Entrevista a Patricia Ferreira, por Olga Pereda. Publicada en El Periódico, el 25 de mayo de 2012.
Ácido, duro y realista retrato de los adolescentes (seres incomprendidos en casa y en el instituto), Els nens salvatges se coronó en el festival de Málaga, donde la directora, Patricia Ferreira, hizo una encendida defensa de la educación pública, esa que hoy se tambalea debido a los recortes económicos.
Estrena su película la misma semana de una huelga en todos los niveles educativos: desde las guarderías hasta la universidad.
Estoy absolutamente preocupada por ese tema. Más allá de los tópicos, la educación es la columna vertebral de un país. Pero aquí nunca se ha tomado en serio. Ahora ya se han quitado las caretas hipócritas y la impresión (al menos, mi impresión) es que es no interesa la educación. No interesa formar ciudadanos con capacidad para pensar y para desenvolverse en la vida sin tener que aceptar consignas. La situación es de sálvese quien pueda, que estudie los que tengan dinero y los que no, no. Esto es una salvajada, un error garrafal.
Del discurso del ministro José Ignacio Wert se desprende que los recortes son por nuestro bien.
Ya lo escuché el otro día. Los políticos piensan que somos tontos. Si hay que hacer recortes -cosa que no sé, pero bueno- que nos lo digan claramente. ¿Optimizar? Claro hay que optimizar. Siempre. Saquemos brillo al dinero. Pero que, encima, nos digan que no se trata de recortar…
Antes de rodar la película asistió a clases en institutos.
Sí, me sentía más cansada que los propios profesores.
¿Qué vio en las aulas? ¿Qué sensaciones tuvo?
Me llamó la atención el esfuerzo de los maestros por mantener la atención de una clase durante una hora. Menudo esfuerzo por comunicar. Su trabajo me dejó fascinada. No sabía que era tan difícil. Tampoco sabía que lo hacían tan bien.
Els nens salvatges se centra en la incomunicación que los chavales tienen tanto en casa como en el instituto. ¿Por qué se nos olvida tan pronto que todos hemos sido adolescentes?
No estoy de acuerdo en que sea una película sobre la incomunicación. La incomunicación entre los adolescentes y los adultos ha existido siempre. Y no es un problema sino una circunstancia. ¿Es tan difícil ponerse en su lugar? No debería serlo. Efectivamente, todos hemos sido adolescentes. Niños salvajes hemos sido todos. Se nos llena la boca con la diversidad y el respeto a los otros pueblos. Respetamos cosas de otras culturas que nos parecen una chorrada. Entonces, ¿por qué no respetamos las cosas que son importantes para los adolescentes?
Rafael Azcona decía que no hay nada peor que ser un viejo que diga que el mundo se acaba, que se hunde. En realidad, los que se acaban son los mayores, no los jóvenes.
Claro. Nunca puedes decirle a un adolescente, por ejemplo, que qué horror de música escucha o qué alto habla. Lo que tienes que hacer es respetarle. A él tampoco le gusta lo que tú haces.
