Entrevista con Julio Hernández Cordón, por Julio César Rivas. Publicada en el diario Confidencial (Nicaragua). 13 de septiembre de 2010.
Una de las películas más «pequeñas» del Festival de Toronto (TIFF), la guatemalteca «Marimbas del infierno» es también una de las que más conversaciones despierta en el certamen por lo que no sorprende que su director, Julio Hernández Cordón, esté «emocionado».
Hernández, nacido en la localidad estadounidense de Raleigh, en Carolina del Norte, aunque creció en México, Guatemala y Costa Rica, ya despuntó con su primer film, «Gasolina» (2007), otra historia real sobre los adolescentes guatemaltecos que aspiran gasolina para drogarse en las calles de la capital guatemalteca.
El film consiguió numerosos premios, entre ellos el Horizontes del Festival de Cine de San Sebastián.
Su segundo largometraje, «Marimbas del infierno» se ha convertido en el primer film de Guatemala, y de Centroamérica, en ser seleccionado para TIFF, uno de los tres festivales más importantes del mundo.
Y lo ha conseguido con una producción que ha costado unas pocas decenas de miles de dólares y rodada con un cámara de fotos Canon.
Hernández confesó que no sabía que «Marimbas del infierno», que relata en clave de ficción el encuentro de tres personajes reales guatemaltecos, un músico de «heavy metal», Blaco, un músico de marimba, «don Alfonso», y un adolescente cercano a las maras, Chiquilín, es el primer film centroamericano de TIFF.
«No lo sabía. Estoy emocionado y sorprendido también con esta película porque es un película bastante pequeña. Y que un festival tan grande e importante, sobre todo para Estados Unidos, haya seleccionado una película como la que hice me emociona y sorprende» dijo el realizador guatemalteco.
Sobre la precariedad del cine en Guatemala, Hernández reconoce que aunque es «agotador» hacer cine en esas condiciones, al mismo tiempo le resulta gratificante contar historias del país.
«Guatemala me sirve para contar historias sumamente cercanas y personales. Y para experimentar. Si un productor español me diera millones de euros, no hubiera podido hacer la película que hice».
«Me fascina contar historias sobre Guatemala. Estoy ligado emocionalmente a Guatemala. Hay historias que sólo pueden nacer en Guatemala. Y esa sensación de que la película se vuelva única por esas mismas carencias y por el lugar del que proviene, me llena de satisfacción», declaró.
Durante la entrevista, Hernández exhibe la misma timidez y modestia con la que inició el proyecto de «Marimbas del infierno».
«Conocía de vista a uno de los personajes, Blaco, que es un músico mítico de Guatemala del género «heavy metal», de 55 años. Una vez en un periódico leí que era evangélico y había fundado una iglesia para jóvenes «metaleros» o rockeros y que todos llegaban de camisa negra y que el púlpito era una guitarra eléctrica de madera».
«Esa imagen me alucinó, me impresionó mucho y dije que quería hacer algo con este tipo. Pero es un tipo realmente rudo. Me tardé cuatro años en plantearle la película» explicó.
Con respecto a «don Alfonso», Hernández explicó que tras trabajar brevemente en su primera película, se enteró que estaba siendo extorsionado por la mara «y me conmovió de sobremanera».
«Cuando le entrevisté me dijo que su mujer quería que vendiese la marimba. Y que él intentó esconder la marimba de su esposa y que fue el mes más triste de su vida».
«Y cuando me comentó todo esto me dije que esta es una actitud sumamente ‘rockanrolera’, y tenía estos dos personajes y se me ocurrió que pasaría si la marimba se fusiona con el ‘heavy metal’ porque a pesar de ser géneros opuestos, comparten muchas carencias», añadió.
El rodaje con una Canon 7D, que puede grabar vídeo en alta definición y que le fue enviado a Hernández por Les films du Requin, productora francesa del film, facilitó el proyecto aunque también suponía que cada 11 minutos tenían que descargar la memoria de la cámara para poder seguir rodando.
«En el rodaje me di cuenta de que era fantástica para el tipo de cine que hago. Las localizaciones son reales porque la cámara es realmente pequeña, ocupa muy poco espacio. Utilizamos lentes de Canon de foto fija, el 70-200, y eso fue para mi un descubrimiento alucinante porque le da otra textura» explicó.
