Entrevista con Montxo Armendáriz, por Diego Muñoz. Publicado en el diario La Vanguardia (España). 18 de marzo de 1997.
Mañana se estrena en Madrid y el próximo viernes en Barcelona la que sin duda —reúne todos los méritos para ello—se convertirá en la película no sólo más insólita, sino también en la más premiada del cine español de 1997. Se trata de «Secretos del corazón», el más reciente relato cinematográfico de Montxo Armendáriz, que ya ha logrado su primer reconocimiento tras su exhibición en el festival de cine de Berlín: fue galardonado por la Academia del Cine de Europa con el premio Ángel Azul a la Mejor Película Europea.
«Secretos del corazón» —protagonizada con asombrosa actuación por el niño Andoni Erburu, acompañado (con no menor brillantez) por Charo López, Carmelo Gómez, Vicky Peña y Sílvia Munt— relata cómo un chaval de nueve años pierde la inocencia mediante el descubrimiento de los secretos del complicado mundo de los adultos. Armendáriz, que ha ambientado su sensible pero para nada ñoña película en la España —más concretamente, en la geografía de Navarra— de principios de los años 60, afirma: «Pese al influjo actual de la televisión, que puede acabar anulando todos los misterios, he intentando reivindicar el afán de los niños por descubrir los secretos familiares».
—¿Cuánto tiene de autobiográfica «Secretos del corazón»?
—Más que autobiográfica, aunque la idea de la película me surgió tras una cena en 1987 de antiguos compañeros de la infancia, he tenido que ambientarla a comienzos de los años sesenta, cuando todavía no existía la televisión en España. Hoy en día es muy difícil que un niño de 8 o 9 artos no haya presenciado escenas de sexo en la televisión; mientras que entonces lo normal era que los niños se interrogaran sobre lo que quería decir, por ejemplo, el término coloquial de «chingar». En todas las familias han existido, yo creo que pese a los medios audiovisuales siguen existiendo, secretos. Y lo que yo quería era contar una historia sobre los sentimientos y las relaciones de los adultos de mi generación, pero vista a través de la mirada de un niño de entonces.
—»Secretos del corazón» es su quinta película, pero usted dice que ya quería hacerla hace un decenio. ¿Por qué nó ha podido convertirla en realidad hasta ahora?
–No lo sé. Hombre, tengo otros dos guiones más del pasado que todavía están el cajón de mi casa. Pero lo cierto es que ésta no gustó a los productores en un principio, y no fue hasta 1990 en que yo mismo, aprovechando unas ayudas a guiones que concedía el Ministerio de Cultura y también porque yo estaba sin trabajo, decidí desarrollarla hasta convertirla en un guión. Lo que ocurre es que si no tienes el apoyo, la complicidad de un productor, piles tu historia no se hace.
—O sea, que hubo productores que la rechazaron.
—Sí, fueron varios; aunque no voy a decir los nombres ahora. Hasta que aparecieron en mi vida Imanol Uribe y Andrés Santana —actuales productores de la película—, fueron varios a los que llevé este proyecto, y todos me dijeron que lo veían muy difícil y arriesgado porque, y yo lo comprendía, no había más elementos que pudieran soportar el peso del filme que el niño y el clima que yo consiguiera crear; y yo soy consciente de que eso, sin secuencias de acción por medio, es muy etéreo para que te apoyen un guión.
—¿Tenía en mente referencias como Truffaut, Malle o el más cercano Víctor Erice?
—Sí, tenerlas claras las tenía. Por ejemplo, de «El espíritu de la colmena», «Cría cuervos», «Los 400 golpes» y «Pelle el conquistador». Lo que ocurría es que, sin lugar a dudas, yo era consciente de que me tiraba al abismo.
—Una vez vista la película, ¿se podría decir que los niños de «Secretos del corazón» son los padres de los jóvenes sin rumbo de «Historias del Kronen», su anterior filme?
—Pues la verdad es que, al menos tan consciente y calculadamente, no lo había pensado yo; pero sí, realmente los niños que protagonizan mi película actual, y que son como parte de mi propia infancia, pueden ser los padres de la actual generación de los «Kronen».
