Crítica de Páginas del diario de Mauricio, por Dixie Edith. Publicada en Bohemia (La Habana), año 98, no. 15, 21 de julio, 2006, p. 66.
Es septiembre de 2000 y el equipo cubano de béisbol acaba de perder el oro frente a Estados Unidos en las Olimpiadas de Sydney. En la Isla, un hombre sufre casi un infarto frente a la derrota y su mejor amigo, a modo de celebración de cumpleaños, protagoniza el recuento de los últimos 12 años de su vida.
Así comienza Páginas del diario de Mauricio, una película que trae de vuelta a la sala oscura a Manolo Pérez, el artífice de El hombre de Maisinicú, esta vez con una historia que —sin ser autobiográfica— lleva incorporadas las reflexiones, vivencias y experiencias de la generación de su director.
«Yo quisiera que la película expresara, transmitiera sentimientos, atmósferas sobre lo que ha sido, para un sector de la sociedad cubana, los que tenemos alrededor de 60 años, todos estos últimos años.»
A diferencia de otros filmes de Manolo Pérez, Páginas… tiene un tono íntimo, introspectivo, con una presencia fuerte del monólogo interior en la narración de los avatares de Mauricio por coyunturas históricas cuyos cambios dejan una profunda huella en sus certezas e incertidumbres.
Probablemente, la mayor fortaleza de esta película sea su reparto. Con Mauricio regresa Rolando Brito, el Ignacio de Algo más que soñar y también el actor que se fue a vivir a las montañas cubanas, allá por los años 80, para bordar a Aristigüí, el arriero ocurrente y dicharachero de una telenovela de aquella época. Desde entonces Brito demostró que no creía en papeles pequeños, enseñó que era un mago a la hora de hacer caracterizaciones y consiguió que lo acuñaran como el mejor actor de su generación.
Junto a él se desempeñan dos maestros como Enrique Molina y Raúl Pomares; Larisa Vega, Patricio Wood, Blanca Rosa Blanco, en lo que muchos han catalogado como el papel de su carrera; María Teresa Pina, Solange Ramón y Yipsia Torres, entre otros —no muchos— nombre. Y también, invitados especiales, Raúl Eguren y Asseneh Rodríguez.
Por si fuera poco, Manolo Pérez se las arregla para dar un puntillazo musical. Con una canción de Pablo Milanés («Cuántas veces»), especial para su producción, redondea el contundente final.
Coproducida por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), Fénix P.C. y los Estudios Churubusco, con la participación de la Televisión Española, Canal Plus y el ICAA, Páginas…, es una película con pocas concesiones, lo mismo dramáticas que de contenido.
Ubicada en una zona compleja de la historia cubana —la caída del campo socialista, los años más difíciles del período especial, migraciones incluidas—, logra una mirada realista, tanto como lo permite una historia de ficción. Y deja un sabor, a pesar de todo, optimista: si abre con aquella dolorosa derrota en Sydney, cierra con el espectacular triunfo, en el mismo certamen, de las célebres Morenas del Caribe ante el equipo ruso de voleibol.
Aunque más de una lágrima se escape en la oscuridad de las salas de cine, Páginas del diario de Mauricio es una película dura, pero sobria, que se mantiene en el justo equilibrio del drama de la vida, sin rozar la sensiblería barata de muchas malas telenovelas. También es sincera y necesaria, como bien dice Enrique Molina, no «para que la veamos y salgamos destruidos, sino para procesarla; no para llorar y lamentarnos, sino para reflexionar».
Dixie Edith
Bohemia (La Habana), año 98, no. 15, 21 de julio, 2006, p. 66.
