Entrevista a Montxo Armendáriz, por Juan Pando. Publicada en el Suplemento Cinelandia del Diario El Mundo (España). 15 de febrero de 1997.
El director navarro vuelve al cine intimista de sus comienzos con «Secretos del corazón», una historia que narra el descubrimiento del mundo adulto a través de la mirada curiosa de un niño de ocho años.
El protagonista es Javi, un chaval de ocho años que vive con dos tías solteras en una ciudad de provincias en los años sesenta. Huérfano de padre, su madre permanece con su tío y su abuelo en un pueblo de la montaña, al que sólo va por vacaciones. El muchacho se siente atraído y asustado por realidades que no comprende. «Me interesa mostrar el despertar de un niño y como descubre los sentimientos de los adultos». aclara Armendáriz _ No es una película de niños, pero empleo su mirada para contarla desde la distancia y la sub-jetividad del que lo desconoce todo al respecto. Así se ve cómo muchas cosas que nos complican la vida y nos parecen insuperables no tienen ningún valor».
Después de su éxito con Historias del Kronen (1995), una obra de encargo, el cineasta, de 48 años, ha filmado este guión escrito por él a finales de los años ochenta. «En cuanto empiezo a trabajar en una película la hago mía —puntualiza— con independencia de que el guión sea propio, de otro o adaptación de una novela ajena». Este último fue el caso de Historias del Kronen, su título más taquillero y el único de su filmografía que no escribió él. «Llevaba bastante tiempo sin poder levantar ningún proyecto», cuenta. «Un día hablé con Elías Querejeta. Los dos teníamos idea de hacer una pelicula sobre algo actual. Yo acababa de leer la novela, me gustó y vimos la posibilidad de adaptarla».
Su método de trabajo es muy abierto y se va ajustando en cada momento a las necesidades del rodaje. «Para mí —dice— el guión es sólo una pauta, en la que puedo variar diálogos y situaciones, en función del actor y de la localización. Mantengo con bastante rigidez la estructura dramática que se va contando, porque eso es lo fundamental».
Cuando escribe, prefiere incluso no estar pensando en un intérprete o un fotógrafo concreto. En el caso de Secretos del corazón encontrar al niño protagonista supuso un desafío inusual, ya que toda la película reposa sobre él. Después de tres meses de búsqueda y de hacer pruebas a unos 3.000 chavales el papel recayó en el pequeño Andoni Erburu.
Para los personajes adultos, Armendáriz ha contado con dos caras habituales del cine vasco: el leonés Carmelo Gómez, como tío paterno del niño, y la catalana Silvia Munt, como su madre. El reparto lo completan Charo López y Vicky Peña como las tías solteronas con las que vive. Actores todos con los que el director trabaja por primera vez.
El miembro más inusual del reparto es la araña Belinda, que juega un papel importante en la ficción, como mascota del chaval. Contra todo pronóstico, el animal se comportó con gran profesionalidad. «Al escribir las secuencias de la araña —confiesa— me preguntaba cómo podríamos rodarlas. Sin embargo, hizo sin mayores problemas todo lo que puse en el guión».
El verdadero desafío para el director ha estribado, sin embargo, en traducir en imágenes los sentimientos y actitudes de los personajes. No se expresan con palabras, sino con miradas, gestos y actitudes, y son la clave de toda la película. «Es lo más difícil —confirma— pero eso es realmente lo que más me interesa del cine».
Aparte de los intérpretes, la fotografía es otro de los apoyos fundamentales para crear el ambiente adecuado que hará llegar al público la sensación deseada. En este caso el director de fotografía es Javier Aguirresarobe, uno de los grandes nombres de la esp-cialidad, con el que Armendáriz rodó sus primeros cortometrajes y 27 horas, su segunda película.
Montxo Armendáriz, cineasta autodidacta, fue profesor de electrónica antes de debutar como director con Tasio (1984), logrado drama rural sobre los carboneros de Navarra. Desde entonces sólo ha hecho cinco películas con las que ha ganado distintos premios internacionales, incluida la Concha de Oro de San Sebastián por Las cartas de Alou (1990).
«Hay dos temas que me interesan», admite. «Uno es la conducta humana en el momento actual y el otro lo que hay en ésta de básico y universal. Hay cosas como los sentimientos se mantienen constantes a lo largo de la historia. Por eso he situado Secretos del corazón en los 60, para analizar esos sentimientos con la distancia del tiempo». «Hoy, como en los 60 —añade el director— cada uno tiene que ir descubriendo por sí mismo las mentiras, el amor, las pasiones, la muerte y lo que es en realidad la vida. Es cierto que actualmen-te puede hacerse por los medios de comunicación, más explícitos que antes. Sin embargo, permanece la duda y la conmoción del descubrimiento y de sentir la atracción por lo desconocido».
Andrés Santana e Imanol Uribe han producido esta última película de Armendáriz y Elías Querejeta las anteriores. «Con Elías y ahora con Andrés e Imanol hay una complicidad que me parece fundamental», explica. «Hay muchos gestores que hacen películas cuando son rentables, pero un productor es otra cosa, es alguien que cree en un proyecto y pone los medios adecuados para realizarlo».
Si bien escasean los buenos productores, cada vez hay más directores, como Cuerda, Colomo o Uribe, que producen; algo «muy positivo», según Armendáriz. «Es gente a la que le gusta el cine, además de contar sús propias historias, quieren ver las de otros y cuando encuentran gente que empieza, la apoyan y sacan adelante sus proyectos».
En la cantera del nuevo cine español tienen un peso especial los jóvenes realizadores vascos. «Yo creo que las épocas marcan mucho», reconoce. «Tienen una formación visual muy distinta a la nuestra y eso se nota en su forma de narrar en imágenes. También les distingue, por la diferencia de edad, sus historias y la forma de abordarlas».
Armendáriz no habla de proyectos futuros y prefiere concentrarse en Secretos del corazón, que ha terminado a marchas forzadas, para presentarla en Berlín. «Me encantaría hacer como otros compañeros, que no han acabado un proyecto y ya preparan el siguiente. Yo tengo que terminar una historia para empezar a pensar en la siguiente».
