Entrevista a Mario Handler, por Rosalba Oxandabarat. Publicada en Brecha (Uruguay), el 10 de octubre de 2008
Es difícil entrevistar a Mario Handler, no porque no hable sino porque las preguntas le disparan, más que respuestas directas, reflexiones, que pueden, eventualmente, ser una respuesta, pero otras veces no. De modo que de la entrevista se ofrece aquí un resumen de esas reflexiones, sobre el proceso, las dificultades y circunstancias de hacer una película como ésta.
-En realidad yo tenía una idea totalmente distinta para esta película, y no funcionó. Yo quería hacer diálogos en presencia. El ejemplo era sencillo: tomo al ruso (Mauricio) Rosencof y lo pongo con Tróccoli. Fracasó la idea de inmediato. Por un lado porque el ruso no quería eso y por otro Tróccoli era ya inencontrable, estaba muy escamado.
Entonces la cosa se hizo muy compleja, esta película fue un enorme sufrimiento y además yo estaba débil y no sabía que tenía una vista muy mal, no veía bien los colores y no enfocaba bien. Tengo un montón de cosas que quedaron fuera de foco, y poco a poco me di cuenta que tenía cataratas. Entonces esos problemas del cuerpo me repercutieron, empecé a filmar en la mano y largué en seguida, no tenía energía. Compré un buen trípode y ahí empecé a desvariar y equivocarme mucho para encontrar un rumbo.
-La reflexión que me hago ahora es que quiza me dejé llevar por la realidad que era en definitiva caótica, tanto tiempo de dictadura y tan variado todo lo que sucedía. La película quedó por lo tanto relativamente caótica, igual que aquel período. Para cubrirlo desde un punto de vista sociológico, de encuesta bien hecha, se hubiera requerido de 4000 entrevistas, y ni yo ni nadie está preparado para eso. Hice 70, que es mucho trabajo, pero solo se usaron 15.
Elegimos aquellos entrevistados que formaban como personajes entre sí, que uno dice algo y otro parece seguir. Estuvo muy bien lo que agregaron creativamente en Madrid mi hija y su novio, ese sistema «interruptado» como dicen, que una persona no completa el pensamiento y aparece otro que lo hace, a veces en concordancia y otras con sentido opuesto.
-La gente que conseguimos entrevistar era buena, y elegimos a personas poderosamente expresivas como Engler, Mauricio Vigil, Rosencof, o del otro lado García Pintos Domínguez y Gilberto Vázquez. Para conseguir la entrevista con Vázquez quien hizo un gran esfuerzo y se ocupó de coordinar todo fue Gastón Bralich, y al final creo que obtuvo algo que es primicia exclusiva, no lo tiene nadie ni lo va a tener nadie
-A esta gente de la derecha yo me presenté, mire, yo soy de izquierda, yo hice la película «Aparte», si quiere hablar por favor, y diga lo que quiera, y después lanzo pequeñas puntas. Es lo que hago normalmente si tengo que entrevistar, porque yo no soy María Esther Gillio, así que me presento y digo: diga lo que quiera. El método resultó con Gilberto Vázquez, primero hubo una larga sesión sin grabar, no nos habían dado todavía el permiso y si se consiguió fue gracias a apoyos que yo no conocí, que los manejó Gastón. Una anécdota: para terminar de convencer a Vázquez yo metí un Dvd de «Aparte» en un sobre y le puse con letras enormes: de Mario Handler para Gilberto Vázquez en la Cárcel Central. Se llamó a un taxi para enviarlo y el taxista se empezó a matar de risa, y lo llevó encantado.
-Resolví desde el principio no incluir la información previa, que la tengo completa en la memoria: la posguerra, los cincuenta, los sesenta.. eso sería la película cero, el prólogo. También resolví no poner ni un solo material de archivo que no fuera mío, solamente puse muy poco tiempo de archivo dictatorial y muy pocos trozos de mis propias películas, solo para crear un cierto ambiente y dar una cierta hilación. Volví a mi tradición interna que es: no hacer películas con material de archivo. Es algo que cada día odio más, aunque casi todos mis alumnos quieren hacer eso, películas de edición con lo que otro, como yo, se rompió el culo filmando. Está lleno de gente, jóvenes y veteranos que me piden material para hacer una película, y yo les digo: por qué no salís a la calle y filmás, tenés una realidad, filmala.
-Hubo diez o doce ediciones distintas que no conformaron, ni a mí ni a nadie, si te las mostrara verías que producen una sensación de no completicidad. La versión final la realizó mi hija Florencia con su novio Julio Gutiérrez, y yo la aprobé porque ya estaba cansado y quería liberarme de esa película que me estaba cayendo como un palo, cuando estaba cada vez más débil. Ya recibí la acusación de que el montaje es caótico. Yo no creo eso, sí creo que es atrevido.
-Esa objeción de que quedan como únicos protagonistas los tupamaros y los militares es tuya, y creo que no es verdad. Un cineasta tiene opciones, y una es la concentración: hay tres millones de cosas que no puse. Es decir, todo es selectivo, la foto es selectiva, yo también lo soy. Me concentré en la vida dictatorial, por eso están Fernando Frontán y Andrea Villaverde y Concari.Y creo que de la película para nada surge la teoría de los dos demonios, simplemente había que elegir protagonistas y si no, me voy por las ramas. Acá por ejemplo no está toda la actuación de Wilson y otra gente, ni la actividad de los comunistas o los anarquistas, ni la gente del pueblo que sí fue partidaria de la dictadura, ni las variantes tupas o las variantes militares, o los líos entre Bordaberry y la TFP (Tradición Familia Propiedad). Hay un millón de conflictos que no caben en 82 minutos. Pero no sale de la película un pronunciamiento de ese estilo.
-Lo que falta es bastante, pero para eso tendría que haber un prólogo, la película número cero. Voy a cubrirlo de otra manera, los restos, que son enormes, como seis horas, están siendo editados por Beltramelli y Fabiana Macedo en un DVD separado, una selección informativa, sin arte, con capítulos sobre setenta personas. También con materiales de archivo míos, como la filmación que hice en Copenhague en 1991 a un marino desertor, y con noticieros de la dictadura más completos que lo que aparece en la película.
-Cuando yo hice mi primer peliculita en Praga, le puse: «esta es una vision parcial y personal», una ingenuidad, porque todas las visiones son parciales y personales. En este caso lo que yo quería era una visión impresionística, basada en emociones y narrada, es decir, acciones narradas que conducen a emociones. En ese sentido se puede decir que está lograda. O no, ninguna película puede satisfacer a todo el mundo, ni siquiera las de Harry Potter.
