Crítica de Gasolina, por Miguel Ayerdis. Publicada en La Prensa (Nicaragua), el 10 de octubre de 2010 .

“A ver hasta donde llegamos. No tengo mucha gasolina”, dice Gerardo, uno de los tres protagonistas principales de la película Gasolina (2008) del joven realizador guatemalteco, Julio Hernández Cordón. Este parlamento, junto con otro expresado por el personaje Nano: “Sigamos al avión a ver hasta donde llegamos”, resume el argumento de la propuesta del novel realizador y a la vez deja abierta la puerta al público para que escudriñe las intenciones implícitas en la misma.

El diseño de producción hace indicar que estamos ante una película de bajo presupuesto, donde se apela a una escenografía y una puesta en escena austera. Esta característica, nos trae a la memoria en algunos momentos, aunque guardando las distancias espacios-temporales —-y para no salirnos de América Latina-— a realizadores que marcaron con sus producciones, la historia del cine latinoamericano, es el caso de Glauber Rocha o el de Jorge Sanjinés, cuyo cine se caracteriza por la denuncia social y política. Dos elementos recuerdan ese cine de los sesenta y setenta: la iconografía fílmica sobria, sin esa complejidad o abigarramiento simbólica (no por ella profunda en significados), la ruptura de los límites entre realidad y ficción (entre documento y texto) y la utilización de actores no profesionales, siendo a su vez este último recurso, un guiño de ojos al cine producido después de la segunda guerra mundial en Italia, bautizada por los especialistas como Neorrealismo italiano.

Por la información que está colgada en el portal moviechapin.blogspot.com se sabe que Hernández Cordón tuvo que enfrentar muchos avatares para hacer realidad su sueño de realizar la película. La carencia de presupuesto y las casi inexistente fuentes de financiamiento en su país o en América Latina, lo llevaron a convencer a un grupo de amigos artistas plásticos para que le cedieran algunas obras de arte inédita, con el fin de venderlas y ayudarse en la producción. Con esos trabajos iniciales, su segunda apuesta atrevida, fue el envío del material al festival de cine de San Sebastián del 2007, donde de manera sorpresiva, obtuvo tres premios del concurso “Cine en Construcción”, permitiéndole de esa manera, contar con un respiro financiero con el cual finalizarían sus trabajos de posproducción.

La propuesta de Hernández nace de una idea básica, como lo explica su director en el blog antes mencionado, (re) crear sus años de adolescencia en Guatemala. El carácter autobiográfico implícito en la película, le da ese tono nostálgico, triste y violento de la sociedad que retrata. Es la alegoría de la sociedad guatemalteca o de cualquier país de Centroamérica (o de América Latina) cuya representación a través de un barrio de clase media baja; de tres adolescentes, sin más aspiraciones que el vivir la cotidianidad de la aventura diaria y la de un entorno familiar fracturado, donde el peso de la rutina, la indolencia y la falta de comunicación, han mellado los valores esenciales sobre los cuales se sustenta la relación padre-hijo, madre-hijo, adulto-adolescente.
La parte interesante de la película está contenida en la forma en que el director hilvana el argumento central, en apariencia sencillo, logrando un retrato de la sociedad guatemalteca o centroamericana de los últimos treinta años, de gran complejidad. No es únicamente la Guatemala de la adolescencia del director, es decir, la de finales de los ochenta e inicios de los noventa, es la sociedad actual, de la que está más atrás de esa fecha hasta la de hoy.

Tres adolescentes se reúnen una tarde para ir a pasar la noche a la playa. Un viejo automóvil propiedad de la madre de uno de los protagonistas (Gerardo), es el medio que los llevará a cumplir esa aventura. No obstante, se encuentran con el inconveniente de no disponer de recursos para suplir de suficiente gasolina al auto y llegar sin contratiempo al mar. Durante los más de setenta minutos que dura la película somos testigos de las vicisitudes que Raymundo, Nano y Gerardo, tiene que afrontar para conseguir el combustible necesario para hacer su travesía.
La noche va cayendo como una premonición de dificultades y la ansiedad se apodera de los adolescentes aventureros. El ingenio juvenil combinado con la malicia del orden urbano establecido, los lleva a la utilización de estrategias de tipo delincuenciales, como robarle combustible a los autos de los vecinos de barrio, vender una vieja consola de audio, sin contar con el consentimiento de su familia, hasta los lícitos, como pedirle prestado dinero a alguna de sus tías.

Todas esas acciones poco a poco van dejando al descubierto, un mundo real y virtual en el que viven esos adolescentes. Virtual porque la película no sólo pone en escena una realidad viva propia de estos adolescentes (sin que medie recurso lúdico), con todas sus contradicciones, sino porque los espectadores se retratan en cada uno de esos episodios temáticos, sea porque han vivido experiencias parecidas o iguales, o porque las desigualdades sociales tan acentuada en estos países, hace que nadie, por muy amurallado que viva, pueda sustraerse de esa realidad.

El entorno social al que apela la película, por tanto, no le es extraño al espectador latinoamericano y al centroamericano en particular. Un rasgo esencial propio de las sociedades nuestras, es la atmósfera de violencia que se respira día a día, en cada una de las familias, los amigos o vecinos del barrio. También y como maldición de la modernidad o posmodernidad (contradictoriamente), la sensación de soledad o abandono de los jóvenes, de la comunidad en general, expresada de diversas maneras. Una de las más evidentes, es la de la simbología recurrente del avión y la expresión de uno de los protagonistas. El sueño de volar e ir a cualquier lado para olvidarse de una realidad a la cual no entienden o poco les interesa.

Pero donde la violencia, la soledad y el abandono se representan de manera cruda en la película, es en la utilización de dos recursos dramáticos de gran significación y donde la realidad y la ficción se confunden. Por un lado, la utilización de un lenguaje callejero, además de las implicaciones sociales implícitas, es el elemento a través del cual se construye el ambiente de violencia. El otro, es la utilización del plano general, no con fines descriptivos o para articular el ritmo de la narración, sino como Nelson Pereira Do Santos lo utilizara, de manera magistral, en su película Vidas Secas (1963): como documento de denuncia social.

La escena final es la más conmovedora y donde el recurso del plano general y su implicaciones dramáticas cobra gran fuerza en la película (otra vez Vidas Secas). Gerardo, el conductor está con una nueva crisis de asma a la orilla de la playa, camina en busca de ayuda. Un plano general cuya composición iconológica es en diagonal. El punto de fuga del cuadro es el horizonte profundo del mar, y la desolada playa; en la parte superior derecha aparece la parte trasera del auto y en la parte inferior izquierda un cerdo.

La ruptura con las propuestas convencionales del cine comercial está no sólo en la composición de los cuadros o escenas, ni el ritmo y la estructura narrativa, sino en el énfasis puesto a la construcción de los personajes. Nano, Raymundo y Gerardo son personajes genéricos y no tienen la importancia individual, más allá del recurso narrativo. El personaje es colectivo, representado por el grupo (los tres adolescentes) y el ambiente social, el cual martilla a lo largo de toda la película, la conciencia del espectador. Ejemplos sobran: Un padre abatido que riñe con su hijo sin que medie ningún recurso de persuasión, entendimiento o arrepentimiento; un indígena atropellado e incinerado como perro, sin más remordimiento que la reacción primaria del susto.

Para terminar, es oportuno recordar que la cinematografía latinoamericana cuenta entre sus producciones, con algunas películas emblemáticas que han abordado la realidad de nuestras sociedades, con más o menos crudeza, como Pixote (1981) o La Virgen de los Sicarios (2000). Gasolina es una propuesta digna de ser incorporada al listado de películas que contribuyen al análisis de la realidad latinoamericana en general y centroamericana en particular.

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