Entrevista con Daniel Burman, por Pablo O. Scholz. Publicado en el diario Clarín (Argentina). 15 de febrero de 2004.
Daniel Burman nunca había imaginado lo que podía pasarle: los dos premios a El abrazo partido en la Berlinale lo dejaron sin dormir. Literalmente. Las escenas que se vean por TV mostrarán a un Burman (30) sin 36 horas de descanso. Decir que está feliz es poco. «La gente de protocolo me pagó un día más de hotel, pero lo jodido era el tema de las entradas para la gala», dice.
A Burman sólo le dieron cinco localidades en la platea del Berlinale Palast, que usaron él, Hendler, Ramiro Civita (director de fotografía), Jorge Alvarez, vicepresidente del INCAA, y Clarín. Las mismas otorgaban acceso a la cena con los miembros del jurado, las autoridades del Festival y de la política alemana («viene el primer ministro», decía un tan entusiasmado como sorprendido Burman). Los responsables del filme estaban como locos. Perplejos. Emocionados. Felices.
Daniel, ¿cuándo y cómo te enteraste de los premios?
Al mediodía del viernes. Estaba almorzando con Amadeo (Pagani, el coproductor italiano de la película, también de la Trilogía, de Theo Angelopoulos) en ese sushi berreta que está al lado del Hyatt, y me llamaron al celular.
Habría que haber visto la expresión de Burman, ya que lo primero que le preguntaron fue si estaba solo. «Los alemanes son supercelosos, tenían un miedo terrible de que las decisiones del Jurado se filtrasen.» Y allí, Burman se enteró de que había ganado el Gran Premio del Jurado.
Lo del premio a Hendler se enteró a la noche. «Me puse más contento cuando me dijeron del premio a Dani», dice por su amigo Hendler, que también protagonizó Esperando al Mesías.
Lo que sí se pudo ver fue cómo un Daniel lo gastaba al otro. Le decía «le ganaste a Nicholson», aunque el Viejo Jack no competía. «Bueno, le ganaste a Robin Williams», lo toreaba.
«Un actor te puede llevar al cielo o al infierno. Y Daniel se portó muy bien, le estoy muy agradecido», dice el director, que considera al actor uruguayo «un actorazo. No es que trabaja en mis películas porque es mi amigo, si no porque se lo merece».
«No me puedo bajar —dice Burman—. Dos premios es el número máximo que podía dar el Jurado, así que no nos dieron más porque no pudieron», ríe más contento que nunca.
«Yo, que tenía mi pasaje para las 18 de hoy (por ayer), pensaba ir a la mañana a comprar souvenires», confía. Bueno, fue. A su hijo le está llevando un chancho que vuela, un juguete que se cuelga y un osito blanco. «Somos gente normal», aclara por las dudas. A nadie se le van a subir los humos a la cabeza.»
¿Cambió en algo tu vision de la película?
Cambió cuando la vi con el público la noche de la première. Vi que, pese a esos subtítulos larguísimos en alemán, la gente se reía de cosas que yo había puesto para mi satisfacción, como la escena entre Ariel y los coreanos. O la entrevista del oficial polaco antes de darle el pasaporte a Ariel.
¿A quién fue la primera persona que llamaste para contarle?
A mi mujer, Carolina, que se había ido para estar con nuestro hijo, de 15 meses. Está feliz.
El lunes en la presentación oficial, Burman había dedicado el cierre de su discurso a su esposa. También habló por teléfono con sus padres, que son abogados y nada tienen que ver con los personajes del filme. «Están supercontentos. Yo dos premios no los hubiera esperado nunca», insiste.
No va a cambiar la estrategia de lanzamiento local. Estaba previsto estrenarla el 1ø de abril y así será, «con la misma cantidad de copias, la misma inversión publicitaria. No voy a apresurar el estreno por los premios, la gente se va a acordar. La película es la película, con o sin los premios».
Burman no vio ni un fotograma de las otras 22 películas en competencia. «Era una competencia dura. Pero nos salió bien.»
¿Por qué creés que prendió tanto?
Prendió en un lado universal, más de lo que pensaba. Porque la relación familiar entre madre, padre e hijo, no es propia del judaísmo. No todos tenemos hijos, pero sí padres, presentes o ausentes. Es una película con humor, que trata temas profundos con ligereza. La combinación la vuelve interesante y digerible, demuestra que se pueden tocar temas dramáticos como la paternidad, o cuestiones filosóficas como qué somos o adónde vamos, con humor y pasándolo bien.
Berlín te sienta bien. Trajiste Un Crisantemo, Las Azafatas, y ahora ganás…
Fue diferente. Con esas dos viví momentos de crecimiento. Uno siempre sigue creciendo y aprendiendo, la carrera se construye película a película, y nunca llega a ningún lado. Cada película se juzga por sí misma. Pero aprendí que siempre vale la última.
El viernes a la noche, como no podía contarle a nadie, se fue a comer «con Amadeo Pagani y toda la familia de Angelopoulos, que son como 30, hablan en griego y se fuman todo. Y yo no podía festejar el premio. En eso cae Hendler y fuimos a tomar un café con leche y una torta, que era con lo que yo quería festejar. Ya estaba asfixiado, y Hendler seguía en la noche berlinesa».
Hacia fin de año pensaba comenzar a rodar su nuevo proyecto, Raquel Liberman. Pensaba. «Ahora tengo la cabeza en otra cosa, anduvo todo bien, pero no quiero saltarme esto. Quiero disfrutar el momento, no tengo la ansiedad. Después quiero disfrutar el estreno en la Argentina, el 21 de abril es en Francia, el 28 en España, y la otra en Italia.» La película ya fue vendida a Perú, Ecuador, Colombia, México, Brasil, Israel («claro»), y están avanzadas las tratativas para Polonia, Alemania, EE.UU. y Japón.
«Es un oso, posta, y dicen que bien pesado», decía antes de la gala. «Me lo voy a llevar en la mano en el avión. No lo voy a despachar, a ver si me lo pierden.» Así llegará Burman a Buenos Aires, abrazado a un osito. El abrazo del Oso.
