Por María Lourdes Cortés. Publicado en Diccionario del Cine Iberoamericano. España, Portugal y América; SGAE, 2011; Tomo Tomo 6, pags. 535-541
Panamá. País de Centroamérica cuya extensión es de 78.200 km2. Limita al norte con el océano Atlántico, al sur con el océano Pacífico, al este con Colombia y al oeste con Costa Rica. Su territorio está dividido en nueve provincias y cinco comarcas indígenas; sus ciudades más importantes son Panamá, la capital, San Miguelito, Colón y David. El clima lo determina el hecho de ser una franja de tierra angosta ubicada en la zona intertropical próxima al Ecuador terrestre y con una fuerte influencia de su orografía. La mayor parte de la población vive en la región costera del golfo de Panamá, en la península de Azuero y en especial en las áreas metropolitanas de la Ciudad de Panamá y de Colón. En 2005 la población estimada es de 3.140.000 habitantes; el 58 % de mestizos, 14% de afrodescendientes y mulatos, 8,6 % de blancos, 7% de indígenas y 5,5 % de asiáticos.
I. Los inicios del cine en el país. II. Las primeras ficciones. III. Cambio de estética. IV. En busca del cine nacional. V. Transformación del GECU y llegada del video. VI. La invasión y los nuevas temas.
I. LOS INICIOS DEL CINE EN EL PAÍS. El cine llega a Panamá en 1897, país que en ese entonces es todavía un departamento que forma parte de la República de Colombia y de la cual se separa en 1903. El vitascopio y el cinematógrafo se presentan a escasas semanas uno del otro. La compañía del prestidigitador Balabrega, nombre artístico de John Balabrega Miller, llega al puerto de Colón el 13 de abril de 1897 en el vapor Str. Holstia. La presentación se efectúa en una carpa instalada en un lote donde se suelen organizar distintos espectáculos. Es posible que el programa incluya los títulos usuales del repertorio Edison que más tarde se proyecta en el resto de Colombia, como Las señoritas Shalt en el baile de las palomitas, La serpentina, Elena y Marta con el andarín Carlos y El martirio de Juana de Arco, entre otros. Balabrega llega a Ciudad de Panamá a finales de abril y en junio arriba el operador francés Gabriel Veyre con el cinematógrafo Lumière. Este recorre, desde 1896, toda el área centroamericana, y filma vistas de pueblos y personajes; continúa su recorrido hacia Suramérica y en noviembre de 1897 regresa a Colón, donde vende su aparato al empresario Salvador Negra y Pagés.
Las primeras filmaciones de las que se tiene noticia en Panamá, pertenecen al cuerpo de cine del ejército de Estados Unidos, que desde 1904 registra los trabajos de construcción del Canal. Las imágenes muestran a los obreros, a los ingenieros que dirigen la excavación y hasta la visita del presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt a Panamá, el 14 de noviembre de 1906; así como el posterior recibimiento del mandatario siguiente, William H. Taft. El gobierno estadounidense también filma la llegada de trabajadores antillanos a los puertos del país que están bajo su control; así como los trabajadores de la obra canalera mientras abordan y bajan del ferrocarril, también en manos estadounidenses; los obreros cuando trabajan en las excavaciones a punta de pala y pico, y utilizan máquinas y palas mecánicas, vagones y vapores. Se muestra el progreso de la construcción de las esclusas y la vida cotidiana de los trabajadores, ingenieros y autoridades del enclave.Finalmente, se presenta la inauguración formal del canal en 1914 con el famoso tránsito del vapor Ancón. Otras imágenes que registran el histórico acontecimiento en 1914 son The Flooding and Opening of the Panama Canal, de Eugene H. Hagy, y Panama and the Canal from an Aeroplane, de George F. Cosby y M. B. Dudley. Todos estos equipos de filmación son estadounidenses.
El negocio cinematográfico se inicia en Panamá alrededor de 1915. Algunos como Angela Godoy Cedeño, consideran que Robert Wilcox, quien se establece en Colón, es el primero en exhibir y distribuir películas que adquiere a las casas productoras. También en el puerto de Colón se instala la primera sala de proyección cinematográfica, el Teatro América, asimismo propiedad de Wilcox. Como es normal en los enclaves en los que dominan las compañías bananeras o el gobierno de Estados Unidos, la sala está segregada y se divide en dos partes, el centro se reserva de modo exclusivo para los estadounidenses, mientras que los ciudadanos panameños y de otras nacionalidades, como chinos y jamaiquinos, ocupan las filas laterales. A partir de 1928, las grandes empresas distribuidoras, Universal, Paramount, Columbia, Fox, Warner Brothers y, más adelante, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) deciden trasladarse de Guatemala a Ciudad Colón, desde donde realizan la distribución internacional para América Latina. Sin embargo, si bien esto atrae a algunos inversionistas a hacer películas en Panamá, no afecta de manera significativa la producción nacional. Es decir, el cine llega como consumo, como entretenimiento, pero no se percibe como una industria para desarrollar, lo que también sucede en el resto de Centroamérica. No es sino hasta las décadas de 1920 y 1930 que el camarógrafo panameño José Antonio Sosa y el laboratorista francés John de Pool realizan artesanalmente los primeros noticieros panameños. En las décadas de 1940 y 1950, Manuel Ricardo Sánchez Durán rueda noticieros que luego se convierten en la Revista Nacional, producida por John H. Heymann y Jorge Carrasco.
La Revista Nacional incluye una serie de documentales informativos sobre la realidad nacional, política, fiestas, inauguraciones, que se filman en 35 mm, y blanco y negro. La empresa Estudio Latinoamericano SA (Cinelsa) de Heymann y Carrasco, proyecta sus revistas en los cines hasta la década de 1960. Esta empresa se diversifica hacia la publicidad y realiza los primeros documentales del gobierno de Omar Torrijos. También, Ernesto de Pool filma la primera película sobre la tradicional fiesta de La Balsería de los indígenas. El filme se realiza en 1943 y comienza con tomas aéreas sobre diversas regiones del país hasta llegar a un campo de aterrizaje ocasional, donde luego se ve la caravana de indios que atraviesa los más peligrosos caminos en dirección a Cerro Vaca, a una distancia de siete horas de viaje y da comienzo al ritual juego indígena.
II. LAS PRIMERAS FICCIONES. Carlos Luis Nieto, costarricense radicado en la provincia panameña de Santiago de Veraguas, realiza la primera ficción. Adquiere un equipo de filmación en 1933 y filma acontecimientos de su pueblo. Entre los cortos que sobreviven se encuentran Elecciones en Santiago y Todos compran billetes y chance, que presentan vistas rurales de la época. El primero muestra un día de elecciones en el pueblo, con imágenes de los votantes, una escuela rural, los miembros de las mesas, un candidato y su familia, así como la actividad cotidiana de la comunidad. El segundo es un retrato breve de la afición nacional por la lotería. Su primera ficción aborda el tema clásico del viaje del campo a la ciudad y la visión de esta última como causante de la corrupción del ser humano. Al calor de mi bohío (1946) es una producción artesanal que se filma en 16 mm, en color. Es un filme silente por lo que el relato se explica por medio de intertítulos. Es el típico melodrama que pertenece al subgénero de “mujeres pecadoras”. Cuenta la historia de una joven campesina que emigra a la ciudad en busca de una mejor vida económica y social y luego es víctima del engaño y termina prostituyéndose. Al no permitir al padre de la protagonista que acabe la película, el director improvisa un final, altera el guión e incluye escenas en un hotel, fiestas patronales y procesiones religiosas. El filme se estrena en Santiago, pero al parecer nunca llega a la capital. El filme se mantiene durante años en manos de la actriz; no obstante, en los días que prosiguen a la invasión estadounidense de Panamá (1989), la única copia existente se pierde. La muchedumbre asalta la casa de Baby Torrijos, quien es hermana del general Omar Torrijos, y por lo tanto una figura prominente, y roban la copia. Tres años después del rodaje de Al calor de mi bohío, en 1949 se filma en la Ciudad de Panamá otro filme argumental con una visión similar en cuanto a la dicotomía campo ciudad. Esta vez es el largometraje Cuando muere la ilusión de Rosendo Ochoa. Panamá Sono Films, propiedad del mismo Ochoa y de su hermano Carlos, ambos de origen ecuatoriano, realizan la producción. Actúan en ella Elda de Icaza y Aldo García, en los papeles principales de la novia y el galán. La cinta se filma con una cámara Auricón de 16 mm, que graba sincrónicamente el sonido. El costo de la producción es de 15.000 dólares, y los intérpretes no reciben salario ya que se les ofrece un porcentaje de las ganancias; esto evidentemente no sucede. El argumento relata la historia de un joven, parrandero y jugador, que un día gana la lotería y se va de vacaciones al campo, donde vive un amigo con sus dos hijas. El joven se enamora de una de ellas, la cual ya tiene un pretendiente. No obstante, trae a la muchacha a la ciudad y disfruta con ella hasta que se le acaba el dinero. Después de algunas peripecias, el joven decide robar y la policía lo mata. El pretendiente campesino de la muchacha llega a buscarla, pero ella no quiere dejar la ciudad y alega que quiere morir allí. Pero, al igual que en Al calor de mi bohío, el filme no llega a desarrollar nunca su argumento. En este caso, los actores se niegan a matar a la protagonista. No se filman las últimas escenas y por lo tanto, se echa mano de la narración al final de la historia. La película se estrena el jueves 7 de julio de 1949 en el Teatro Presidente, en función de honor para el presidente de la República, Domingo Díaz, y para la prensa. Los periodistas de la época señalan el esfuerzo nacional de hacer cine y aplauden la película. Pero al igual que el filme anterior, no se conserva una copia. En este caso, se quemó en una proyección.
No puede faltar tampoco un intento de cine religioso, elemento común en prácticamente todos los países de Centroamérica. En 1955 se realiza El misterio de la Pasión, también conocida como El gran drama en 16 mm y en color con una duración de 50 minutos dirigida por el padre Ramón María Condomines. Es la filmación de una obra teatral sobre la pasión de Jesucristo, y en la cual participan los pobladores de San Francisco de la Montaña, en Veraguas. Se realiza a petición del director de Cultura del Ministerio de Educación, Rafael Peralta Ortega. De igual modo, dentro de la línea de promoción turística también se realizan múltiples filmes. Diversos ministerios encargan una película en color sobre las regiones más atractivas de Volcán, Boquete y San Blas, con el objeto de distribuirla gratuitamente en centros de industria turística del mundo. Panamá tierra mía, que dirige Jorge I. de Castro (1965), es un filme emblemático de promoción turística en el que se presentan imágenes de diversas zonas del país. De una hora de duración, el filme arranca con una canción que refiere las bellezas del país, mientras acompaña las imágenes de la ciudad. Una voz over explica diversos aspectos del país, tales como la geografía, el funcionamiento del canal y otros aspectos, con un breve argumento. El filme logra tener cierta difusión internacional.
III. CAMBIO DE ESTÉTICA. En 1967 se forma un pequeño grupo de aficionados al cine que se hacen llamar Cineclub Ariel y cuyo fundador es el cineasta Armando Mora junto con algunos estudiantes de teatro de la Universidad de Panamá. Dos años después, el grupo organiza el Primer Festival de Cine Nacional, en el cual se insta a crear una identidad cinematográfica panameña. En dicho festival, participan unos quince trabajos, algunos incluso pertenecientes a “zonians”, residentes estadounidenses de la Zona del Canal, y los galardonados son Julio Jaén, con Censos nacionales de 1970, Domiciano González con Así es Chiriquí y John Thurman Walden con La metamorfosis de Allan Jones, que obtiene una mención. Pero el gran ganador del certamen es Carlos Montúfar Jr. con el cortometraje Underground en Panamá, que obtiene cinco galardones en varias categorías. Montúfar, hijo de un fotógrafo panameño, es un apasionado del cine y de la técnica fotográfica. De ahí que Mora lo invite a integrarse al grupo, el cual se transforma en un “cine-taller”. Juntos, Mora y Montúfar producen cortos experimentales y documentales.
Ambos cineastas realizan todos los aspectos de la producción cinematográfica, pero no logran patrocinios o formas de financiamiento. Si bien en la época se puede revelar en Panamá, la llegada del video significa el fin del grupo. Sus miembros no quieren invertir en equipo nuevo y el taller se disuelve. Mora se va a estudiar a París y Montúfar se queda trabajando en la publicidad. En la década de 1990, unos jóvenes realizadores en video, conociendo la trayectoria de Montúfar, le piden que fotografíe un cortometraje Pequeños novios, para participar en el concurso Maxell. Nuevamente, como dos décadas antes, Carlos Montúfar arrasa con la mayoría de los premios del certamen, lo que otorga nueva vitalidad a su carrera.
IV. EN BUSCA DEL CINE NACIONAL. No es sino hasta la década de 1970 que se produce un verdadero movimiento cinematográfico en el país, en relación directa con los procesos políticos que se desarrollan en ese momento. La accidental y misteriosa muerte del general Omar Torrijos, en agosto de 1981, es sin duda el momento que motiva el nacimiento de la cinematografía de Panamá. Es en 1972 con la creación del Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU), que por primera vez se realiza cine en Panamá de manera sistemática y con apoyo estatal. Dicha iniciativa responde a la coyuntura de recuperación del Canal, mediante la política nacionalista del general Torrijos, la cual culmina con la firma de los tratados Torrijos-Carter. Como casi todo el cine latinoamericano de la época, el modelo que se sigue es el del cine cubano. Este causa un gran impacto en algunos intelectuales, ya que es la primera vez que se ve un cine contestatario, hecho con pocos recursos y muy distinto a lo que para todos es el cine, es decir, Hollywood. La iniciativa surge después de la Primera Semana de Cine Cubano que se realiza en Panamá en julio de 1972. Los cineastas cubanos Pastor Vega y Jorge Fraga acompañan la muestra y se interesan en realizar un documental sobre el país, para lo que requieren una contraparte. Con este objetivo proponen al poeta Pedro Rivera, quien no tiene experiencia en cine, que los acompañe en la aventura. Rivera ve en el proyecto cinematográfico una posibilidad de colaborar en la lucha por la soberanía y se crea una pequeña estructura cinematográfica en la oficina de asuntos estudiantiles de la Universidad de Panamá. Rivera llama a Enoch Castillero, fotógrafo de profesión y el único miembro del futuro grupo con experiencia en el campo de la publicidad y de documentales.
Es el nacimiento del GECU. Se formaliza un grupo bastante numeroso de diferentes tendencias, poetas, escritores, intelectuales, pero finalmente se mantiene un núcleo de siete u ocho personas, las cuales se reúnen en el apartamento de Castillero. El GECU filma unos treinta documentales en cinco años. Para financiar los primeros trabajos y la compra de equipos, es el mismo Torrijos quien otorga el dinero. Del grupo inicial sólo Enoch Castillero tiene experiencia profesional; el resto se forma en la práctica cinematográfica. Otros miembros fundadores son Luis Franco, Rafael Giraud, Ernesto y Reynaldo Holder, Anselmo Mantovani y Fernando Martínez. Las producciones del GECU responden a necesidades políticas, más que de búsquedas estéticas o de lenguaje expresivo. Su objetivo fundamental es la creación de un cine que profundice en la realidad del país, que sirva de instrumento de agitación política y que contribuya a concienciar al pueblo y a desarrollar la cultura. El documental es el género que se utiliza con prioridad, ya que se considera la mejor forma para investigar y reconocer las necesidades, maneras de expresión y estilo del pueblo, sin preconcepciones formales. Además, no solo se concentra en la producción, sino también en la educación del espectador, mediante la difusión de cine alternativo. Como parte de esta educación, el GECU edita una revista especializada, Formato 16. Además, para la difusión de la producción se forma una red nacional de cineclubes en 16 mm, la cual permite la formación del público. La exhibición se realiza en instituciones públicas, colegios secundarios, universidad, organizaciones gremiales, instituciones académicas y estatales, barrios de la capital y pueblos del interior, con lo que llega a las zonas más apartadas y de difícil acceso del país. Algunos filmes se transmiten por la televisión y se crea una sala permanente de cine en la Universidad. La lucha antimperialista es el tema fundamental de la producción del grupo. La mayor parte de los documentales aborda el asunto de la soberanía del Canal, la agresión estadounidense al país a lo largo de su historia neocolonial y el apoyo de otros países del Tercer Mundo a la lucha de liberación de Panamá y del general Torrijos. La filmografía del GECU se inaugura con un filme paradigmático, un breve documental que combina imágenes de archivo filmadas por Castillero en la época y hasta entonces desconocidas, y fotos fijas sobre la narración de un poema de Pedro Rivera. El tema es el enfrentamiento que ocurre en 1964 entre estudiantes panameños y tropas del ejército estadounidense. El corto, llamado Canto a la patria que ahora nace (1972), enuncia desde el título el propósito de abrir una nueva etapa de descolonización. La segunda película, 505 (1973), remite a la elección de lo que se denomina el Poder Popular, el cual integran 505 representantes del país, uno por cada pueblo. El documental ofrece una serie de entrevistas con campesinos, trabajadores e indígenas, quienes comentan las nuevas reformas y la naturaleza de la penetración imperialista en Panamá. Un año después también de Rivera (1973), retoma el tema de 505, explica la creación de la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos y registra las transformaciones más significativas, así como el método de trabajo del organismo. El más opresor de Anselmo Mantovani (1976), hace un recuento, mediante canciones, fotos fijas y dibujos, de las más importantes intervenciones del imperialismo en Panamá, desde el asesinato del líder guerrillero Victoriano Lorenzo en 1902, el movimiento inquilinario de 1925 y el homicidio del dirigente obrero de las bananeras, Rodolfo A. Delgado en 1960, hasta la masacre de estudiantes y trabajadores del 9 de enero de 1964. ¿Qué está haciendo el lobo? de Pedro Rivera (1976), aborda el intento golpista de enero de 1976 que se conoce como el “patronazo” y los disturbios que le preceden y que pretenden desestabilizar el proceso revolucionario y hacer fracasar las negociaciones entre Panamá y Estados Unidos. De igual modo, Mi pueblo habla, mi pueblo grita de Reynaldo Holder (1976), presenta los hechos en torno a la huelga que se eclara en marzo de 1976 por los ocupantes estadounidenses del canal. Una bomba a punto de estallar de Luis Franco (1977), registra una encuesta que se realiza en la Ciudad de Panamá, que recoge diferentes opiniones acerca del nuevo tratado del Canal y El verdadero protagonista de Ernesto Holder (1979), uno de los últimos trabajos en esta línea, presenta la fase final de la etapa de negociación entre el gobierno de Panamá y el de Estados Unidos.
Uno de los grandes logros del liderazgo del general Omar Torrijos es permitir la internacionalización del problema del Canal, con lo que obtiene el apoyo de muchos países, especialmente de los del Tercer Mundo, y en particular de Venezuela, Colombia y Costa Rica. Esto posibilita el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la celebración de las reuniones del Consejo de Seguridad, en la propia Panamá, en marzo de 1973. Panamá es miembro no permanente del Consejo en representación de América Latina, y el tema en la reunión es el problema de las negociaciones del tratado. La solidaridad internacional hacia la causa panameña también se aborda en varios filmes como Ahora ya no estamos solos de Pedro Rivera y Enoch Castillero (1973), sobre la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el cual se discute la política colonialista que desarrolla Estados Unidos en la Zona del Canal; Unidos o dominados de Gerardo Vallejo (1975), sobre el encuentro de los presidentes Carlos Andrés Pérez, de Venezuela, Alfonso López Michelsen, de Colombia, y Daniel Oduber, de Costa Rica, con el general Omar Torrijos. Como si a Maceo, Lorenzo diera un apretón de manos de Pedro Rivera (1976), recoge la visita a Cuba del general Torrijos. La solidaridad hacia otros procesos de liberación es también tema de ¡Viva Chile, mierda! de Pedro Rivera y José de Jesús Martínez (1973), y Belice vencerá (1979) y ¡Aquí hay coraje! (1980), ambas de Rivera, que testimonian la solidaridad para con otros pueblos en sus luchas de postcolonización. La liberación de la Zona del Canal y la recuperación de estas regiones implican también un desarrollo social del país, como es la electrificación de la totalidad del territorio nacional. Documentar esta empresa es el tema de cuatro de los documentales, los cuales permiten, adicionalmente, financiar el proyecto cinematográfico. Es el caso de los trabajos de Pedro Rivera sobre el proyecto hidroeléctrico de Bayano, considerado la segunda obra más importante de ingeniería del país, después del Canal, Aquí Bayano cambio: la quema (1974), Aquí Bayano cambio: la producción (1975), Bayano, prioridad uno (1975) y Bayano ruge (1976). Finalmente, los rituales, fiestas y expresiones de la cultura popular son temas que del mismo modo tratan algunos de los filmes, siempre en estrecha relación con las luchas nacionalistas. Es el caso de Panamá salsa 74 de Pedro Rivera y Enoch Castillero (1974), que reexamina el tradicional carnaval y muestra cómo el gobierno pretende dotarlo de mayor participación popular, y La canción de nosotros de Luis Franco (1976), que aborda las tradiciones panameñas, en particular la canción popular de los barrios de la capital. El GECU también aborda el género del noticiero, en tres breves documentales de 15 minutos cada uno, que analizan noticias de actualidad. De igual manera, se realiza una ficción, Velada velada, adaptación de un cuento del mismo Rivera, sobre un joven estudiante que se enamora de una de sus profesoras.
V. TRANSFORMACIÓN DEL GECU Y LLEGADA DEL VIDEO. Sin embargo, a partir de la firma de las negociaciones, el general Torrijos decide replegarse a los cuarteles y el sector que asume la dirección del país, que es el civilista, no tiene ningún interés en que la propuesta cinematográfica se desarrolle. Además, se cierran los laboratorios de revelado y empieza la popularización del videotape, por lo que el GECU se refugia en la Universidad de Panamá e inicia una tarea de difusión a través del cine universitario y sobrevive produciendo videos de búsqueda, sobre todo de personajes de la cultura popular panameña. Se produce toda una serie de trabajos sobre pintores y personajes carismáticos de diferentes movimientos étnicos y culturales. Aby Martínez realiza tres documentales: Chong Neto (1987), sobre el maestro de la pintura; Capitán de la nostalgia (1987), en torno al creador de los carros alegóricos de los carnavales, el “Genio” Escobar, también boxeador en la década de 1940; y Alma de bohemio (1988), en codirección con Jorge Cajar, sobre el guitarrista y cantor Braulio Sánchez. Rumbo de Fernando Martínez (1988), aborda el tema de la música popular de Panamá, en particular de la mejorana. A partir de la familia Castillo, quienes ejecutan y mantienen la tradición de la mejorana, se conoce esta música y el instrumento, llamado también “rumbo de cuatro cuerdas”, que es parte de la idiosincracia panameña. La música de jazz es otro de los temas favoritos del audiovisual panameño, especialmente de Gerardo Maloney, quien realiza Tambo jazz (1992), documental sobre el jazz latino en Panamá. Diez años después dirige De Carenero a Nueva Orleans (2002), sobre el jazzista panameño Louis Russell.
La creación de la Radio y Televisión Educativa, Canal Once, es otro elemento de apoyo decisivo a la producción audiovisual. En los primeros años, se crea un circuito cerrado de televisión que opera en la Universidad de Panamá, con dos emisiones semanales desde un aula de clases; a partir de 1978 inicia la transmisión abierta y presenta los documentales del GECU y otros trabajos de búsqueda y expresión nacional que no transmiten los canales comerciales. Pero lo que es decisivo para el estímulo del audiovisual es la organización en 1985, del I Concurso de Videos RPC-Maxell, que convoca a la realización de videos musicales, formato para la comercialización de la música, que producen publicistas acostumbrados a expresarse en 30 o 60 segundos. Los participantes se las ingenian para contar historias, dentro de las reglas del juego. Stephan Proaño, publicista de origen ecuatoriano radicado en Panamá desde 1970, es su organizador y entre los realizadores que participan con trabajos destacan Luis Franco, Nikolai Proaño, Luis Palomo, Jaime Chung, Eduardo Harker, Ricardo Ledezma, Ricardo Méndez y Ricardo Barría. Cuando el concurso parece agotarse, en 1992 se abre la nueva categoría de argumental y se producen algunos cortos interesantes. En los años siguientes, los realizadores se desbocan. El concurso da a conocer a Jorge Cajar, Erick Rueda, Víctor Algandona, Joaquín Carrasquilla, Iván Rangel, Víctor Ramos, Jariza Wright, José Luis Rodríguez, José Macías y Tatiana Salamín, entre otros. Hay lugares comunes en los videos, desde incontables saxofonistas, mimos, amores truncados y cantantes descalzos, pero a la vez la creatividad bulle, al punto de que en varios casos la canción de rigor se vuelve un obstáculo para el flujo narrativo de las “mini-películas”.
VI. LAINVASIÓN Y LOS NUEVOS TEMAS. Durante la década de 1980 persiste sobre Centroamérica el “fantasma” de la invasión estadounidense, particularmente a la Nicaragua sandinista o a El Salvador en guerra. No obstante, cuando ésta se produce es en Panamá y por razones diferentes al conflicto bélico, en una operación militar denominada “Causa justa”, en la que unos 20.000 soldados estadounidenses desembarcan la noche del 20 de diciembre de 1989 con el pretexto de proteger la vida de ciudadanos estadounidenses después de una serie de incidentes en los que muere uno de ellos. Sin embargo, el objetivo fundamental y declarado del operativo es la captura del general Manuel Antonio Noriega, quien es acusado en Estados Unidos por sus vinculaciones con el narcotráfico internacional. Desde entonces, Panamá desmantela su ejército y se queda como Costa Rica, solo con una policía civil. Meses antes de la invasión, Yisca Márquez y Carlos Aguilar Navarro, estudiantes de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, tratan el tema de la intervención estadounidense en My Name is Panamá (1989), un corto de trece minutos, con una visión irónica y premonitoria de la postura de Manuel Antonio Noriega ante el bloqueo y la intervención de Estados Unidos. El imperio nos visita nuevamente de Sandra Eleta (1990), es un documental ficción que mezcla dramatizaciones de la invasión con entrevistas a víctimas de la ocupación en Colón; Yisca Márquez realiza el documental Just Cause, ¿para quién? (1990), con una visión crítica sobre el acontecimiento.
En Cuba, Edgar Soberón, quien es profesor de la EICTV, dirige en 1991 el corto satírico The Midnight Special, en alusión a la hora del bombardeo, sobre el desaparecido actor Didio Muñoz y su relación con Noriega, el cual propone una visión esperpéntica del actor y del político, equiparando a ambos personajes como seres teatrales y presentando la invasión y captura de Noriega como un montaje escénico de baja calidad. Por último, Fernando Martínez, del GECU, realiza Las casas son para vivir (1991), en el que los efectos de la invasión son vistos a través de los ojos y dibujos de niños del barrio El Chorrillo, destruido por los norteamericanos. Como casi todo el tema político centroamericano, la invasión a Panamá produce dos filmes de cierta importancia en el exterior. El largometraje Dollar Mambo del realizador mexicano Paul Leduc (1993), con la colaboración del poeta y cineasta panameño Pedro Rivera, relata los efectos que tiene la invasión sobre una prostituta y su enamorado y la presenta también como una sátira guiñolesca. En tono contrario, el documental La decepción de Panamá de Barbara Trent (1992), gana el premio Oscar de la Academia por su denuncia crítica. En la década de 1990, se crea el Centro de Imagen y Sonido (Cimas), organización sin fines de lucro para fomentar el movimiento audiovisual en Panamá, con tres áreas de trabajo; educación, para organizar talleres dirigidos a profesionales y a sectores no representados en los medios; un área de difusión, para realizar muestras de películas en Panamá y el extranjero; y otro de producción, para apoyar proyectos. Las producciones de Cimas se conciben con fines específicos y las dirigen varios realizadores, India dormida de Luis Franco y Edgar Soberón (1994), es la presentación de la asociación y preámbulo de la celebración del centenario del cinematógrafo. Códigos de silencio de Edwin Mon (1995), se produce para el diario La Prensa; Canaleo de Soberón (1995), para el Centro de Estudios y Acción Social de Panamá; Enrique Castro Ríos realiza Krung kita: la balsería en Kribarigâde (1995) sobre el rito de balsería o “krung kita” de los Ngöbes de Kribarigâde y de Alto Corotú. Se produce en color y se combina el español con el idioma ngöbe, con algunos subtítulos. La balsería es una celebración del pueblo Gnöbe o Guaymí del oeste de Panamá, en la que una comunidad invita a otra a convivir con ella, durante cuatro días, comparte bebida fermentada y lucha física. Isabel de Obaldía de Pituka Ortega (1996), se realiza para difundir la obra de la artista plástica. El mexicano Samuel Larson dirige Carnavales de Panamá (1999), en coproducción con México, para cubrir esta manifestación por dos años consecutivos. Otros trabajos documentales siguen como apoyo a instituciones, campañas o proyectos de desarrollo. Finalmente, Pituka Ortega realiza el primer trabajo argumental en cine desde la década de 1940, con el mediometraje El mandado (1998), sobre el tema del abuso infantil. Si bien el filme guarda una forma más convencional, un flashback, pero la cronología en el recuerdo se mantiene, es interesante destacar la sutileza en el tratamiento de los hechos al presentar el abuso. En 2005 la misma Ortega estrena el largometraje documental Los puños de una nación (2005), sobre la figura del célebre boxeador panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán. El filme plantea un paralelismo entre la lucha por la soberanía de Panamá frente a la presencia de Estados Unidos, liderada por el general Omar Torrijos, en la década de 1970, con el surgimiento como boxeador de Durán, quien en cinco ocasiones es campeón mundial de boxeo, en diferentes categorías. Enrique Castro Ríos también establece un paralelismo entre la historia de Panamá y la historia íntima de su padre en el cortometraje Memorias del hijo del viejo (2003) y trabaja sobre un largometraje documental, Aqua Yala (2006) que, desde una perspectiva poética, conciencia sobre los peligros que implica la ampliación de las esclusas del Canal de Panamá en tierras trabajadas por campesinos. Asimismo, realiza en 2004 el documental Ebo, en lengua dulegaya, sobre la educación intercultural bilingüe en la comarca de Kuna Yala. One Dollar. El precio de la vida de Héctor Herrera (2002), realizado diez años después de la invasión, aborda la temática de los guetos urbanos donde jóvenes que compartieron su infancia ahora se organizan en bandas para controlar el negocio de la droga. El filme permite la difusión internacional del audiovisual panameño y explora los nuevos desafíos que enfrenta la sociedad panameña. Finalmente, se crea la la Asociación Cinematográfica de Panamá (Asocine), la cual solicita formalmente a la Conferencia de Autoridades Audiovisuales y Cinematográficas Iberoamericanas (Caaci) la reincorporación del país para su participación activa dentro de las autoridades de la región. Además, por primera vez un país centroamericano ingresa en el Fondo de Fomento al Cine, Ibermedia, lo que junto con su participación en el programa Doctv-Iberoamerica de fomento al documental y la televisión pública lo encamina a internacionalizar más su producción. Un proyecto de ley de fomento audiovisual también se encuentra en proceso.
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MARÍA LOURDES CORTÉS





