Crítica de América, por Jara Yáñez. Publicada en Cahiers du Cinema. España, Nº 46, junio 2011
Desesperanzado, sórdido, derrotado y tragicómico. El realizador João Nuno Pinto afirma haber querido ofrecer con su primer largometraje un retrato actual de Portugal como país periférico del sur de Europa. Pero el dibujo le ha salido decadente, degenerado y sobre todo muy negro. El realizador toma el tema de la inmigración como eje central de su cinta para lanzar una hipótesis: Europa, como continente receptor, se ha convertido para muchos en la nueva América. Pero el “sueño europeo” de esta América más parece una terrible pesadilla sin futuro ni esperanza. Ni siquiera un atisbo de luz se refleja en esta cinta de estética oscura (y cuidada fotografía) y en la que, para colmo, incluso la maternidad se entiende como sacrificio de la felicidad.
Basado en parte en la experiencia del propio director, nacido en Mozambique e “inmigrante” en Portugal después de la descolonización, América narra la historia de Lisa, una joven rusa casada con un portugués jefe de una banda ilegal que se dedica a la venta de pasaportes falsos. Como coproducción entre Portugal, España, Brasil y Rusia y con un elenco internacional en el que se cuenta un desagradable papel interpretado por María Barranco, el film pretende ofrecer una variada muestra de tipos y naciones. Un crisol que, sin embargo, se centra en los rasgos más negativos: la degradación personal, la pérdida de valores, la mentira y el rencor, el desengaño… para hacer vagar a sus personajes en el desaliento. Y así, los inmigrantes de esta cinta habitan un mundo que no les pertenece mientras sobre sus cabezas, en un último intento de acercamiento del film a cierto tono surrealista y en lo que se convierte en la imagen simbólica con más fuerza, llueven barcas.
