Entrevista con Pablo Perelman, por Daniel Olave. Revista Apsi (Chile). 7 de agosto de 1990.

-¿Qué ha significado para ti este cuento de la censura de tu película?

-Una lata. Es un desastre, porque transforma la película en algo que nunca ha sido. La obra deja de ser una obra cinematográfica, para convertirse primero en una especie de bandera de lucha, de reivindicación de la libertad de expresión; y después, bastante más atrás, una película. Uno mismo se ve atrapado en esa mecánica y es muy desagradable. O sea, las películas están hechas para exhibirse apenas están terminadas y debería ser así el ciclo. Y si uno la hace en un momento, no se puede pretender que tenga el mismo sentido dos, tres años después, sobre todo tratándose de una obra coyuntural.

-¿Y el hecho de recién ahora poder exhibirla?

-Quizás, visto desde fuera, es mejor lo que le ha pasado en términos de recepción del público; porque en el momento en que se hizo no había un interés generalizado, supuestamente tan grande como hay en este momento, por problema de los desaparecidos. En ese sentido, de repente la medida seda vuelta contra quienes la tomaron, y resulta que la película tiene mayor impacto ahora que antes; pero te digo que son razones extra-cinematográficas. A mí me hubiera gustado que la película se hubiera visto cuando se hizo. Y no haberme transformado yo mismo en un tipo que habla, habla, habla, sobre un film que nadie conoce, porque lo tienen censurado.

-¿Y ese rótulo de «película prohibida» no crees que provoca falsas expectativas en el público?

-No, yo creo que ro. Realmente es un aspecto que se agrega a la parte más polémica que tiene la película, que es el tema de los desaparecidos. Se le suma esta condición de ser prohibida, De hecho nosotros nos subimos arriba de eso para publicitaria. A mí me parece válido, en la medida que es como una sacada de lengua a los que la prohibieron. El cine nacional no tiene buena publicidad, no tiene buena prensa. Es bien difícil llevar al público a las salas.

-No fue así el caso de Justiniano, por ejemplo, con Sussi

-Lo que pasa es que la de Gonzalo es una película popular. Él podía decir aquí hay comedia, aquí hay chistes, aquí hay la Marcela Osorio que es rica, en fin. Yo no podía decir esas cosas. ¿Qué podía decir yo? Puedo decir que hay actores macanudos porque son muy dramáticos ¿no? Bueno, eso es lo que digo. Que están los actores, y está este hecho de ser polémica. Yo creo que la gente puede ir masivamente a ver cine chileno, en la medida en que el cine les comenta algo que está dentro de sus preocupaciones.

-¿Cuánto de autobiográfico tiene tu película?

-Bueno, el punto de partida es totalmente autobiográfico. O sea, la desaparición de mi hermano es la desaparición de mi hermano, En mí se produjo esta secuencia de sensaciones: primero, «lo detuvieron», segundo lo «tienen no sé adónde, le están haciendo no sé qué», tercero «y ahora, ¿dónde está?». Como al año y medio tú recién asumes «este gallo es un desaparecido, es un muerto que no se encuentra». Desde que yo asumí este cuadro, decidí que iba a hacer una película sobre esto. Me pasé un montón de tiempo sin saber cómo abordada. Me parecía dificilísimo como empresa, porque no tenía ningún interés de hacer un panfleto denunciando la dictadura militar y sus atrocidades. Me parecía que esto expresaba debidamente la densidad del sentimiento que yo tenía. Entonces lo que salió, finalmente, fue una forma de liberar lo que yo sentía, que en el fondo ni siquiera es una película sobre un desaparecido, sino sobre la sobrevivencia. Sobre los que no desaparecieron, y sobre el verdadero propósito de estos actos represivos: dejar en el terror al resto de la sociedad.

-Eso se ve a lo largo de la película en el proceso que sufre el protagonista…

-El personaje yo lo construí a partir -claro- de mi experiencia pero a partir también de muchas experiencias, y de lo que yo le puse para hacer de él una especie de muestra de cómo una víctima se convierte también en cómplice del método represivo. Y busqué insinuar la superación de esta situación en la búsqueda interna que realiza el protagonista. Que es la forma que me parecía a mí, y todavía me parece, de superar este tipo de situaciones. Obviamente no es ninguna cosa fácil.

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