Crítica de El Bola, por Casimiro Torreiro. Publicada en El País (España), el 27 de septiembre del 2000.

Es cierto que como director ya lo conocíamos de antes, de cuando el Goya a su cortometraje Cazadores, sobre todo. Pero no resulta exagerado afirmar que Achero Mañas, actor y ahora también realizador de largometrajes, ha dado la campanada con su película de exordio, El Bola, cuarta española a concurso en Zabaltegi / Zona Abierta, y desde ahora, candidata a hacerse con el premio al mejor nuevo realizador. Historia de niños de barrio y de realidades enfrentadas, una familia tradicional con trastienda y otra más, digamos, alternativa pero cuyos miembros se comportan con generosidad sin aspavientos, el filme es muchas cosas a la vez.Por una parte, una trama de amistad entre dos niños que, primera sorpresa, poco tienen que ver con los infantes retrospectivos imaginados por directores adultos, con lo que ello conlleva: espontaneidad en la relación, lenguaje comprensible y no impostado, sentimientos lógicos desde la perspectiva de la edad de los personajes.

Por la otra, una visión de barrio madrileño, de Carabanchel, hecha con respeto y sin maniqueísmos; y otra, en fin, una dura requisitoria contra la violencia doméstica ejercida sobre los niños, contra esos padres autoritarios que anteponen sus supuestos derechos de paternidad al mismísimo Código Penal. Habrá ocasión de volver sobre ella porque se estrena en breve, pero vaya por delante que Mañas ha sabido sortear con habilidad las trampas que se abren ante un director novel: no pretende el mensaje por el mensaje, nunca da gato por liebre. Es su película un ejercicio narrativo sin fisuras, bien es cierto que también sin grandes osadías formales; pero resulta coherente, parca e inteligente, una límpida muestra, además, de cine socialmente comprometido con una causa noble.

Deja un comentario