Entrevista con José Ramón Novoa, por Pablo Gamba. Texto inédito.
Oro diablo (2000), que en Venezuela fue titulada Garimpeiros, fue el tercer largometraje de José Ramón Novoa, y la tercera película también de una trilogía de filmes suyos y de Elia K. Schneider sobre problemas sociales de América Latina, y de los niños y jóvenes en particular. Comenzó con Sicario (1994), dirigida por Novoa, y continuó con Huelepega (1999), que dirigió Schneider.
Como todos los filmes de estos dos realizadores, que además son esposos, Oro diablo se afirma sobre el trabajo con los actores, del que en este caso surgió el descubrimiento de Rocío Miranda. Interpreta a Isabel, una joven que es obligada a prostituirse para pagar por el oro que se robó su madre.
A esa característica de las películas de Novoa y Schneider se añade aquí la importancia de la locación. La Historia se desarrolla en un pueblo minero de la selva del Amazonas, en Venezuela, e intenta llamar la atención sobre el desastre ecológico que causa esa actividad.
A casi 15 años del estreno del filme, Novoa, quien es uruguayo pero se inició como realizador de largometrajes en Venezuela, responde a un cuestionario enviado por correo electrónico sobre la realización de Oro diablo y el lugar que ocupa en su filmografía.
Sus películas siempre se han destacado por el descubrimiento de actores y por el trabajo con todo el elenco. ¿Cómo fue en el caso de Rocío Miranda en este filme?
Igualmente como hemos hecho en casi todas nuestras películas: un intenso casting, selección de un grupo, preparación con Elia Schneider, sobre las bases de la actuación, y trabajo intenso con el texto y elaboración de personajes. Rocío Miranda surgió de ese trabajo.
Rodar en lugares como la locación del filme, y en una mina de oro de ese tipo, es algo que plantea dificultades. ¿Recuerda algún detalle que haya sido particularmente difícil de resolver o alguna anécdota ilustrativa en ese sentido?
Realmente fue muy difícil esta filmación. Efectivamente, se nos plantearon grandes dificultades todo el tiempo, y fue gracias al compromiso del elenco, y del equipo técnico y de producción que pudimos sacar el proyecto adelante. Como anécdota puedo mencionar como la más destacable un día de rodaje donde nos encontrábamos con todo el equipo metidos en uno de los huecos más grandes, donde sucede el final de la película, cuando las paredes del hoyo comenzaron a deslizarse y derrumbarse sobre nosotros. Tuvimos la suerte de que el derrumbe se detuvo cuando estábamos sumergidos casi todos hasta la mitad del cuerpo. Sólo una persona quedó enterrada y, gracias a los mismos mineros, que comenzaron a lanzar agua con las mangueras, de inmediato la rescataron. Momento muy duro.
Cuénteme un poco del trabajo de fotografía en esa película, en comparación con Sicario. Hay bastante uso de la grúa, por ejemplo.
Intentamos que las locaciones y la geografía fueran parte protagonista de la película. Creo que es uno de los pocos filmes, si no el único de ficción, que logró sumergirse en las minas de oro en la profundidad de la selva de Venezuela. Efectivamente, la grúa tuvo un papel muy importante. También, como Sicario, fue filmada en 35 mm (fueron las últimas películas filmadas en 35 mm), lo que por un lado fue muy interesante, y trabajamos el color de acuerdo con la realidad del lugar.
Oro diablo es un filme realista en el que hay un personaje que se llama Fellini y que proyecta cine en el pueblo minero. ¿Qué buscó con ese personaje?
No deja de ser realista. Es un personaje que existió en esas zonas y que llevaba cine a las minas. Claro, no se llamaba así y quizás no tenía ese mundo que nos aporta Fellini en la película. La fantasía y la capacidad de crear en esa gente, tan sumergida en ese mundo tan primario, me interesaba que quedara explícita. El sueño de esa niña, interpretada por Rocío, y de los niños mineros que, en medio de aquella realidad tan fuerte, sueñan con otras vidas.
¿Cómo ve esa película desde la perspectiva actual, en el conjunto de su obra como realizador?
Siempre dije que era la tercera parte del estudio de los niños y jóvenes en diferentes ámbitos de nuestra América. Con Sicario y Huelepega forma un todo, del abandono y descuido de nuestros jóvenes en diferentes estratos de nuestra sociedad.
