Crítica de Mal día para pescar, por Pablo Cohen. Publicada en El Observador (Uruguay). 21 de agosto de 2009.
El mundo literario de Juan Carlos Onetti es pesimista y puede transformarse en un escenario opresivo. Y Álvaro Brechner ha capturado ese espíritu cabalmente en Mal día para pescar, su ópera prima basada en el cuento Jacob y el otro del mítico escritor uruguayo.
No hay en este filme una sola escena en la que el director intente dar lecciones morales. Pero su historia, que habla de la redención, del amor, de la supervivencia y del patetismo, es profundamente humana.
Dos buscavidas que solo se tienen el uno al otro son el centro, pero casi nadie es intrascedente.
Jacob Van Oppen, un excampeón de lucha libre venido a menos, recorre América Latina con su manager, un empresario tramposo que se hace llamar «Príncipe Orsini». Como parte de su gira, Van Oppen y Orsini viajan por lugares desolados hasta caer en Santa María, un pueblo perdido, triste y atemporal.
Al llegar allí, el manager hace público un desafío: quien sea capaz de resisitir en el ring tres minutos con «el gran campeón», recibirá 1000$.
Acostumbrado a arreglar peleas, Orsini, quien en realidad no tiene dinero, solo puede sonreír. Pero sus perspectivas cambian cuando el retador que había convenido dejarse ganar cae preso y una joven empuja a su novio, un hombre forzudo y en plena forma física, a aceptar ese desafío que todo el pueblo verá en el fantástico teatro Apolo bajo la bendición del influyente diario El Liberal.
Si el cine es el arte del director, como se ha dicho tantas veces con razó, el mérito de Brechner es mayúsculo, pues el artista ha realizado una muy buena película. Pero sin buenos actores, Mal día para pescar -que fue seleccionada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y compitió por el Premio Cámara de Oro- no hubiera alcanzado este resultado final.
En este rubeo, el mérito mayor corresponde al español Gary Piquer, quien se come la pantalla con solvencia y credibilidad. Sin embargo, el trabajo de Antonella Costa, la histérica y anguistiada novia del forzudo, y, sobre todo, del gran César Troncoso, el director del periódico pueblerino, no puede pasar inadvertido.
En Mal día para pescar el paisaje y la historia son indefectiblemente uruguayos, pero el lenguaje audiovisual del realizador remite al mejor cine clásico americano.
Además, Brechner, viene a demostrar con su primer trabajo que el cine uruguayo, sea malo o bueno, no debe tener un ritmo tedioso per se.
El realizador ha dicho que en el filme conviven el drama con la comedia, el thriller y el western. Y la verdad es que aquí no hay pistolas ni enfrentamientos violentos a caballo, pero la ambientación que coloca a la obra en lo que él ha descrito como «un pueblo en el que no hay nada en 200 kilómetros a la redonda en el que hay solo un tren por día, en el que se ven limpios los atardeceres y en el que cuando uno hace una llamada al exterior tiene que esperar dos días para que lo conecten» es muy poderosa.
Por eso, y por el marcado destino de los personajes, el universo claustrofóbico en el que está inserta esta fábula termina por transformar la película en un western atípico y encantador.
