Entrevista a Alberto Rodríguez, director de 'Grupo 7', por Olga Pereda. Publicada en El Periódico de Catalunya, el 7 de abril de 2012

El director de After y 7 vírgenes estrenó el miércoles Grupo 7, una de las grandes apuestas del cine español de este año. Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) recrea la Sevilla previa a la Expo para contar con crudeza, realismo y acción la odisea de un grupo de policías que tiene unos dudosos métodos para hacer cumplir el encargo que tienen: erradicar el trapicheo del centro para que la ciudad luzca bonita en su carta de presentación al mundo.

-Antes de nada, perdone una curiosidad, ¿qué tiene usted con el número 7?

-Yo nada, pero mi coguionista, Rafael Cobos, es muy supersticioso. Tanto que resulta enfermizo.

-Además de 7 vírgenes y Grupo 7, usted tiene en el cajón el guion de una película titulada 1977.

-No la pude hacer en su día. Es una cinta que cuenta la transición española desde dentro de una cárcel.

-¿Tan cara resulta como para que no la pueda sacar adelante?

-Es que necesito rodarla en la Model de Barcelona, pero no terminan de trasladar a los presos. Hay otra prisión que también me serviría, está en Valencia, pero la acaban de declarar en ruina y no puedo rodar ahí.

-Volviendo a Grupo 7, el guion nace después de que un amigo abogado le pasara un sumario. ¿Qué leyó para pensar que en esas páginas había una película?

-Se lo pasaron a mi coguionista. El sumario en sí no daba ni para 25 minutos de película, pero sí que recogía un ambiente que me interesó mucho. Hablaba de cosas que se vivieron en el centro de Sevilla, a 600 metros de donde se estaba construyendo la isla de la Cartuja, la presunta ciudad del siglo XXI, para la Exposición Universal. El sumario fue una base para ponernos en marcha. Después, hablamos con periodistas, fiscales y abogados. Y también con algún traficante.

-¿Qué le dijeron?

-Pues que despejar las calles del centro de delincuencia era algo habitual, algo que también ocurría en Barcelona y Madrid. En aquella época, el país entero estaba haciendo un esfuerzo por tener una estupenda carta de presentación. Las autoridades querían dejar claro que éramos una gran potencia.

-Usted vivió aquella Sevilla. Era un estudiante universitario.

-Sí. Yo iba mucho a una sala de conciertos que estaba en el meollo. Los vecinos les dejaban hacer todo el ruido del mundo. Después, me acuerdo que íbamos a tomar la última cerveza al bar de una exprostituta. Había de todo en ese bar. Yo tenía 18 años y, la verdad, nunca tuve ningún problema con nadie.

-La ciudad, imagino, ha cambiado mucho desde entonces. Habrá tenido que hacer un esfuerzo para recrear la Sevilla de aquella época.

-No queda mucho de esos años, es verdad. La ciudad ha cambiado muchísimo. Yo vivo aquí y la verdad es que es bastante disfrutable, menos ahora, en Semana Santa. De hecho, a ver si me voy de aquí unos días. Respecto a la recreación, es cierto que ha sido un trabajo minucioso. Aparece en la película un descampado que nos costó una barbaridad encontrar. El mobiliario urbano también ha cambiado. Ahora todo está muy limpio, así que teníamos que ir ensuciando.

-Incorpora usted mucha acción, aunque no vemos coches volando como en las películas de EEUU.

-Mi lema es que lo real puede ser espectacular. Hemos rodado tratando de aportar nuestro estilo. No quería una simple escalada de acción. Me interesaba mucho centrarme en los personajes.

-Uno de los protagonistas es Mario Casas, actor normalmente ubicado en otro tipo de películas.

-Traté de tenerle para un papel pequeñito en After, pero no pudo ser. Las directoras de casting me lo propusieron para Grupo 7 y me convenció su entusiasmo. La película ha sido muy exigente. Rodamos a 40 grados y, a pesar de que teníamos especialistas, hicieron todo lo que podían hacer ellos mismos.

-Otro de los protagonistas es Antonio de la Torre, actor que haga lo que haga siempre está bien.

-Él también sufrió lo suyo. Su papel es muy diferente a todo lo que ha hecho. Además, en la vida real Antonio no para de hablar. Así que ha sido un reto para él dar vida a un personaje que apenas abre la boca. Y, volviendo al tema de la acción, tengo que confesar que una de las patadas que recibe Antonio fue real (risas).

-Su película llega a los cines después del éxito de otra cinta policiaca, No habrá paz para los malvados, de Enrqiue Urbizu.

-No sé si esto supone un empuje del género negro en España. Cuando yo empecé el proyecto no sabía nada de Santos Trinidad [protagonista del filme de Urbizu]. Más bien creo que es cuestión de pura casualidad.

-Presentará usted la película en el festival de Tribeca (EEUU). Enhorabuena.

-Gracias. Presentar cine de género español a los americanos supongo que es como llevar hielo a los esquimales. Aunque es cierto que Grupo 7 puede resultar muy universal. La filosofía de la película es que ante un bien mayor nos olvidamos de los derechos civiles y lo que haga falta.

7 vírgenes funcionó muy bien en taquilla. No así After.

-Ya, After no tuvo suerte. Ahora, con Grupo 7, a ver qué pasa. Nunca te puedes evadir de la taquilla. El que lo diga miente.

-La taquilla está pachucha.

-La crisis, las descargas… El otro día, con una absoluta ingenuidad, unas chicas me preguntaron cuándo se podrían descargar Grupo 7. Espero que todas las plataformas legales que hay ahora para consumir cine pongan fin a esta situación. Lástima que no se haya hecho antes. Cada uno que vea las películas donde quiera. Eso sí, yo creo que parte del espectáculo es entrar en una sala y que se apaguen las luces. Empieza el sueño.

 

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