Artículo sobre Johnny Cien Pesos, por Julio López Navarro. Publicado en “Películas chilenas”, Ediciones Pantalla Grande, Santiago de Chile, 1997.

En octubre de 1990, un grupo de delincuentes asaltó violentamente una céntrica casa de cambio clandestina en el octavo piso de un edificio de calle Estado entre Moneda y Alameda tomando de rehenes a los propietarios, y causando conmoción pública, ya que el desarrollo de los acontecimientos fue seguido en directo por la televisión ~ por infinidad de reporteros y curioso apostados en los alrededores Graef Marino da las razones que lo inspiraron para realizar el film: «El ver a un estudiante armado me impresionó porque iba de uniforme, mochila y pistola. Lo otro que me interesó fue que los periodistas pudieran hablar por teléfono con los asaltantes desde la calle Estado. Incluso, pedirle los tipos de la televisión que se asomaran por la ventana. ¿Cómo durante 10 horas pudieron estar los asaltantes con rehenes y conversando con los periodistas? Nadie cortaba el teléfono ni la luz. Ahí fue cuando me dije «Esto es Chile» Algo insólito. También encontré que era medio rasca. Mediocre. Todo mal hecho, o hay nada que funcione. Ni siquiera el hacerse terroristas». El realizador señaló a la prensa que estaba en su auto cuando escuchó la noticia por la radio. Terminó en calle Estado junto a muchos otros curiosos, observando el despliegue policial y periodístico. Más tarde, en el noticiero televisivo, vio que entrevistaban a uno de los asaltantes que salía herido y a quien preguntaron porque, además de dólares robados, tenía una moneda de cien pesos en uno de sus zapatos, respondiendo que era para devolverse a su casa en micro en caso de fallar el atraco. Dramáticamente, había nacido Johnny Cien Pesos.

El hecho real fue adaptado a la ficción. Se cambiaron las edades, nombres y características de los verdaderos asaltantes. Se investigó el caso minuciosamente, entrevistando a periodistas, carabineros, asaltantes y rehenes. Así se plasmó en imágenes de ficción la realidad de ese muchacho. Johnny «Cien Pesos» García, que una mañana, camino al colegio, cogiera una pistola para cometer un atraco con la misma naturalidad con que iba a clases.

Dice Graef Marino: «Quise hacer una película sobre un país violento. Chile lo es. Hay una violencia cotidiana, ininterrumpida Eso se ve en la contaminación, en la bulla, en el modo de conducir el auto…..EI protagonista es un joven acorralado en un país violento. Ahí nació el interés en mí por la historia de un estudiante que anda con una pistola por la calle. Y eso no es invento». 

Junto al Freddy (Willv Semler), al Washington (Rodolfo Bravo), al Loco (Aldo Parodi) y al Leo (Eugenio Morales), el Johnny se presenta una mañana en la casa de cambio clandestina de Alfonso (Luis Gnecco) que encubre el negocio como club de videos. Una vez en el interior amenaza con armas de fuego a los dependientes, pero algo falla y antes que puedan abandonar el edificio son rodeados por la policía.

Llega la prensa y la televisión que comienza a transmitir lo que ocurre en el lugar. Angustiado, el grupo de asaltantes toma de rehenes a Gloria (Patricia Rivera), amante de Alfonso, ya cinco hombres El asalto, que en principio iba a proporcionar un botín de 20 millones de pesos y 40.000 dólares en efectivo, se transforma en un infernal callejón sin salida.

Johnny es interpretado por el actor azteca Armando Araiza. Su desempeño – tremendamente visceral – posee fuerza y magnetismo. Otro tanto se puede decir de Paulina Urrutia quien confirma una vez más el hecho que una gran actuación no tiene porqué ser protagónica, ni siquiera de largo aliento. En breves minutos la joven actriz, encarnando a la Paty, novia del Johnny, conquista por su natural registro gestual y vocal de un personaje cuya personalidad se identifica con el medio del cual proviene.

El 9 de octubre de 1993, el film fue aclamado en la ceremonia inaugural del Sexto Festival Internacional de Cine de Viña del Mar. La mayor novedad que ofrecía era la incursión del cine chileno en el thriller de acción, con personajes dramáticamente tridimensionales e identificables.

Dice Héctor Soto: «El cine chileno llevaba ya demasiado tiempo empantanado en la poética del lamento y la postración. Más que protagonistas, los personajes de las últimas películas nacionales, desde el empleado medio de LOS HIJOS DE LA GUERRA FRIA hasta el profesor relegado de LA FROTERA, hasta ahora la cinta chilena que se ha parado con más aplomo – se habían convertido en juguetes de fatalidad destituidos, muchas veces, de todo atisbo de energía y voluntad. No eran protagonistas sino más bien pacientes. No eran sujetos sino más bien objetos.

Johnny no lo es. Su personaje podrá no ser un modelo de voluntarismo e ideales ni tener incluso una gran evolución en el curso del relato, pero es un tipo que actúa, que está movido por un impulso vital y que, a pesar de sus miserias, asume sus días no como padecimiento sino como oportunidad. Eso ya es bastante.

Su ingenuo propósito al participar en el atraco a una casa de cambio vestida de club de video en el centro de Santiago es cambiar de vida, dando un golpe de timón contra la pobreza, y subiendo de categoría en la escala delictual. Es distinto por cierto ser ratero que asaltante. No es lo mismo robar radios de auto que participar en un atraco en forma. A Johnny, es cierto, no le va bien en su incursión, pero está al margen de dudas que durante el encierro en el negocio asaltado su figura crece y madura, descubre otras dimensiones de la vida, sea asoma a  sentimientos y conflictos nuevos que nunca pudo sospechan”

Por su temática, el film recuerda a TARDE DE PERROS de Sidnev Lurnet (1975), pese a que ambas son diferentes en forma y contenido, JOHNNY CIEN PESOS fue la gran producción del cine chileno de 1993. Ganó varios premios a nivel nacional, incluyendo el de Mejor Película otorgado por el Círculo de Críticos de Arte en Santiago. También Paulina Urrutia conquistó galardones por su tragicómico rol de colegiala enamorada. En enero de 1994, el film se presentó con singular éxito en el Sundance Film Festival de Utah, Estados Unidos, además de postular al Premio Gaya de España. Impactante, violenta y dura por lo que dice y significa.