Crítica-reportaje de Secretos del corazón, por Alberto Luchini. Publicado en el Suplemento Metrópoli del Diario El Mundo (España). 21 de marzo de 1997.

Montxo Armendáriz critica la hipocresía cielos adultos a través de los ojos de un crío de ocho años.

El orondo Alfred Hitchcock sentenciaba, desde la supina prepotencia que permite la genialidad más absoluta, que a la hora de hacer una película no hay nada más horrible que trabajar con niños. Tal aseveración fue hecha por el autor de Vértigo y Los pájaros porque nunca tuvo la oportunidad de ver actuar a Andoni Erburu, el niño de ocho años que protagoniza Secretos del corazón, quinto largometraje del cineasta navarro Montxo Armendáriz.

Porque el debutante Erburu —que a punto estuvo de llevarse el premio a la mejor interpretación masculina en el pasado Festival de Berlín— no sólo es capaz de mantener un férreo pulso de igual a igual con veteranos consagrados de la talla de Carmelo Gómez, Silvia Munt, Charo López o Vicky Peña, sino que, a posteriori, resulta impensable siquiera imaginar el filme sin la hondura, la expresividad, la fascinación y la riqueza de su mirada, inocente e inquisidora a un mismo tiempo. Una mirada que, sabiamente guiada por la experta mano de Armendáriz, disecciona sin piedad, desde la inmaculada óptica infantil, carente de prejuicios y convencionalismos, el hipócrita mundo de los adultos.

La historia de Secretos del corazón se desarrolla en una pequeña ciudad de provincias durante la década de los sesenta. Javi (Erburu) vive con sus dos tías solteronas, la posesiva y amargada Rosa (Vicky Peña) y la frustrada María (Charo López). Él y su amigo Carlos escapan de su triste realidad cotidiana —colegio, familia, deberes, castigos— a través de repetidas visitas a un caserón abandonado en el que se oyen voces misteriosas. Esta es su rutina diaria hasta que Javi, junto a su hermano Juan (Álvaro Nagore), marcha al pueblo de su familia, situado en la montaña, a pasar las vacaciones de Semana Santa. Allí, en compañía de su madre viuda (Silvia Munt) y su tío (Carmelo Gómez), descubre que el mundo de los adultos se rige por tres leyes fundamentales, no escritas pero tácitamente inquebrantables: la mentira, la pasión y la muerte.

Tres meses de casting a lo largo y ancho de Madrid y Navarra y más de 3.500 pruebas a niños fueron necesarias antes de dar, en una ikastola, con el protagonista de la película. Cuenta Armendáriz que «su forma de expresarse, su espontaneidad y la mezcla de ingenuidad y malicia de su mirada me sorprendieron enormemente. Hablé con sus padres y me dijeron que no tenían ningún inconveniente en que hiciera el filme. Tan sólo me pidieron que planteáramos su participación en él como una experiencia de conocimiento y aprendizaje dentro de su formación. Tras oír esta respuesta, no tuve ninguna duda de que Andoni era nuestro niño». La persona que se encargó de supervisar los ensayos, tanto de éste como de los demás críos que aparecen en la cinta, fue Carlos Salaverri, a quien los pequeños se referían como «el domador de niños».

Conseguido lo más dificil, el realizador comenzó el rodaje del que, unánimemente, ha sido calificado como su mejor largometraje. Quizá porque, tras el paréntesis urbano y descarnado de 27 horas, Las cartas de Alou e Historias del Kronen, centrados primordialmente en la denuncia social, el director navarro ha vuelto a ese mundo rural que tan bien conoce y tan lírica y románticamente retrató en su alabada ópera prima, Tasio. Y es que los paisajes verdes y agrestes del norte de España permiten al cineasta liberar sin reparos toda la poesía que guarda en su interior.

Lo que no deja de resultar curioso es que e! guión de Secretos del corazón, escrito por el propio Armendáriz, haya permanecido guardado en un cajón desde 1990, año en que fue subvencionado. Pero es que, en palabras de su propio autor, «los primeros años de esta década fueron los más complicados para el cine español y, en ellos, se hicieron muy pocas películas. Además, éste era un proyecto muy complicado y los productores se echaban para atrás». Finalmente, han sido Imanol Uribe y Andrés Santana quienes se han hecho cargo de la producción.

El largometraje fue presentado, con enorme éxito de crítica y pú-blico, en el recientemente concluido Festival de Berlín. Pero, a causa de los oscuros politiqueos nacionalistas que rigen en cualquier certamen de este tipo, fue, según todos los especialistas allí presentes, injustamente privado del Oso de Oro y tuvo que conformarse con un premio menor, aunque ciertamente prestigioso a nivel profesional, como es el Ángel Azul a la Mejor Película Europea.

 

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