Crítica de El traje, por Carlos Marañón. Revista Cinemanía (España). Nº 86. Noviembre de 2002.
Es el riesgo de planear un viaje largo en pequeñas escalas y perder el primer tren. Entran las dudas. ¿Seguimos en bus? ¿Esperamos al siguiente? ¿Nos volvemos a casa? Escoger una pequeña historia, muy particular, ingeniosa si quieren, para hablar de problemas universales tiene un problema, puedes llegar tarde al primer transbordo y quedarte en nada, con un planteamiento bienintencionado (el toque de comedia con los matices sociales de unos inmigrantes sin papeles), un sostén del guión más que aceptable (el dichoso traje que parece un chollo y sólo va a traer complicaciones) y el sostén de una buena pareja de actores (el saber hacer de Morón y la frescura de Roca) junto a una dirección sin tachas de Alberto Rodríguez (El factor Pilgrim). El traje estaba manchado desde la sastrería, donde parecen haberse equivocado de talla estirando una pequeña idea que daba poco de sí, que se ve con el interés de lo que no molesta pero no acaba de tener punch, que convierte el minimalismo en una anécdota que a pesar de tener todos los billetes y las reservas hechas, acaba sin ir a ninguna boda de etiqueta.
