Entrevista a Carlos Moreno, director de Perro come perro, realizada el 13 de noviembre de 2009. Publicada en Encuadres (Colombia). Año 2011.
¿Para usted cuál es el tema de Perro come perro?
Es una película armada como un thriller que, desde el contexto caleña, pretende contar una historia sobre la ambición y sobre la locura que produce el dinero. Perro come perro, más que hablar de la condición de un país, perseguía sentar al menos una conclusión acerca de esa fiebre que nos produce el dinero y sobre todo esa revolución social que ha sido el narcotráfico, esa fue por lo menos la lectura que hice yo y que hizo el equipo de producción.
¿Cuál es el conflicto central de la película y cómo se relaciona con los personajes?
Es una pregunta bien complicada de responder porque la trama también es complicada. Si nos vamos a revisar un manual de guion y hacerle una cirugía a la estructura narrativa, diríamos que la película está atravesada por una trama principal, que es la trama del protagonista, que se quedó con una plata que no tenía por qué quedarse, ése sería el conflicto principal, pero además hay otros pequeños conflictos y otras pequeñas tramas que están tejidas alrededor de esa trama principal. El relato original de Perro come perro, «Los malditos», fue una presunta novela que quería hacer Anuncio Torres y que recogía varias historias que estaban separadas entre sí, y la arquitectura del guión, que se trabajó con el cineasta español Joaquim Jordà, consistió en consolidar la unión que había entre esas historias y hacer un bordado más acomodado al thriller para que todas esas historias fluyeran.
¿Cree usted que en la película hay influencia del lenguaje literario?
Yo tengo un amigo con quien intercambio textos desde la Universidad, él estudió sociología y justo después de que nos graduamos nos hicimos muy amigos. En esa cercanía él me mostró un texto, me dijo «creo que escribí mi primera novela» y yo le dije que me la dejara leer. Yo no sé si hiihiera sido mejor novela que película, de hecho lo desanimé a que siguiera escribiendo la novela porque yo le dije que ahí lo que veía era un guión, no sé si le arruiné la vida en ese momento pero él estuvo de acuerdo en que le cambiáramos la orientación. Entonces sí, pero también siento que en algún momento el guión se fue transformando en imágenes y el tema literario se fue quedando atrás.
¿Cómo fue la construcción de personajes de Víctor y Benítez, fue concebida desde el guión o se fue modificando en el rodaje con los actores?
La primera versión del guion se la entregamos a Marlon y prácticamente desde ahí empezamos a construir el personaje. El trabajo con los actores fue el ir enriqueciendo la psicología de esos personajes que, en últimas, fue la mejor forma de darles más solidez. Nosotros en la preproducción estábamos muy preocupados porque íbamos a hacer una película que cada vez tenía más presupuesto, cada vez tenía más expectativa y no queríamos embarrarla, entonces yo le pedí a la productora que nos diera tiempo para ensayar con los actores.
Marlon Moreno se ha convertido en una figura de la televisión nacional. ¿Nunca le produjo angustia que eso afectara la consolidación del personaje?
Yo a Marlon lo conocía de antes y sabía que quería trabajar con él y en la época en que iniciamos el proyecto no estaba viviendo lo que vive ahora. Pero aún así creo que su fama y su reconocimiento en ningún momento perturbaron el proceso creativo de la película.
¿Cómo fue la inclusión de Óscar Borda?
La historia requería de un personaje negro y es sorprendente descubrir que aunque en Cali el 50% de la población sea negra no existían películas con protagonistas negros, por lo que hacer el casting fue muy complicado porque no había actores. El mismo Óscar me contaba que el primer personaje negro protagonista no era un negro, era alguien al que lo pintaban. Yo fui a Óscar directamente, sin casting, porque Carlos Mayolo me dijo que en su concepto no había otro actor en Colombia que pudiera hacerlo y entonces yo, siguiendo ese consejo, le dije a Óscar que si quería Ieer un guion que había escrito y él me dijo que se lo mandara, se lo envié
y al otro día me llamó y me dijo «yo quiero hacer esa película, ¿qué hay que hacer, dónde es el casting?», yo le dije que si él quería hacer esa película no tenía que hacer casting, y empezamos el trabajo.
¿Cómo fue la construcción sobre ese tema de la población negra y por qué incluyó el terna de la brujería?
Yo creo que Perro come perro es una película muy negra, el propósito era tratar de enfocar todo el trabajo desde una posición muy sincera y que mostrara algo de la población negra que compone esta ciudad. La brujería estaba desde el relato original, no es un invento nuestro, además es conocido que toda la cultura mafiosa ha utilizado la brujería en su cotidianidad, nosotros hicimos una investigación sobre ese tema. Como el guion tenía una bruja, hicimos un casting para encontrarla y aunque participaron muchas actrices muy buenas del país, el problema fue que todas interpretaron la bruja clásica, la malvada de los cuentos y esa no era la bruja que yo había visto en la investigación, nosotros queríamos esa bruja del Pacífico colombiano. Entonces faltando tres semanas para rodar estábamos preocupados, así que salimos a buscar gente porque no teníamos actores para ese papel. Alguien me dijo que había una obra que estaban montando en el Teatro La Máscara, que es una casa teatro que hay acá y que es con mujeres desplazadas del Pacífico colombiano, y le dije a la directora que me presentara a mujeres que podían hacer el papel. Muchas hicieron el casting y de allí salió la mujer que podía encarnar a la bruja que necesitábamos para la narración. Yo quedé muy satisfecho con ose personaje, creo que le dio mucha verosimilitud a la película.
Perro come perro es una película que se siente muy caleña. ¿Cómo fue el proceso de puesta en escena?
El director de fotografía y el camarógrafo de la película estudiaron conmigo en la universidad, nosotros venimos de una tradición documental y yo siempre tengo en la mente la visión documental, de hecho la universidad de donde nosotros veníamos también tenía ese enfoque. Y bajo esa óptica, sí creo que Perro come perro está definida por una estética que nos remite a nosotros a la escuela, por eso creamos ciertas directrices para la película que debían ser respetadas. Una de ellas era que la cámara nunca debería estar en el trípode, eso tenía un propósito estético, nosotros necesitábamos que todo estuviera más frágil por así decirlo, que todo estuviera como más al azar, de ahí en adelante toda la fotografía la manejábamos de la misma manera. En los comerciales de televisión los personajes no sudan, en cambio en la película los personajes son sudorosos, están sucios, como es en la vida real, como son las cosas en un documental. La luz también jugaba con el calor, con la metáfora que jugaba la trama, y obviamente todos investigábamos y tomábamos cosas prestadas, cosas de acá y allá que acompañan la estética de la película.
Los teléfonos son inolvidables y definitivos. ¿Cuál fue su función narrativa y por qué decidió que el desenlace estuviera unido a ese teléfono?
Es muy curioso que me pregunte por eso porque es la primera vez que me lo preguntan y es algo muy importante dentro de la estructura de la película. He discutido sobre eso con Alonso Torres, con quien escribí el guión, y los dos coincidimos en que hay cierta asepsia con los teléfonos en las películas que se realizan hoy en día, a los que llaman siempre les contestan, nunca se te pierde la llamada, no se pierde la señal y los teléfonos están más al servicio del guionista para resolver algún problema en el guion. Nosotros queríamos que los teléfonos generaran cierta perturbación en los personajes. Yo creo que también la incomunicación necesita un lugar y eso lo buscábamos con los teléfonos. En ese sentido el asesor de guion me preguntaba permanentemente que qué era lo que yo quería contar con la película porque lo que él veía en el guion era humor. Y yo le dije que no, que no era un proyecto de ese tipo y que su foco era el conflicto social. Entonces digamos que todo el proceso de construcción de la película fue descubrir que al final lo que hay en la cinta es un chiste cruel y un giro de humor negro que se refuerza con la manera en que se estructura el final
¿Cómo se le ocurrió incluir los perros, cómo fue el diseño de ese trabajo?
Cuando nosotros empezamos a buscarle un título a la película no podíamos ponerle «Los Malditos», que era el nombre original y que era un nombre muy común. Entonces con Alonso pensamos en un título y una vez en un bar escuché una canción que decía «Perro come perro» y me gustó mucho. Sin embargo Alonso no quería ponerle ese título porque había otra película que se llamaba Amores perros, pero igual lo convencí y le dije que nos fuéramos por ese título, y funcionó. Al tener ese nombre, inmediatamente aparecía la metáfora y las asociaciones simbólicas que al final ayudaron a construir la metáfora con que concluye la historia. Curiosamente en la producción publicitaria tuve la fortuna, o desgracia, de trabajar con perros y sabía que era muy difícil porque ellos hacen lo que les da la gana, pero estaba convencido de que su papel en la película era muy útil y sabía que tenían que ser perros callejeros. Entonces llevamos a un adiestrador de perros y diseñamos las escenas con él. El tipo llegó el día del rodaje y hacía lo que tenía que hacer para que los perros funcionaran. Fue un mérito más del productor de campo que mío.
¿Cómo fue la construcción de la bandá sonora?
Cuando estábamos en el proceso de montaje de la música nos llegó un correo de un festival de cine que habíamos quedado en la competencia. Yo no me alegré, tenía pánico porque sentía que no habíamos terminado la película. No quedé a gusto con el diseño musical de la película, ahora que la veo le hubiera quitado pedazos.
¿Como fue el diseño de edición?
Ya trabajé mucho tiempo como editor en el diseño de edición y habíamos mandado una primera versión de la película para una convocatoria en el Ministerio de Cultura para participar por el rubro que apoya el montaje y luego nos dimos cuenta que esa copia aparecía pirata en la calle. ¿Cómo terminó en la calle? No tengo ni idea, pero sí sé que es una lástima porque hizo carrera una versión que no era definitiva. En esta película metimos la mano tres personas en edición, aunque el genio fue Felipe Guerrero, él fue quien dio la forma final, que es distinta a la película que hay en la calle. El trabajo de montaje se hizo teniendo en cuenta el guion, nunca se enroscaron las escenas, el trabajo se dio más en retocar, en editar la película.


