Crítica de Oro diablo, por Alfonso Molina. Publicado en el diario El Nacional (Venezuela). 1° de julio de 2000.

Después del éxito comercial de Sicario y Huelepega, el dúo conformado por Elia Schneider y José Ramón Novoa vuelve a encarar un tema social conflictivo en Garimpeiros, el segundo largometraje venezolano que se estrena este año. Esta vez la acción se desplaza de lo urbano a la selva amazónica depredada por la explotación del oro, para traer a la discusión un problema que no por remoto deja de tener consecuencias graves para el país y el continente. La destrucción del hábitat por la avidez de los hacedores de riqueza fácil conforma el marco donde se desarrolla la trama.

Sus personajes son definidos como los marginados de la estructura formal de una sociedad y de un aparato productivo. Son seres a la deriva que se entregan a la búsqueda insaciable de la riqueza como forma de paliar la miseria y la desesperanza. Es una especie de bestialización que se institucionaliza y crea sus propios códigos de poder. Los extremos de la vida y la muerte se entrecruzan con extrema facilidad. Ese puñado de personajes (mineros, prostitutas, caciques, bandoleros, comerciantes) están condenados desde el principio, a pesar de que Novoa, al final, abre una puerta a la esperanza. Vano intento de la dramaturgia para cerrar una historia.

Para sorpresa de muchos, Garimpeiros es mejor de lo que se esperaba. Mejor que Sicario y Huelepega, sin duda, aunque mantiene cierto tono de realismo amarillista que devalúa un poco la importancia de la denuncia sobre el ecocidio del pulmón de América del Sur. Los factores de producción son correctos y efectivos. El guión fluye coherentemente. Se destacan la música de Francisco Cabrujas, la fotografía de Oscar Pérez y el montaje de Giuliano Ferrioli. En el campo actoral descuellan veteranos como Armando Gota, como Gallego, o Alberto Rowinsky, como ese peculiar y misterioso personaje llamado Fellini, pero no deslucen las actuaciones de gente más nueva como Rocío Miranda y Laureano Olivares. Más allá de sus valores como cine, me queda una inquietud: ¿qué pasará con ese territorio de nadie, con esas vidas desamparadas, con ese crimen contra la humanidad? Allí o se ganan elecciones.

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