.
El nacimiento de un héroe.
El nacimiento de la leyenda, la mistificación. Y el personaje de Artigas responde a eso en la película cuando dice: “Pobre e infeliz el pueblo que dependa de un nombre o de un hombre”.
Busca rescatar al Artigas de carne y hueso.
-Y a la gente que lo rodea. Uno siempre se centra en el líder y se olvida de que él, sin la gente, no es nada. En la película el espía español, que él cree que es un periodista, le pregunta a Artigas por qué está ahí. “Usted es un general”, arriesga. “No, yo soy lo que ellos quieren”, responde Artigas.
¿Quién será esa figura que en los años más duros del Uruguay fue reivindicada desde lo grupos de ultraderecha y los de ultraizquierda, desde los Tenientes de Artigas y los Incendiarios de Artigas?
¿No siente que una película sobre Artigas va a estar bajo la lupa de todos?
¿Qué cosa más divertida que meterse en un rollo? Era el desafío de jugar con la imagen.
¿Qué define al Artigas que construyó en la película?
Yo diría que es un conductor conducido. Lo definiría como una necesidad de tener un referente. Precisamos crear una figura que nos guiara.
¿Va a chocar a la gente ver a un Artigas en movimiento?
Lo que hemos recogido de algunas proyecciones es que vamos bien, en carreta. Creo que puede sorprender, pero chocar en el sentido negativo no. Siempre lo viste quietito, en los billetes, en los cuadros o en estatuas. Pero siempre quieto. Aquí habla, toma mate. El Ejército ya hizo un documental en el que aparecía. En teatro también se hizo.
¿Cómo eligió al actor que encarna a Artigas?
No me imaginaba que iba a ser tan simbólico para la gente. Me preguntaban quién iba a ser Artigas pero no de qué iba a tratar la película; era muy fuerte. En el casting cada actor me daba un Artigas diferente. Me ajusté más a lo que escribí e imaginé. Es difícil de poner en palabras; me manejo con sensaciones. Elegí lo que él me transmitía en su forma de hablar y expresividad. No era mejor que los otros: era más parecido a lo que me había imaginado.
¿Por qué no optó por el castellano de la época?
Por mucho tiempo me torturé con eso. No tenemos experiencia de cine. Era mi primera película de época. Vi muchas y en las que más me gustaban se hablaba “normal”. Recibí el certificado de “podés” cuando vi “Amadeus” de Milos Forman. Si está bien actuado, se puede.
¿Qué referentes usó para esta película?
Estaba escribiendo y de noche veía dos películas por día. Un referente fue la serie “John Adams”, porque corresponde a un período muy próximo al de Artigas. Descubrí detallitos de la forma de trabajar de ellos que apliqué, por ejemplo la cámara en mano.
¿Cómo define el ritmo de la película?
Quería que hubiera un editor extranjero para que le diera una visión internacional. Invité a Daniel Rezende (“Diario de motocicleta”, “Ciudad de Dios”), con quien trabajé en “Ciudad de los hombres”. Pensó que buscaba hacer una película sobre el arquitecto brasileño (João Batista Vilanova) Artigas; no tenía la menor idea. Eso estaba buenazo: no estaba contaminado. Rezende tiene el ritmo con el que nos gusta trabajar: ágil, pero con momentos estirados.
¿Qué importancia tiene el personaje de Ansina (encarnado por Gualberto Sosa)?
El personaje del periodista le pregunta a Ansina qué servicio le presta a Artigas y él le responde: “Soy su sombra”. Es como un alter ego. Fuimos muy cuidadosos con los personajes reales.
¿La intención es que reflexionemos sobre los orígenes de la orientalidad?
Me interesé por hacer una película contemporánea. Esa búsqueda de la identidad puede existir hoy. Me encantaría que la viera mucha gente. Creo que va a llevar a que se converse sobre quiénes somos.
