Entrevista con Josué Méndez, por Óscar García. Revista Somos (Perú) No. 923. 14 de agosto del 2004.

El peruano Josué Méndez (Lima, 1976) ha conseguido algo insólito con Días de Santiago, su primera película: cosechar 11 premios internacionales, incluidos los festivales de cine de Buenos Aires, Inssbruck y Friburgo. El relato, que no mereció la atención del Conacine en su momento, narra la tragedia de un ex combatiente del Cenepa cuyos fantasmas le impiden reintegrarse a la sociedad.

En la presentación de Días de Santiago, durante el Festival de Cine Latinoamericano, la gente ovacionó largamente el filme …

Yo no me quedé para el final, pero me contaron que aplaudieron. Fue muy emocionante poder pasarla por fin en el Perú. Estuve más nervioso de lo que creía que iba a estar. De hecho te pones así por presentarle la película a tu gente.

¿Te esperabas esta acogida? 

No, ha sido totalmente inesperado. Todo esto que está pasando con la película ha sido insólito. Nos ha sorprendido a todos. No, era imposible esperar que pase esto.

¿En todo caso, cuál creías que iba a ser el futuro de esta película?

Mi plan era mandarla a festivales con la esperanza de esta película que me permita hacer otra película. Una especie de carta de presentación. Comenzó como un medio para llegar a un fin, pero terminó siendo el propósito del todo el esfuerzo.

¿Qué tanto difiere la película que tenías en la cabeza de la que has visto en pantalla?

Mucho. Es una película que evolucionaba en cada momento. Con los actores se improvisaron muchas escenas. En la edición también se modificaba mucho. Hacer esta película ha sido un proceso de aprendizaje y búsqueda de cómo contar esta historia. No es que haya llegado el primer día al rodaje teniéndola totalmente clara. Fue un proceso de investigación.

El crítico Ricardo Bedoya ha calificado Días de Santiago como la mejor película peruana después de Bajo la Piel (Lombardi, 1996). ¿Cómo te hace sentir eso?

Bueno, eso se lo dejo a Ricardo. Yo intento no sentir nada por esas cosas (ríe).

Pero no lo puedes evitar…

Para mí, mientras las cosas ayuden, bien. Me gusta porque ayuda que la película sea mejor expuesta y pueda llegar a más gente. En ese sentido agradezco ese apoyo.

Lo que pasa es los últimos largometrajes nacionales no han sido bien tratados por «la crítica». Es más, podría decirse que han sido demolidos.

Un crítico holandés, que es una especie de gurú de la crítica del cine independiente, escribió un artículo diciendo que todos somos partes de lo mismo, que esa idea de que la crítica está por un lado y los cineastas por otro, en el ambiente del cine independiente, es ridícula. No me gusta cuando la crítica intenta separarse sugiriendo algo como «yo soy crítico y miro de afuera, no soy parte del mundo cinematográfico». Yo apoyo a la crítica cuando se asume como parte del problema.

Durante las últimas semanas te has mantenido esquivo con la prensa. Todo el mundo te quería encontrar y no dabas entrevistas ¿Acaso era una campaña de intriga?

(Ríe) El Comercio mencionó que yo tenía un misterioso asesor que me había recomendado eso… No. En primer lugar se debió a que no estaba en Lima sino en Europa, asistiendo a los festivales. Hay que entender que esto no se lo esperaba nadie. Uno no planea irse a festivales, ganar, ser esquivo con la prensa y después estrenar en Lima. Esto nos ha sorprendido a todos, incluida a la prensa, y no sabemos bien cómo reaccionar. También teníamos que cuidar mucho cómo exponer la película, porque el estreno es aún en setiembre y había que hacer las cosas poco a poco.

Dijiste a Somos hace dos años que confiabas en vender la película al extranjero. ¿Premonitorio, no?

Es que uno siempre tiene que estar parado en la tierra. Cuando te propones hacer una película así sabes que las masas no van a ir a verla. No estás haciendo una película con Christian Meier. Siempre haces un plan financiero y ves cuánto podrías recuperar. Con nuestros actores… no era como para esperar que la gente fuera a verla corriendo. La idea era hacer un producto para poder vender afuera. Y si la taquilla funcionaba acá, muy bien.

Te refieres al riesgo de no trabajar con las caras conocidas.

Eso es riesgoso para la taquilla de Perú, pero no solo existe la taquilla en Perú. Para nosotros poner a un actor como Christian Meier en el rol central hubiese sido patético, un sinsentido, ridículo. Es bueno utilizar alguien del digamos «star system» pero sin que dañe la verosimilitud del producto. Para este proyecto lo justo era usar actores que aportaran a la verosimilitud.

Y Pietro Sibille lo ha hecho muy bien (ganó el premio a mejor actor en el Festival Independiente de Buenos Aires).

Sí, espectacular. Yo no lo conocía. El director de casting pensó en Pietro después de leer el guión, me lo presentó y ya pues. La cosa fue inmediata. Pietro es impresionante.

¿Es cierto que hay un Santiago de verdad? Un Santiago suelto en plaza.

(Rie) Sí, hay un Santiago suelto. Todo comenzó cuando vi un reportaje sobre los ex combatientes del Cenepa. Eso despertó mi interés y empecé a investigar. Hasta que conocí a Santiago que es amigo de mi familia. Por eso se abrió mucho conmigo y basamos en él la construcción del personaje. Algunos eventos de la película le ocurrieron a él.

Hay una lectura social que se puede extraer del relato de Santiago. ¿Es esa tu aspiración? ¿Tener una filmografía «comprometida» como la de Oliver Stone o Costa Gavras?

Yo creo que se malentiende un poco lo que es cine comprometido. Un cine comprometido no es solo aquel que habla directamente sobre una problemática social. Una película de género también puede ser comprometida. El Hombre Araña 2 es un cine comprometido, porque en él reconoces figuras humanas, a diferencia del cine escapista. No me interesa un cine antropológico. El compromiso radica en permitir que se reconozca a seres humanos, aún en una película de superhéroes. Aprecio menos el cine escapista, aquel en el que no sientes nada sobre los personajes y que no dice nada sobre la condición humana. Por ejemplo, para mí Ciudad de Dios es una película escapista, pues si bien trata sobre una favela, sus personajes no me resultaron creíbles. Era un video de música. El cine no tiene que tratar sobre algo social para ser comprometido.

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