Entrevista con Manuel Pérez Paredes, por Sandra del Valle Casals.

Cada uno de los personajes de Páginas del diario de Mauricio tiene que “reaprender a vivir”. Tal vez para no pocos cineastas del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), la imposibilidad de hacer cine[i] en muchos años, por diferentes circunstancias y razones, haya significado un reaprender a vivir en su vida profesional. Demorados retornos como el de Humberto Solás (de El siglo de las luces en 1991 a Miel para Oshún en el 2001), o el de Enrique Pineda Barnet (de La bella del Alhambra en 1989 a Te espero en la eternidad[ii], de próxima producción en este año 2006 en el que además le fuera concedido el Premio Nacional de Cine), no llegan a las dos décadas que Manuel Pérez permaneció sin recrecer su filmografía, de la cual El hombre de Maisinicú, es la más recordada.

El posible tiempo de meseta, puede convertirse en el mayor handicap de un realizador en el instante de volver a enfrentar la dirección. No obstante, Manuel Pérez abandona momentáneamente la silla de su oficina y se va al set, para intentar mostrarnos unas páginas atravesadas, literalmente, por la política, quizá con la única certeza de vivir el cine una vez más.

 

Aunque estuvo 20 años sin realizar ficción, sabemos que nunca se ha alejado del cine, puesto que su cargo de Asesor Artístico en la Productora Cinematográfica ICAIC le permite estar implicado en el trabajo creativo, en materia de guión, sobre todo en la aprobación de los textos. ¿Páginas del diario de Mauricio era su único proyecto en tantos años o formaba parte de otros muchos que se le han quedado en el tintero?

Realmente yo no tenía otro proyecto, más que ese que se llamó Páginas del diario de Mauricio. Fue por los 90 que comencé a darle vueltas a una historia —no tenía aún este título, a los efectos internos yo la llamaba “Período especial”—, que era un intento por reflexionar, a partir de un personaje de mi generación, sobre lo que significaba el encontrarse con la situación que enfrentó el mundo, este país y las personas, después de la crisis del socialismo occidental y de la desaparición de la URSS. En el año 2000, coincidiendo con los momentos de los juegos olímpicos de Sydney, me animé a retomarlo.

En su primera versión no era un guión de cine, sino un serial; porque era tratar de contar la historia de Mauricio desde 1959. Comenzaba el día del triunfo de la Revolución y Mauricio era un estudiante de bachillerato de un pueblo de Las Villas. Quería contar la vida de Mauricio, y de paso la del país desde el punto de vista de Mauricio, a través de momentos, de nudos claves: el triunfo…, la explosión de la Coubre (que coincidía con una especie de iniciación sexual de Mauricio con una mujer mayor en La Habana), Girón, la zafra de los 10 millones… O sea, qué estaba haciendo este personaje en momentos claves de la historia del país. Después daba un salto y se encontraba con el Mauricio que finalmente quedó como película. De todas maneras, el trabajo fue válido para tener claro el personaje que estaba construyendo, para su biografía, para los propios actores…

 

Ya que hablaba de serial, ¿por qué no emprendió esta idea con la TV cubana, o ya con la variante coproducción ICAIC-ICRT que se viene practicando? ¿Es que prefirió hacer una película de ficción antes que emprender la aventura de realizar una serie televisiva? ¿Extrañaba hacer cine de ficción?

Al final, no me pasó por la cabeza. La magnitud de los problemas que yo veía por delante para armar una historia de esa dimensión, -incluyendo la necesidad de actores para un primer período y actores para un segundo momento-, me pareció una tarea que me desbordaba y que desbordaba las posibilidades de hacerlo en nuestra realidad.

 

¿Pero no extrañaba hacer cine de ficción?

Claro, eso era algo que estaba gravitando sobre mí como un reto, porque aunque, como tú dices, yo me mantengo muy dentro del cine, -no soy alguien que se retiró y vuelve- no estaba en el terreno, sino en el banco. También uno vive la clásica presión del come back, y yo quería que, si iba a intentar hacer cine de ficción, fuera con una historia que me motivara mucho.

 

¿Qué hay de Manuel Pérez en Mauricio Sánchez?

Desde el punto de vista de la biografía del personaje no logro darme cuenta de que haya algo, pero seguramente lo hay. Ahora, lo que sí hay es mucho vinculado a mi generación, a mis amigos, de gente que está o no en Cuba y que son contemporáneos de las circunstancias que vive Mauricio.

Yo hago una película que, inevitablemente, está muy marcada por las vivencias de Manolo Pérez, pero también por un conjunto de amigos, que han tenido diferentes respuestas, diferentes modos de ver o de reaccionar, ante lo que significa el crack del 89. La pregunta de todos es: ¿qué pasó? Pues todo parecía que iba en una dirección y de pronto hubo que reacomodarse o, como le pongo en la boca a uno de los personajes de la película: “reaprender a vivir”.

 

Para llegar al mundo íntimo de un personaje no sólo el monólogo interior puede marcar su subjetividad, sino que la imagen debe revelar por sí sola el drama existencial. ¿Cree que visualmente la película expresa la historia de Mauricio?

Para mí esta fue en primer lugar una película de personajes y, por lo tanto, de actores. Me planteé que, ante todo, el trabajo –y en eso estuvimos de acuerdo el director de fotografía, el operador de cámara y yo- estuviera en función de los personajes.

 

Su apuesta visual era por el realismo.

Totalmente. Y por una imagen que no alcanzara protagonismo en sí misma. No sentía ni quería que hubiese un criterio estético a priori, sino una correspondencia entre la película que quería hacer y la fotografía. Puede haber historias que requieran de un cuidado más exquisito en términos visuales para expresar determinadas atmósferas, lo que no sería –y este es el camino en que surgió esta película- un dogma, una regla. Para mí lo más importante era que el trabajo de la fotografía estuviera en función y no me afectase lo que yo cuidaba más, que era la dirección de actores.

Esa es una zona sobre la cual se puede discutir tanto en …Mauricio como en otras películas: el tratamiento visual de la historia y cuál es la manera de participar visualmente.

 

En el 2006, o en el 2004 finalizada la escritura del guión, Manolo Pérez es fiel al héroe cinematográfico. Esta vez un revolucionario, que a los 60 años se siente cansado, solo, y quizá como aquel personaje emblemático de Hemingway: “derrotado, pero no vencido”. ¿Por qué?

Hay algunas diferencias, porque Santiago lucha contra tiburones en el mar, y puede terminar soñando con leones marinos; Mauricio no está luchando contra tiburones en el mar. Aunque me recuerdo bien de la novela y del carácter y del espíritu de lucha del viejo, pienso que si alguien lo ve es por la multiplicidad de lecturas que se puede dar sobre una película, sobre todo cuando son películas contemporáneas, y muy cercanas a los espectadores en el caso de Cuba. Con este tipo de historia todos tenemos más o menos por encima, o muy entremezclados con los criterios cinematográficos, otros criterios éticos, políticos… Yo creo que hay cierto derecho a la tristeza y a la soledad como parte de la vida.

 

Algo muy curioso para mí son las recurrentes citas de momentos emblemáticos del deporte cubano desde la pequeña pantalla del TV de Mauricio, que van desde los Panamericanos del 91 hasta las Olimpiadas de Sydney 2000. ¿Hay un significado especial en presentar estas imágenes o fue mero relleno, casualidad, o tributo al hecho (las olimpiadas) que lo motivó a retomar su proyecto de guión, en reposo desde mediados de los 90?

Había ciertas cosas que sentía necesario sembrar. Los deportes me era importante ubicarlos desde el principio para hacer lo más orgánico posible la conexión de la victoria del juego de voleibol como una compensación a la derrota en la pelota. También me permitía presentar momentos claves de la historia de Cuba: recordar los Panamericanos (que se celebran en los mismos días en que se da el golpe de estado a Mijail Gorbachov). En general me sirven de diversas maneras: dramatúrgicamente hay una intención de mostrar la pasión por el deporte, y de fijar algunos momentos de la historia del país.

 

Guillermo, uno de los personajes más críticos de la película, en el momento que es sustituido de su cargo por un cuadro joven, se refiere a su sustituto en estos términos: “Otro estilo. Otra historia. La nueva camada que se nos viene encima”. ¿Cómo valora, o siente, Ud., fundador del ICAIC, la “nueva camada” del ICAIC, que tienen a su vez, “otro estilo”, que son “otra historia”?

Yo pudiera suscribir a Guillermo, no sólo en el bocadillo que tú acabas de recordar, sino incluso antes, cuando le dice a Mauricio: “Está muy bien preparado. Es mejor que nosotros”. No rechaza al joven por ser joven, y hasta acepta la posibilidad de que venga con más preparación.

Generacionalmente no valoro a nadie; valoro las individualidades, tanto de los jóvenes como de los “viejos”. Pienso que hay jóvenes que están demostrando ser viejos, y hay viejos que todavía se mantienen jóvenes.

Desde el punto de vista técnico, los jóvenes están más preparados que nuestra generación. Llegan al oficio con una formación más polivalente, más integral.

 

Páginas… es el cuarto largometraje de ficción de un hombre que hoy tiene 66 años. ¿Todavía Manolo Pérez piensa en retos por imponerse, en ideas por registrar en el celuloide?

Sí, por supuesto, aspiro a que la próxima no sea a los 99. Porque si la cosa es de 33 en 33 lo más probable es que ya no exista…

 

¿Pero de quién es la culpa, del ICAIC o de las ideas?

No he hecho más películas no porque el ICAIC me haya dicho que no las pueda hacer; sino porque realmente me quedé pensando en qué hacer.

Es de suponer que si a esta le va bien, me anime a tratar de hacer otra película. No tengo ninguna idea concreta. Estoy en un punto parecido al de los 90. Ahora lo que tengo más en mente está relacionado con dos amigas, también de mi generación –de la generación de Mauricio-, que llegan a esta edad y están solas.

 

¿Se siente solo Manuel Pérez, que habla tanto de la soledad?

Personalmente, me siento más vital que Mauricio. Creo que si fuese como Mauricio no hubiese podido hacer la película. Para mí hacer esta película fue un reto, en el que por suerte estuve acompañado por colaboradores extraordinarios, tanto detrás de la cámara como por los actores principales.

Sandra del Valle Casals

Publicación y fecha sin precisar.

 

[i] Me refiero a largometrajes de ficción.

[ii] Aunque en Puerto Rico realizara Angelito mío en 1998.

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