Entrevista a Mark Grieco, director de Marmato, por Natalia María Metrio Gómez y Luisa Fernanda Montoya Polanco. Publicada en Revista De La Urbe (Colombia), Nº69, julio 2014.
Estar asentado sobre uno de los mayores yacimientos de oro del mundo es, pareciera, el único pecado de Marmato. Esto, por lo menos, dice uno de los protagonistas del documental que Mark Grieco, director de cine estadounidense, realizó sobre este pueblo al nordeste de Caldas, reconocido por sus minas y por su ubicación fija en una montaña que los mineros han excavado artesanalmente durante siglos.
Marmato muestra, sobre todo, uno los dramas más polémicos en los últimos años en Colombia, el país de las transnacionales mineras. La Gran Colombia Gold, de capital y origen canadiense, ha comprado la tierra en Marmato para organizar una gran explotación a cielo abierto, y los pequeños mineros comienzan a quedarse sin trabajo y, por ende, sin sustento. El documental atrapa al espectador en la tensión real que se da durante los días de negociaciones entre los abogados de la empresa minera, los habitantes del pueblo y las asociaciones de Derechos Humanos. El director sigue los personajes en los momentos de descanso y en los de más presión logrando, a través de detalles, dibujar la personalidad de los negociadores.
El Premio del Público durante el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias es ya una sentencia: Marmato es una película que todos los colombianos deberían ver. En las fuentes de financiación de la película no hubo recursos de fondos públicos en el país; sin embargo, el proyecto recaudó cerca de 45.700 dólares en una plataforma de crowdfunding por financiadores de Estados Unidos, recursos que fueron destinados a gastos de postproducción, trámites legales y distribución.
Próximamente el documental será proyectado en Marmato y está buscando ingresar a salas de cine. El director, Mark Grieco, y el protagonista, Dúmar Vélez, respondieron sobre cómo fue esta experiencia audiovisual para cada uno, en un momento en el que la historia aún no se define.
Mark Grieco, un director de pico y cámara
En 2006, a Marmato llegaron varios gringos. Unos con la intención de convertir el pueblo en una laguna, después de explotar a cielo abierto la montaña para extraer todo el oro. Y otro gringo, Mark, que terminaría pasando seis años de su vida en una inmersión periodística llena de dificultades económicas y momentos difíciles que lo pondrían a prueba, como el fuego al oro en la fase de refinería, justamente en la etapa en la que adquiere su brillo definitivo.
Una de las historias sobre el origen de la palabra “gringo” dice que a un administrador de las empresas bananeras centroamericanas que se apellidaba Green, los obreros en conflicto laboral por el mal trato le gritaban: “Green go home!”. Este incidente bien pudo originarse en México, Bolivia, Ecuador o cualquier país de Latinoamérica, y pudo suceder en una empresa petrolera, hidroeléctrica o minera.
En Colombia, un gringo es cualquier hombre que hable un idioma diferente al español y que sea alto, rubio y de ojos claros; así es justamente Mark Grieco, estadounidense. La diferencia es que a él, los habitantes de Marmato no le dijeron ‘go home’, sino ‘come home’; ni siquiera lo llaman Mark, sino Marcos. Y aunque es tan gringo como los que llegaron al pueblo para comprar los títulos mineros, habla un español con acento paisa y tiene la amabilidad propia de los campesinos colombianos.
¿Cómo es su acercamiento al cine como género documental?
Después de la universidad trabajé mucho en fotografía, también estudié producción de cine, pero siempre estuve muy interesado en lo documental. Trabajé en una productora realizando comerciales publicitarios, pero me aburrí, y decidí viajar como fotógrafo por Latinoamérica. Tuve que aprender a hablar español para lograr comunicarme con la gente, es muy difícil culturalmente que un gringo llegue a América Latina y diga simplemente: ‘¿Te puedo tomar una foto?’. Entendí rápidamente que era más importante escuchar las historias detrás de quienes yo quería fotografiar. Estaba muy interesado en lo que las personas tenían por contar: empecé a irme hacia la cámara de video y cambié el reporterismo gráfico por el documental.
¿Cómo llega a Marmato y descubre la historia de su película?
A Marmato lo encontré siendo fotógrafo: estaba buscando un pueblo minero donde el trabajo aurífero estuviera en manos de la comunidad. En el mismo año que llegué a Marmato (2006), llegó también una multinacional canadiense que quería comprar las minas. En ese momento había un derrumbe en el pueblo. La comunidad estaba en shock y el gobierno decía que todos debían irse por el peligro que representaba. Después me contaron los mismos pobladores que no era solo el derrumbe el motivo de desalojo, sino también esta multinacional que quería apoderarse del cerro minero.
Me interné en el pueblo y comencé a escuchar las historias de vida de estos habitantes y las intenciones de estas multinacionales. Descubrí que era una muy buena historia y decidí realizar el documental. Regresé a Estados Unidos. En un año busqué los fondos para comprar una cámara y realicé la etapa de investigación: leí sobre las empresas inversionistas, la historia de Colombia y su conflicto interno, y la historia de Marmato. Luego volví al pueblo para comenzar a trabajar como documentalista con la gente.
¿Cómo fue su experiencia con un tema tan complejo como la minería?
En mi viaje por Suramérica me impactó mucho ver tanta desigualdad entre ricos y pobres y, como extranjero, fue muy difícil entenderlo. En mis años como mochilero, encontré un pueblo en Bolivia en el que los turistas entran a los túneles de un cerro minero y le pagan a los mineros por dejarse tomar fotos. Eso me impactó mucho, comencé entonces a escuchar a los pobladores y descubrí que por muchas razones la minería es un muy buen ejemplo de la desigualdad que reina en el continente.
La película tiene testimonios muy cercanos de los habitantes de Marmato y de los representantes de las multinacionales mineras, ¿cómo logró ganarse la confianza de ambas partes?
Viajando como extranjero aprendí que al llegar a un nuevo lugar debía contactarme con un líder que conociera todo el pueblo. Cuando iba a llegar a Marmato contacté algunas personas, conocí a la líder del pueblo y ella me presentó a mucha gente. Lo primero que hice fue entrar a las minas todas las mañanas, durante los primeros tres años, llevando siempre la cámara conmigo, no siempre grabando. También decidí comenzar a trabajar dentro de la mina con un pico, así podía entender lo que era ser un minero y me fui ganando la confianza de ellos.
En una investigación de seis años, los habitantes debieron cuestionarse mucho sobre los resultados de su trabajo, ¿hubo algún momento en que se fracturó esa confianza?
Cuando la presión estaba creciendo en el pueblo por la presencia de empresas extranjeras comenzaron rumores de que yo era un espía de estas empresas y que trabajaba buscando información para ellas. Con Dúmar, uno de los protagonistas de la historia, sucedió que después de estar grabando por tres años, la amistad se fracturó. Le empezaron a cuestionar que por qué seguía ayudándome. Él empezó a pensar que la gente del pueblo tenía razón y una noche rompió toda relación conmigo. Esa situación fue horrible para mí como documentalista.
Un día una amiga del pueblo me contó que para los marmateños cualquier proceso de la vida es como el oro. Uno debe entrar a lugares peligrosos para buscar algo precioso, sacarlo y molerlo hasta que esté prácticamente puro; pero el oro no es puro hasta que pasa por el fuego. Así ella me explicó que mi amistad con el pueblo estaba en la etapa del fuego. Decidí regresar a la mina sin la cámara y hablé con Dúmar sobre todo este proceso. A los días de esa charla recibí una llamada en la cual me decía que podíamos continuar. Desde ese momento somos muy amigos y prácticamente su familia es mi familia.
Después de un tiempo, el rumor de que yo era espía más o menos desapareció, pero siempre persistieron las dudas. Por otro lado, al comienzo fue muy fácil hablar con los representantes de las empresas, la multinacional estaba muy abierta; pero luego de que compraron los títulos mineros fue supremamente difícil tener un espacio con ellos. La idea mía fue permanecer siempre en Marmato para que cuando ellos llegaran yo estuviera ahí. Así presencié las manifestaciones, un paro que realizaron en contra de la empresa y los pude grabar en los eventos públicos donde trataron de dialogar con los marmateños.
¿En algún momento pensó en abandonar el proyecto?
¡Claro!, prácticamente todos los días. Como cineasta trabajando solo y extranjero viviendo solo tuve muchas dificultades económicas. Tuve épocas donde pasaba seis u ocho meses sin un peso. Dejé mi familia, mis amigos, había vendido todo para comprar la cámara, por lo que el documental era lo único que tenía. Siempre tuve cinco razones para abandonar el proyecto, pero había una sola razón que me mostraba que esas cinco no tenían nada que ver con mi vida y mi proyecto, que ese proyecto era mi vida.
¿Existió algún tipo de censura o persecución en el desarrollo del documental?
No. Marmato, en muchos sentidos, es un pueblo muy sano: no hay presencia de grupos armados ni guerrilla ni paramilitares, y no recibí nunca amenazas. Pero el pueblo está atravesando un conflicto que es sicológico, sociológico y cultural, y esto es bastante fuerte. Para ellos es una sensación de violencia y aún siguen viviendo así.
¿Cree que este documental puede ayudar a definir de alguna manera la situación del pueblo marmateño y la multinacional?
Claro que sí. Espero tener la capacidad de mostrar este documental a mucha gente en Colombia, que pueda servir para cambiar el diálogo de la minería en Colombia y, así, el futuro del pueblo y de otras comunidades que están viviendo una situación similar.
Dúmar Vélez: El minero que enseñó a su pueblo a saber esperar
Marmato ha depositado históricamente su esperanza en los pequeños túneles de donde se extrae oro. Esta historia y los contrastes de la difícil realidad que viven sus pobladores son contadas por Dúmar Vélez, un minero inteligente, trabajador y de mucha sensibilidad por su familia y su territorio. En el transcurso de la historia devela todo su pensamiento crítico, su temor y desesperanza frente al posible desplazamiento, todo esto en los escenarios familiares y laborales a donde Grieco lo siguió constantemente.
¿Cómo llega el director a su casa y a su pueblo para proponerle grabar una película?
Siempre había soñado con que un medio de comunicación llegara a mi pueblo y diera a conocer nuestra situación. Un día cualquiera estaba trabajando en la mina y apareció un gringo con una cámara y me propuso grabar algunas cosas. Yo pensé que solo estaba buscando conocer la forma de trabajar en la mina, y le mostré. Él hablaba muy poco español, le entendía a medias las palabras, así que yo le corregía y le enseñaba. Después me propuso que la historia de Marmato se conociera en otras partes y, pues, como siempre había soñado con eso, me pareció una excelente idea.
Tratándose de una persona extranjera y de que su llegada al pueblo coincidía con la de las multinacionales mineras, ¿cómo construyó la confianza con él?
Por uno o dos años estuvimos trabajando en la mina. Un día cualquiera yo lo invité a comer a la casa y conoció a mi familia. Mucho tiempo después me pidió que le permitiera grabar en mi casa y ese mismo día lo consulté con la familia, ellos aceptaron y todo salió muy bien. A raíz del trabajo que estaba haciendo, le tomamos mucho cariño porque es una persona muy noble, es como de la familia.
En un momento de la investigación se rumoró en el pueblo que Grieco era un espía de las multinacionales, ¿cómo afrontó esta situación siendo usted el más cercano a él?
En algún momento, yo estaba cansado de que se grabara y se grabara y no viéramos ningún resultado, entonces le dije que ya no me interesaba y no quería seguir más con él. Resulta que eso se le iba a quedar a mitad de camino, entonces Marcos comenzó a insistir, explicándome que el proceso era muy largo y que los resultados no se iban a ver tan inmediatos. Me pidió que no lo dejara en ese momento, así que poco a poco fui recuperando la confianza en él y en el proyecto.
¿Cómo interpreta usted el hecho de que un extranjero alcance tal nivel de compromiso con la historia de su pueblo?
Marcos representó algo totalmente distinto a las multinacionales, a pesar de ser también extranjero. Él me mostró que era una persona muy sincera y transparente. A fin de cuentas, Marcos, que no tenía nada que ver con nuestra problemática, trabajó por su propia cuenta y logró sacar esta historia.
¿Cree que este documental puede ayudar a un desenlace favorable al pueblo marmateño?
Sé que a través de esta película vamos a ser escuchados, no solamente a nivel nacional sino en otros países. Y nos van a ver con unos ojos que no nos van a marginar como lo han hecho los medios de comunicación tradicionales, que llegan a sacarnos información para no pasarla o para pasarla al acomodo de ellos.
